La hipocresía de San Valentín… y de sus opositores.

Aquí donde me véis, yo no fui siempre soltera, ¿sabéis? Hubo una época, cuando todavía era una joven ‘normal’, de esas que quieren estudiar, casarse con su novio y tener casa, coche e hijos, tuve un novio estupendo durante 5 años. ¿Por qué lo dejé si era maravilloso? Porque dejé de querer las cosas que querían las chicas ‘normales’, básicamente.

Durante esos 5 años mi novio y yo nunca celebramos San Valentín. Los dos, muy alternativos nosotros, pensábamos que aquello era un invento comercial, que lo realmente significativo era hacernos detalles, mimos, homenajes y regalitos cualquier otro día del año por sorpresa. Y aunque ninguno de los dos pretendíamos ser románticos, nos mandábamos unas cartas de amor preciosas con las que años más tarde de dejarlo aún moqueaba como una pánfila. Yo, que no soy nada sensible.

Y una mierda.

Yo, que me las daba de no ser nada sensible, soy como un oso de peluche e hipersensible. Otra cosa es que desde que dejé a mi ex pretendiera no parecerlo para que no me hicieran daño, y para autoengañarme a mí misma con que no necesitaba una pareja al lado para ser feliz.

Pero miren ustedes, los que están enamorados y lo celebran,  o los solteros o emparejados anti-sanvalentín, que somos como los antitaurinos: Yo, si pudiera, también celebraría San Valentín, hoy por hoy. Por el mero gustazo de celebrar. Si celebro cada vez que me pasa algo bueno, no voy a dejar de celebrar algo tan estupendo como estar enamorada y ser correspondida. Sólo porque lo moderno sea estar en contra.

Que sí, que ya sé que es un invento del sistema capitalista para que consumamos más, para que nos gastemos dinero en joyas y en restaurantes y botellas de champán caras… Pero que hay muchas formas de celebrar el amor y no tienen que pasar por gastarse un dineral. Si quieres ser rebelde y antisistema, puedes hacer la cena en casa, hacer una sorpresa doméstica tipo striptease y pegarte la noche follando como si no hubiera mañana, y que le den bola al Corte Inglés.

¿A quién queréis engañar?

Lo que no voy a hacer más es negar que a mí también me gustaría que hoy me dijeran que me quieren, poder corresponderlo sinceramente y que me hicieran el amor en lugar de matarme a pajas. Hoy y cada día del año, eso está claro, sólo que hoy todo el mundo nos viene a recordar lo solos que estamos. Y, por mucho que nos hagamos los duros, los solitarios y los súper independientes, en el fondo, todos estamos deseando dejar de estarlo.

Así que no me hagáis reír con vuestras tonterías. San Valentín es un invento comercial, Papá Noel, también, pero no por eso deja de gustaros recibir regalos, ¿verdad?

Qué miedo le tenemos al amor y a sentirnos vulnerables, diosito.

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  1. ¡Que sea lo que deba ser, querida! Tu deseo cuál es, ¿disfrutarlo?

    Sencillamente, ¡hazlo! Si está de moda entre los progres de palo, los adolescentes de turno y la gente pseudo-alternativa cagarse en San Valentín (que por cierto, el pobre hombre según se cuenta murió bastante malamente…) no es sino una seña más del panorama que impera ahora en las relaciones…

    ¿Quién va a ver el gusto en celebrar algo que no conoce siquiera?

  2. Hola, me ha llamado la atención tu blog, estoy muy de acuerdo con lo que dices, y me gustaría rediseñar y darle un buen aspecto tu blog. Si te parece bien la idea ponte en contacto conmigo.

  3. Menuda labia tienes, me encantan tus artículos. Siempre me ha parecido un invento comercial, pero la verdad, siempre me ha hecho ilusión también. ¿A quién amarga un dulce? Ais.

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