YO HABRÍA ELEGIDO SER LESBIANA… SI SE PUDIERA. LLÁMADME ENFERMA.

Ayer El Corte Inglés, Amazon y Casa del Libro pusieron a la venta un polémico libro que nada más y nada menos proponía curar la homosexualidad, como si eso fuera posible, es decir, como si fuera una enfermedad.

El revuelo en las redes sociales fue mayúsculo, tanto que yo creía que era una broma de esas que son tendencia en Twitter ( #nomecures ) hasta que me percaté de que Actuable estaba recogiendo firmas para pedir la retirada del ‘cúmulo de papel’ con ínfulas de tratado serio.

Flipad con el subtítulo: Alguien que tú conoces necesita este libro.

Sí, algún enfermo mental como el autor, Richard Cohen, o todos los que creen que ser homosexual es como una soriasis. Pues mira, no. Es una cuestión de genética, según la combinación de los cromosomas, naces con una orientación sexual o con otra. Homosexual se nace, no se hace.  Y se muere así, aunque muchos intenten esconderlo por miedo al qué dirán aquellos retrógrados que lo consideran como una plaga y son capaces no sólo de destrozarles la existencia sino de agredirles físicamente.

Cuanto más ensañamiento homófobo, más reprimidos

Porque eso es lo peor: Que los que más se ensañan contra los homosexuales luego vienen a ser los más reprimidos, que andan por las Ramblas buscando travestis que se la metan bien hondo, como le pedían a mi vecina/o prostituta/o; son los que se escapan durante sus horas de trabajo a las dunas o a los aparcamientos donde hacen dogging gay para masturbarse mientras dos hombres follan, o directamente para chupársela a algún jovencito o pedir que les den por detrás rollo duro. Esos son los mismos que se introducen dos berenjenas o dos botellines de Benjamín en el ano y van al hospital destrozados, para escarnio delante de toda la familia. El summum es que en Estados Unidos se puso de moda no ya el fist fucking, con un puño, sino con la cabeza de un enano rapado, y eso sólo lo hacen los tarados que no son capaces de admitir su tendencia sexual y disfrutar del sexo anal sin más, sin romperse los esfínteres.

Cuarto oscuro del pub gay Atrevida, foto de Paco Guerrero
Cuarto oscuro del pub gay Atrevida, foto de Paco Guerrero

Así me lo contaba Carlos, un gay practicante del dogging que está harto de que los tíos le entren aún estando con su novia y, después de liarse con él. le imploren que no diga nada. Lo que es más, lamenta, están tan metidos en el armario que, cuando se sueltan, sólo les da morbo el riesgo: “Los casados reprimidos son los que buscan el guarreo de ‘córrete en mi boca, metémela a pelo, méate, etc. Mientras que el gay salido del armario va siempre con su caja de preservativos, su lubricante, etc. Ni pensar en hacerlo a pelo. Es que ellos están jugando con la salud de su mujer y de sus hijos”.

Y a todo esto… ellas también están enfermas?

Nagore, ganadora de Acorralados, con su chica
Nagore, ganadora de Acorralados, con su chica

Pues sí, señores, las lesbianas existen y ya salen hasta en la tele besándose. No iban a existir sólo en las películas porno para que ellos recreen un trío en su imaginación. No, hay lesbianas en nuestra sociedad y tienen sexo de verdad sin ninguna intención de que eso inspire pajas en ninguna mente calenturienta. Las lesbianas sufren doble discriminación por ser mujeres y encima homosexuales, pero también nacieron con esa orientación sexual y tienen todo el derecho a desarrollarla sin que nadie venga a curarlas de nada.

Existen y son muchas más de las que pensamos, al menos muchas que se declaran bisexuales. De hecho, en los clubs liberales de intercambio de parejas, es lo que más se pide y lo que más se encuentra, mujeres que quieran acostarse con parejas, que gusten de los dos géneros. Ahí es donde otros muchos las tacharán de viciosas o de enfermas, pero yo me pregunto si la mayoría no serán mujeres lesbianas que, por imposición cultural y por presión social, para evitar el juicio en su entorno, han aprendido a comportarse y relacionarse como heterosexuales pero en su fuero interno se sienten homosexuales que impidieron desarrollarse como tales. Eso sí, ahora tienen licencia para manifestar su sexualidad siempre que sea en ambientes liberales, y para goce y satisfacción de las fantasías eróticas de una pareja. Porque en sus bares de ambiente muy pocos entrarían gustosos a tomarse algo sin mirarlas con cara de asco. ¿O me equivoco?

Lo digo porque hay un 10% de la población mundial homosexual y sólo un 1% bisexual por naturaleza, así que no salen las cuentas para lo que se ve y se vive en los clubs de swingging, como me contaron los entrevistados para este reportaje que realicé el pasado verano en toda la costa andaluza con mi compañero el fotógrafo Paco Guerrero. Todos se lamentaban de que las mujeres estaban muy cotizadas entre las parejas porque hay muy pocas que se presten a mantener relaciones a tres bandas, y los hombres, machitos ellos, se negaban a juntarse con otro hombre, no les fuera a rozar.

Así las cosas, imaginaos el revuelo cuando entramos una amiga y yo al club liberal para investigar. Ni cinco minutos tardó un tipo en proponernos un trío, como comprobareis si lo leéis. Lamentablemente, aún no he conseguido convertirme al lesbianismo (por más que lo he deseado cada vez que me ha ido mal con un hombre) y, a pesar de tener amigas maravillosas, nunca me hayan excitado ni lo más mínimo, así que tuve que rechazar la oferta. Igual que cuando me lo propuso la parejita. Que no,  que a mí me gustan los tíos, y si puede ser de uno en uno, mucho mejor, que me lío.

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