Volvamos a la naturalidad y la espontaneidad de la adolescencia, por favor.

Esta sociedad está mal hecha. Probablemente es por habernos desviado de nuestra naturaleza, que nos ha abocado a elaborar una serie de complicadas estrategias para relacionarnos con los demás, especialmente con el otro género.

En una sociedad sana, es más, tal y como hacíamos en plena adolescencia, chico conoce chica, se gustan, se besan, salen juntos, si se siguen llevando bien, continúan y si no, lo dejan y salen con otros; ya sean amigos del anterior o desconocidos de otros grupos. Putadilla cuando uno está más enamorado que el que le deja, pero aprende que la vida es así y que la química no dura eternamente y a otra cosa, mariposa.

Foto tomada de www.vayatele.com Ahí sí se liaban todos.

 

Foto de Sensación de vivir tomada de http://www.vayatele.com Ahí sí se liaban todos con todas.

Después de esos escarceos empiezan los miedos, las expectativas nuestras y de los demás por las relaciones que establecemos, las inseguridades, los traumas, etc. Y perdemos toda naturalidad y espontaneidad en nuestras interacciones. No vaya a ser que se nos note lo que sentimos, no vaya a ser que nos rechacen o que el otro quiera otro tipo de rollo diferente y nos haga daño, no vaya a ser que piense que yo… No vaya a ser que me arriesgue a sufrir, en definitiva.

Y así llegamos a los 30, con unas ganas de amar y/o de follar locas que no nos atrevemos a colmar. Y cuando la química, la necesidad, las feromonas, las hormonas y todos los astros confluyen por pura casualidad y por fin nos lanzamos… pues la volvemos a cagar con estratagemas: o bien para cazar o bien para huir, o bien para no dar el primer paso o bien para dar el último.

Cada cual en su castillo, parapeteados y solos

Nadie quiere mojarse, nadie quiere quedar como el perdedor o la arrastrada (cámbiese el género en ambos adjetivos), nadie quiere demostrar que sintió más que el otro, o que quería más.

Empiezan así los tira y afloja de ver quién aguanta más sin follar la primera noche y la segunda, como si eso fuera garantía de respeto o de duración. Comienza la lucha por ver quién tarda más en llamar, en dar señales de vida, en ceder en su orgullo.

El cuadro de Mujer Recostada, de la gran Lempicka, que estaría esperando?

 

El cuadro de Mujer Recostada, de la gran Lempicka, ¿qué estaría esperando?

Se miden los días para mandar un mensaje, según el código tácito de lo que significan los tiempos en materia de intenciones y sentimientos: Si tarda una semana, sólo quiere un polvo; si te llama al día siguiente, está super colgado, demasiado fácil; si manda un mensaje mono y a los dos o tres días te llama, vamos por buen camino. Y así de estúpido todo.

Las tías, por supuesto, aunque nos mordamos los dedos de los pies, no debemos llamar, porque sería como extirparles su papel de macho y perderían todo interés, en cuanto que pensarían que estamos desesperadas por atraparlos en nuestras redes.

Yo, personalmente, no estoy nada de acuerdo con estas normas no escritas en materia de seducción. Es más, me la extra sudan. Cuando quiero algo, voy a por ello, hago y digo lo que siento y cuando me da la gana, no espero al mes que viene. Soy así, no es porque esté más o menos colgada de nadie, sino porque soy apasionada y vivo el momento, en cualquier faceta de mi vida; no creo que justamente tenga que ser diferente en la que más pasión requiere. Y si sé lo que quiero, tampoco entiendo por qué dilatarlo si puedo empezar a disfrutar antes. Llamadme bonoba, todo bien.

Yo soy así, y así seguiré

El problema es que vivo en ESTA sociedad donde, todo el mundo, le guste o no, está acostumbrado a regirse según esos patrones generalizados. De modo que si me comporto según me sale del alma, me acabo matando mogollón la cabeza porque el otro me malinterpreta y se agazapa ahí tras sus escudos, como si le fuera a acuchillar en vez de a darle placer.

O sea que, al cabo de los años, he tenido que aprender a replegarme, hacerme la dura y cumplir las normas del juego. No me ha ido mejor por ello, de todos modos, como a la mayoría de la población occidental que juega a estas chorradas. Tendríais que hacéroslo mirar.

Yo, por mi parte, prefiero volver a las andadas y relacionarme a mi manera porque no soy capaz de fingir lo que no soy o siento, ni llegaré a comulgar con esas reglas por mucho que me esfuerce. ¿Y sabéis qué? Tampoco quiero cambiar. Al que no le guste, que no mire, tiene millones de mujeres más para elegir. Que estoy ya muy mayor para gilipolleces.

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  1. Honestos, directos y espontáneos… Así eran los niños. Así empezaban a dejar de ser los adolescentes. Así quedan pocos adultos (o si lo son, lo son más bien de otro modo).

    Sentir y hacer sentir, la mejor manera de relacionarse. No hace mucho decía en uno de mis propios artículos lo siguiente:

    “¿Qué estoy pensando? Que sobre este tema, he dejado de pensar. Que sobre este tema, me dedico únicamente a sentir, y hacer sentir. Que si no pongo una sonrisa en sus labios, si no le hago cosquillas en el alma, si no participa su mente y me brinda su intimidad a la par que comparte la mía; no merezco su atención.”

    Tal vez te sirva de algo que comparta mis pensamientos. Si te hice sonreir, mejor.

  2. Querida amiga… qué decir que no esté dicho… qué contar… Es mi vida, es el mal del que sufro y padezco. Yo también soy apasionada, de hecho considero que no es algo que deba cambiar.
    He llegado a esa conclusión después de ver que jugar el papel de esperar pasar los días, de si ahora mando un mensaje así o ‘asá’, de si no me hago notar, que si ahora se agobiará… etc etc. directamente ME CONSUME. Es algo que no va con mi personalidad, con mi manera de funcionar en la vida.
    Lo gracioso es, que me quedo con tu frase de: “me acabo matando mogollón la cabeza porque el otro me malinterpreta y se agazapa ahí tras sus escudos, como si le fuera a acuchillar en vez de a darle placer.”
    No necesito que nadie se agazape ahí, sólo porque eres directa, clara y sabes bien lo que quieres en cada momento. Es más, muchas veces no buscas nada, y tampoco sabes qué querrás realmente; no pretendes casarte con ellos, ni tener dos churumbeles al segundo día. Sólo quieres simplemente vivir el momento… Eso de ‘carpe diem’ que dicen muchos y que sin embargo pocos lo hacen realmente.
    Hace un mes, un tío me dijo “me intimidas, eres demasiado directa para mí”. Claro, nos han jodido… me dieron ganas de preguntarle ¿no será que hasta ahora te has encontrado con niñatas de 3 al cuarto que te siguen el rollo sólo para tener migajas de ti? Porque yo sin duda no soy así. Lo entrego todo de mí, porque lo mismo mañana la palmo, y eso que me llevo el cuerpo: Sentir al 200%. Por cierto, un tío que a ratos y cuando quiere pinta bien, de esos con los que no pretendes casarte, ni pensar en ‘qué será…’, pero te sientes cómoda. Quizás demasiado parapetado en su muro de acero de chico durito… una pena por él. No soy su psicóloga, no tengo ninguna intención de querer comprender ni empatizar nada, así que o cambia de actitud o tiene los días contados conmigo.Tic-tac-tic-tac.
    Otra anécdota de hace justo una semana, es aquella en la que encuentras un tipo que parece inteligente, y resulta que tiene media neurona. Un tipo de esos que te venden su alma y se arrodillan ante ti; te intentan engatusar con las palabras más románticas que conocen. Y claro, yo pienso: Chavalito… no tengo 3 años. ¿A qué hemos venido? Está claro, a lo que hemos venido. No me comas la oreja. Dicho y hecho. Se cumplió lo que pensé, le costó ‘medio minuto’ hacerse el digno y el sobrado, y en cuestión de dos días cambió palabras de amor eternas por otras contrarias… Curioso que yo no buscaba nada, por lo que no hay desilusión alguna, sólo que me compadezco de este tipo de personajes a los que por supuesto no hace falta ni que vuelvan a llamarme, porque ni siquiera pienso coger el teléfono para esforzar mi linda voz.
    En conclusión, cada vez encuentro mujeres más estupendas, inteligentes, independientes, que están solas (y muy contentas) porque piensan que para estar con este tipo de ‘mangarranes’ que no son capaces de mirarte de frente y decirte: “me gustas”, o bien, “quiero echar un buen polvo contigo”… es mejor estar solitas.
    ¿Qué es lo que pasa hoy en día??? A mí todo esto me sorprende. Yo lo veo más fácil que todo eso… y lo peor es que yo no quiero perder la naturalidad que me caracteriza sólo por tener que jugar a estratagemas estúpidas que nunca van a ningún lado. No quiero tener que relacionarme de la misma manera y parapetarme en escudos que no son míos. Soy libre, capaz de amar y de sentir, capaz de echar un buen polvo y de darlo todo sin querer casarme con nadie, capaz de tener una pseudo relación en la que no tengas que pensar y compartas simplemente determinados momentos y emociones. Entonces, lanzo una flecha a todos aquellos cobardes, para decirles ¿Queréis jugar en 1ª División, o en Regional?
    Yo sin duda lo tengo claro, soy un fichaje estrella de los de 1ª. No voy a rebajarme para jugar en campos que no me correspondan.
    Ale majicos…. ahí queda eso! Un abrazo

  3. He llegado hasta aquí por una amiga que conoces. De esas que aparecen pocas por la vida y de las que hay que aprovecharse sin remilgos para quedar contagiado en lo posible de su pasión por la vida. He leído, y leído, y he pasado de tu teoría (no compartida) del péndulo, a otras cosas. Y llegados a este punto, no me he podido resistir a opinar…La copita de vino, a los que muchos de los que trasnochamos (lo sé de buena tinta) estamos aficionados (bendito Baco), ayudan a esa elocuencia nocturna que leída por la mañana se transforma mágicamente en un montón de ideas confusas (gran misterio).
    Probablemente la sociedad no esté “bien hecha”, como dices. Pero nos ha permitido llegar hasta este blog, en un equilibrio inestable lleno de altibajos histórico-sexuales, que han oscilado, cual péndulo, desde la pecaminosidad de un tobillo descubierto, hasta la normalidad del todo vale.
    No creo que exista una sociedad “sana”, mas bien, existen sociedades (muuuuuuuuchas, coetáneas y diversas) con modelos “estables”, o mejor expresado, con modelos aceptados por la mayoría de los que forman parte de ella, y que algunos como nosotros (me incluyo) ponemos en crisis para poder evolucionar personalmente. Lo “moral” y lo “inmoral”, no dejan de ser un montón de reglas (en su mayoría nunca escritas y variables con los tiempos), que fijan determinadas líneas rojas que si son traspasadas, pueden hacer peligrar de alguna forma la convivencia en una sociedad establecida.
    Pones como ejemplo la adolescencia, me imagino que basada en tu propia experiencia. Supongo que no eres especialmente fea ni antipática, y que no te fue mal en esa época. Quizás, hasta la recuerdas como una época socioafectivasexualmente dorada. Quizás no. Solo tú lo sabes. Pero existen otras muchas realidades, en las que la adolescencia no fue sinónimo de sociedad sana, si no de sociedad perversa y cruel, en la que eras rechazad@ por pensar más que los demás, por ser demasiado feo, demasiado gordo, demasiado…diferente. Las relaciones en la adolescencia creo que pueden ser calificadas de todo, menos de sanas. Son intensas, emocionantes, novedosas. Es una época de descubrimiento, en la que no todo lo que se descubre es precisamente agradable ni deseable. Pero lo importante es que todo, lo bueno y lo malo, te hace crecer.
    Soy hombre. Al menos eso creo. O quizás no ¿Es eso importante? Estarás conmigo en que es lo de menos. Sobre todo a la hora de hablar, a la hora de conversar, de intercambiar vida. Lo digo porque tu discurso me ha recordado mucho al que tenemos en muchas conversaciones jocosas los hombres, en las que defendemos ideas de bombero geniales, como la de los códigos de colores, que permitirían saber quien busca plan o no en una noche de juerga, o que te permitirían conocer el grado de interés real que alguien tiene por ti, antes de meterte en el “fregao” del cortejo y sus tiempos que tan bien describes. Sería todo mucho más fácil, lógico, y mejor para todos…¿seguro?
    Te he de confesar que siempre he sido un fiel defensor de tus ideas (reconozco que muchas veces por el puro placer de polemizar) , pero en mi fuero interno sé que no tengo razón. Sé que todo tiene un porqué, y que no puede echarse por tierra, así como así, lo que en el fondo es una cultura, la cultura “de las relaciones” o “del amor”, o de “como lo quieras llamar”, de la época que nos ha tocado vivir y que hemos mamado.
    La sinceridad descarnada, es tentadora. No te lo voy a negar. Pero también cruel. Muy cruel. Nadie es sincero 100%. Unos le llaman inteligencia emocional, otros tener mano izquierda, ser “sensible” con tu pareja… o directamente mentira…yo solo creo que es una forma de poder convivir entre nosotros, entre hombres y mujeres. Hay un capítulo de la serie House, que viene muy al caso, en el que un hombre con familia pierde la capacidad de mentir. (Quizás tú puntualizarías que lo que hace es “adquirir” la capacidad de decir siempre la verdad) Brutal…pero como no lo habrás visto, da igual.
    Dices que no estás de acuerdo con “estas normas no escritas en materia de seducción” je,je. Sé que lo dices en broma, porque otra cosa no habrá, pero literatura escrita con temática de seducción…para parar un carro. Puede que te la extra suden. O al menos eso dices. Yo creo que en el fondo, te encanta que te seduzcan, como nos encanta a todos. Lo llevamos en nuestra programación genética más básica. Otra cosa es que estés desengañada, quizás porque en tu vida adulta las cosas no son tan fáciles como en la adolescencia que parece añoras, o que debido a la cultura de la inmediatez, en la que todo está a un click de ratón, nos desesperemos por la no-velocidad de las relaciones afectivas.
    Me encanta ver gente como tú, apasionada de la vida, con ganas de disfrutar hasta el último segundo, con esa necesidad de inmediatez que hace que todo a su alrededor parezca que va demasiado lento…pero muchas veces es el ritmo de la propia vida…

    Yo también intento, a mi manera, vivirla intensamente. El problema es que me despisto demasiado y pierdo el norte, snif. Pero me aterra cuando oigo cosas como “Tampoco quiero cambiar. Al que no le guste, que no mire” ó “estoy ya muy mayor para gilipolleces” Es como si fuerais productos terminados, de vuelta de todo, completos, pulidos, perfectos. Y el que no lo aprecia, es su problema. No sé. Creo que es más bonito pensar que no terminamos de cambiar nunca, que seguiremos evolucionando siempre, que nuestro “yo” de hoy no le llega a la suela de los zapatos de nuestro “yo” del mañana, y que seguiremos aprendiendo hasta que un día (esperemos que lejano) nos toque desaparecer (a ser posible con algo de estilo, por favor) Quiero creer que nunca seré demasiado mayor (=experimentado? Sabio? De vuelta de todo? ) para considerar que algo que muchos practican (y disfrutan, y sufren) en sus vidas, es una gilipollez.. Prefiero pensar que siempre lo consideraré una carencia mía y algo a descubrir y entender.

    Vamos a estar aquí muy poco tiempo. Demasiado poco. A nivel cósmico nuestra vida no llega ni a una chispita. No merece la pena comerse la cabeza demasiado. Solos o acompañados, vivamos. Además, siempre he pensado que el onanismo esta minusvalorado. ..Es broma 🙂 Mucha vida y sobre todo, mucha suerte en tu búsqueda personal!

  4. Ooooohhh, qué grande, alguien que me polemiza ;D Me estoy tomando un vinito a falta de poder tomárnoslo los tres para hacer una buena tertulia, porque tú comentario tiene chicha.

    En primer lugar, por sano, en general, tanto para la sociedad como colectivo como para los individuos particulares, me refiero a sin traumas, sin prejuicios morales, sin miedos inculcados por la socialización, que nos paralizan a la hora de relacionarnos con otros y nos hacen huir. Podríamos sustituir sano por natural, pero te reconozco que llegados a ciertas edades, lo natural está totalmente ‘contaminado’ por lo cultural, por lo que vamos aprendiendo, por las normas sociales, algunas en pro de la convivencia y otras simplemente para tenernos mejor controlados y que no nos salgamos del redil. Creo que es ahí donde muchos nos lo replanteamos todo, aunque sea pasando una crisis, para evolucionar y crecer como personas, para ser emocionalmente inteligentes. Al menos, es lo que yo intento, aprender de lo vivido, sufrido, disfrutado, etc. para quitar capas y ver quién coño soy yo. Me lo tomo como volver a mi esencia, que creo que había perdido un poco de vista, y despojarme de los añadidos que sólo habían antepuesto máscaras innecesarias, sobre todo a la hora de relacionarme.

    En cuanto a la sinceridad, creo que hay una línea sutil pero importante que se llama honestidad. Una cosa es no decir a bocajarro a la gente que quieres lo que opinas sin tener cuidado en no hacerles daño, y otra es engañar, engañarte por el camino incluso hasta a ti mismo, o mentir por intereses propios. Se puede ser sincero con ánimo constructivo, diciendo lo que piensas, sin joder al prójimo, igual que se puede mentir por lo que TÚ consideres que le conviene y joderle más todavía. A mí, por lo menos, no me gusta que me mientan ni aunque sea de forma piadosa, porque siento que me minusvaloran, como si no fuera capaz de encajar la verdad, la crítica o la opinión de los demás. Interpreto que me lo dicen porque me quieren para ayudarme a entenderme. Y si interpreto que lo hacen a mala leche, ya paso, aunque intento ver qué puede haber de verdad en lo que me hayan dicho.

    Me encanta que me seduzcan, cómo no, eso no lo voy a negar. Pero por ser yo en concreto, no de esas veces que ves que les da igual una que cualquier otra con tal de mojar. En otra palabras, me encanta que me follen la mente antes de intentar follarse mi cuerpo, porque ahí está la gran diferencia, no en el sexo (en un principio al menos). Y eso no resulta tan fácil como nos gustaría a muchos.

    En cuanto a lo de cambiar, jooooerrrr, si te cuento todo lo que he cambiado y sigo cambiando, no terminaría jamás, gracias al cielo. Pero lo que no pretendo cambiar es lo que me gusta de mí y lo que ya sé que forma parte de mi esencia. Por ejemplo, lo de vivir intensamente, ser apasionada, ser directa, no cortarme un pelo, no esperar a que vengan a mí, etc. Pues primero, tiene las dos caras de la moneda, y no puedo renunciar a una si me encanta la otra. Y segundo, por más que he intentado cambiarlo por si acaso era lo que me hacía daño, no ha habido manera, vuelvo a mi esencia, la cabra tira al monte, me sale solo, me pueden las ganas, la pasión, las hormonas, y acabo haciendo lo que me sale del alma. Si al otro no le gusta, pues es que no es para mí ni yo para él, pero intentar ser algo que no soy no sería positivo para nadie ni para ningún tipo de relación. Fingir me parece la versión más contraproducente de la insinceridad, porque atrae hacia ti a personas que no pegan contigo, que no son compatibles. Comportándome como soy en esencia al menos me garantiza que se queda a mi lado la gente que es feliz conmigo tal cual. Otras cosas, irán cambiando porque me parecerán necesarias y posibles, no me consideraré un producto acabado hasta que acabe mi vida, por supuesto. A los 25 años pensé que ya había madurado suficiente y con todas mis certezas podría vivir para siempre. A los 28 todas esas certezas se fueron al carajo por mi propia forma de ser, autocrítica y analítica, y desde entonces tuve que admitir que nunca llegaría a estar ‘terminada’. Estoy contenta por ello, hay siempre una puerta abierta, o muchas.

    Yo también me replanteo si eso que yo llamo gilipolleces no son en realidad un problema mío, por mi incapacidad para acatar las normas o las costumbres generalizadas, pero al menos si veo que están haciéndonos daño a la mayoría y cada día oigo más gente quejándose de su soledad cuando querría estar emparejada, voy a seguir pensando que, mire usted, tonterías, las justas. Que la vida es muy corta y si vamos directos a por lo que queremos de verdad, sin autoengañarnos ni engañar a nadie, mucho antes y más a gusto la disfrutaremos.

    un placer ‘hablar’ contigo, Miguel. Whenever u want, u know where I am ;D

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