Las solteras no estamos solas, sabemos lo que queremos

Nos sorprende el ABC con otro titular machistazo, “Paula Echevarría alcanza los 40 más sola que nunca”, en un artículo que no deja de ser una estupidez superficial en torno a la vida de una famosa para alimentar mentes aburridas y ávidas de carnaza.

Nunca sabremos si el título lo puso un becario o el director del medio, pero desde luego se ha quedado panchote dejando ver una ideología reaccionaria y retrógrada que todavía considera que las mujeres estamos solas por no tener pareja.

En el artículo se lee que la protagonista (o la víctima) ha pasado el verano con familiares y amigos, y al único que no tiene al lado es a Bustamante, (que tampoco es que la odie y la repudie, y aunque lo hiciera), así que, de sola, nada.

Pero a lo que voy: NO, no estamos solas por ser solteras o divorciadas o viudas. Ser soltera sólo significa no estar casada. No significa que estemos en casa amargadas y deprimidas esperando a conocer a otro hombre que nos llene y nos complete y nos haga felices y entretenga nuestras horas muertas. No. La mayoría de las solteras de hoy en día lo somos porque lo preferimos antes de aceptar a un gañán como los que publican este tipo de textos con tal de tener compañía.

No lo necesitamos porque sabemos completarnos y enriquecer nuestras vidas con miles de actividades, viajes, familiares, amistades, grupos de conocidos con los que salir por ahí a hacer lo que surja… E, inclusive, imagínense, somos capaces de salir de fiesta y de viajar por el mundo A SOLAS. Sin un macho que nos proteja ni nos guíe, buscando la paz mental de estar con una misma sin tener que prestarle atención ni ceder a las preferencias de otro, focalizadas en nuestros propios deseos, sin concesiones ni obligaciones.

Y no nos sentimos solas porque somos libres de elegir lo que queremos. Si queremos abrirle el alma a alguien, se la abrimos; y si no, a lo mejor sólo le abrimos las piernas. O se las cerramos a cal y canto por gilipollas o porque no nos pone, sin más. No vamos buscando carne en barra como desesperadas por salir de la soltería. Hemos llegado a esa edad en la que ya sólo compartes tu vida si te van a dejar seguir siendo feliz y no van a venir a estropearte lo que has logrado en las últimas décadas.

A partir de los 40, entramos en esa etapa en la que ya hemos aprendido quiénes somos y cuánto valemos, no necesitamos el reconocimiento de un hombre para sentirnos seguras; tampoco necesitamos follar para ponernos la medallita de “eh, fíjaos, chicas, que YO SÍ lo he conseguido”, nos da igual porque ya sabemos que conseguirlo (o no) no implica que seamos mejores ni peores.

Hemos llegado a ser como somos por lo que hemos luchado por nosotras mismas, muchas veces a costa de las relaciones que hemos vivido y no queremos repetir, y otras, simplemente, por la experiencia adquirida a través de palos, bajones, subidones, decepciones y frustraciones. Superar todo eso te hace fuerte, y a los 40 tú sabes que seguirás siendo fuerte con o sin compañía masculina.

A partir de los 40 te das cuenta de que la fuerza la llevas dentro y la sustenta tu gente, los grandes pilares de tu vida que siempre están ahí. Es más fácil que pierdas la confianza con un novio que con tu hermana o con un amigo. Así que tu felicidad ya no se basa en la relación de pareja, sino en realizarte personal y profesionalmente, en hacer lo que te apetece y te satisface, en disfrutar de los placeres del comer, beber, orgasmar (porque a solas suele ser pleno al 15 mientras que con otros cuesta más acertar la quiniela), en compartir momentos con tus seres queridos y en mantener cierto equilibrio emocional.

O sea que no, no estamos más solas que nunca, es que estamos ocupadas en hacer lo que nos da la gana y sólo lo compartimos con hombres que no se piensan que han de venir a arreglarnos la existencia. Gracias.

 

Para que no se os baje hay que hacer bien el amor.

Queridos hermanos hombres, voy a intentar escribir este post desde el amor y el humor, espero que ninguno se lo tome a mal, os quiero, gracias. Y lo voy a publicar porque creo muchos lo estáis pasando mal y va a llegar un momento en el que prefiráis no tener que exponeros a quedar con nosotras para ahorraros la comedura de tarro posterior. ¡Y sería una pena y un desperdicio!

El caso es que ayer llevaba yo a una mujer en Blablacar que me comentaba que se había encontrado con un montón de hombres, a través de las aplicaciones de contactos como Tinder y Adopta un tío, que tenían disfunciones sexuales del tipo impotencia, anorgasmia o eyaculación precoz. La mayoría, alrededor de los 40 y para arriba. No sería muy lógico alegrarse por ello, pero yo lo hice porque pensé: “Bueno, no soy la única al menos, empezaba a pensar que soy yo que, en vez de provocar morbo, causo bajones por doquier.”

Y lo cierto es que, analizándolo a conciencia, he llegado a la conclusión de que sois víctimas de vosotros mismos. El patriarcado os echó la responsabilidad del pitocentrismo a las espaldas y ahí estáis vosotros todavía cargando con el peso de sostener vuestra autoestima en función de si se os levanta o no el miembro. Verdaderamente, os han gastado una putada, y nosotras sólo somos víctimas colaterales. (Nosotras cargamos con otras muchísimas putadas del patriarcado, pero no es el tema que nos ocupa).

La situación media

Bien, pues ahí os tenemos, una bonita noche después de una cita divertida, llegados a la cama de turno, con la presión sobre los hombros de tener que rendir. Dar el nivel. Follar como un campeón y mantener la reputación, encarnada en polla, bien alta. Tal es la presión que se convierte en obsesión y os condena a la profecía autocumplida: Si vais con miedo de que no se os ponga dura, no se os va a poner dura. Ahí entráis en bucle y, a poco que la cosa no se yerga como el mástil de un velero “vergantín” (que viene de verga), la preocupación por levantarla será tal que os olvidaréis de que justo al lado hay una mujer y que aquí hemos venido a jugar.

Os centráis en vuestro epicentro, os obcecáis con meneárosla para conseguir la obligada erección, lo cual es absolutamente contraproducente tanto para vuestro falo como para nuestra excitación, y ya no hay nadie más en la habitación: Vosotros, vuestro miembro viril venido a menos y nosotras como meras espectadoras. Normalmente solemos intentar que aquello se anime con todas las partes del cuerpo posibles, pero cuando ya vemos que eso es un reto entre la mano del hombre y su ego pequeñito y que no hay nada que hacer allí porque no hemos sido invitadas a ese duelo a muerte, nos retiramos a la espera de que alguno de los dos gane.

Siempre suele ganar la polla, porque no tiene cerebro. Y vosotros pensáis demasiado en ella, como si no tuvierais otras zonas erógenas. Y como si nosotras estuviéramos ahí de adorno. Y lo sentís por nosotras, mucho, porque no nos podéis dar la mandanga que esperábamos. Pero en realidad a nosotras lo de la penetración nos parece un complemento más, como ponernos los pendientes: Te los puedes poner y vas contentísima, pero si no te los pones, tampoco vas a salir a disgusto.

¡Aprovechad esas tetas, por Dios!

Lo relevante es el resto, queridos míos. Tenéis una tía que probablemente os gusta delante. No es una pantalla de ordenador ni una actriz porno. Es una mujer de carne y hueso con ese culo que sólo podéis pensar en follaros y con esas tetas que tanto os gustan (supuestamente, porque luego estáis tan focalizados en vuestra amiguita que ni las rozáis). ¿Por qué carajo entonces os limitáis a tocaros los huevos y el apéndice? Eso lo tenéis siempre en casa, ¿y a que a solas no falla nunca? Pues es justamente porque no tenéis la obsesión de demostrar nada. El error es tomárselo en serio como si debierais ser el macho dominante y todopoderoso todo el tiempo. ¡Que no, aprovecha, libérate! ¿Que no se te levanta? Juega, amasa, palmea. ¿Que estás tardando demasiado? ¡A quién le importa si estás jugando! ¿Que no llegas al orgasmo? ¡Mejor, así podemos repetir más veces!

Mi propuesta es HACER BIEN EL AMOR:

Llegamos al lugar de los hechos y al momento clave. Comes boca, con fruición, como si tuvieras un hambre canina, comes boca, sigues por el cuello, te lo comes también. Bajas por el escote y te regodeas en las tetas. Horas, si quieres. Los pezones están conectados con el mismo área del cerebro que el clítoris, así que podemos tener un orgasmo sólo con que nos devoren bien las tetas y nos sepan tocar los pezones. Si no sabes, prueba y pregunta, no hay lección más fácil de explicar que esa.

A estas alturas deberías haberte olvidado de que tienes pene, pero sigues, sigues mordiendo, lamiendo, con devoción, de las orejas a los pies, ¡juega! Y como tienes mucha sed, te apetece un coño, que ya estará como un abrevadero de patos, y bebes, y bebes, y vuelves a beber, como los peces en el río. Es muy probable que ella se corra como una salvaje y con eso la tengas saciada un buen ratito, de modo que puede tomar las riendas y dedicarse a comerte y a lamerte a ti enterito como una bulímica ante un helado de Nutella. Déjate hacer, relájate, no tienes que hacer nada, ni dar ninguna talla, ni pensar, ni NADA. Disfruta. Desconexión total. No hay obligaciones ni pollas. 

El agobio de ser polla

Si se te levanta, pues lo aprovechamos. Si no, ¡déjala en paz! ¡No la sobes más! Tiene que ser súper agobiante ser rabo y que te machaquen de esa manera tan compulsiva. Si te place, dormimos para que descanse la cosita y ya vemos si por la mañana se levanta animada con ganas de hacer la cucharita. Y si no, pues seguimos jugando, hay que sudar las sábanas. Lo importante de verdad es que acabemos la cita de forma divertida y no traumatizados porque no has culminado el polvo bombeando.

En serio, el polvo es todo el conjunto, no os sintáis con la obligación de taladrarnos como una perforadora urbana, no es necesario; nosotras sólo esperamos que le dediquéis a nuestro cuerpo la dedicación que se merece, igual que deseamos dedicarnos con esmero al vuestro (si nos dejáis). Centrarse en los genitales es una metonimia que nos hace desperdiciarnos. Una caricia en la cadera, un lametón en la ingle, una lengua hasta la garganta… nos ponen muchísimo más cachondas que sentir vuestras manos ocupadas en agarraros a las caderas para clavarla mejor, como si no hubiera nada más que un nabo tapando un agujero.

Y, seguramente, cuando os estéis divirtiendo como enanos, el eguito hará acto de presencia y querrá entrar en el canal de Suez con fluidez y entereza. Y si no, no os preocupéis, sois mucho más que un pene, nosotras lo sabemos y os valoramos por todo lo demás, ya sólo falta que os enteréis vosotros y dejéis de sufrir por ello.

Por cierto, si tenéis consultas sobre vuestras historias de amor, desamor, etc. no dudéis en dejarlas aquí.

¿Quieres participar en un libro que salvará a la especie?

Vamos a escribir un libro que salvará a la especie de la extinción. Todos juntos. Bueno, en realidad vamos a ser dos autores, un hombre y una servidora, los que vamos a redactarlo, pero os queremos pedir la colaboración para completar entre todos el diccionario definitivo para entendernos entre hombres y mujeres, antes de que dejemos de entremezclarnos y de procrear.

Vamos a abrir nuestras redes sociales a vuestras sugerencias y dudas, para que cuando estemos indecisos y dubitativos no necesitemos convocar un consejo de ministros del amor ni un gabinete de crisis, sino que nos baste con consultar la entrada concreta que nos quita el sueño.

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Vamos a hacer un repaso de todas las frases y los hechos que podemos escuchar o vivir en todas las etapas de las relaciones, desde la primera cita hasta después de cortar, cuando no sabes qué significa lo que hace tu ex, de manera que nuestras incertidumbres de las 4 de la madrugada se disipen con sólo abrir nuestro diccionario.

Vamos a aprovechar el acerbo popular para recogerlo en un manual universal, pues al final todos experimentamos sensaciones, situaciones y emociones muy parecidas, casi todos queremos decir lo mismo cuando soltamos ciertas expresiones, y casi todos lo malinterpretamos porque estamos condicionados por el género, nuestro bagaje anterior, nuestros deseos y proyecciones, y toda la subjetividad que nos nubla la vista a la hora de valorar la realidad.

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De modo que aquí te invitamos a compartir todas las ideas, consultas, dudas, incertidumbres, certezas, sorpresas y vivencias en general que creas que otros te pueden resolver o que tú les puedes aclarar a otros que estén pasando por algo parecido.  ¿Te ha dicho X y no sabes qué te está queriendo decir entre líneas? ¿Te ha pasado Y pero crees que lo has malinterpretado o el otro te está vacilando? ¡Cuéntanoslo todo!

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Las aclaraciones a esas consultas saldrán publicadas un Diccionario mujer-hombre/hombre-mujer, y, si colaboras con tus aportaciones y te hace ilusión, pídenoslo y ¡aparecerás en los agradecimientos como fuente informativa! Si prefieres no salir mencionado, no te preocupes, quedará todo en el anonimato de nuestro mail: despuesdelpendulazo@gmail.com

¡Abrazos de antemano y gracias!

Si nos subestimáis, no vais a follar.

Vaya por delante que este post no es personal, no va por nadie ni me toca a mí desde hace ya demasiado tiempo. Para los que se piensan que los escribo desde el rencor o que estoy muy quemada. Nada que ver, simplemente, hay verdades que hay que gritar y de las que todos deberíamos aprender.

A ver, chicos. La tesis de hoy es que las mujeres no somos tontas. Por lo menos, no la mayoría. Y creo que os interesaría aprenderlo lo antes posible porque, a poca autoestima que tengamos, si nos subestimáis, no vais a follar. Ni mucho menos todo lo demás. Nos vamos a centrar aquí en la intención de follar porque es lo que básicamente buscáis la mayoría de los que nos encontramos hoy las mujeres de mi generación y estatus sociodemográfico; pero que conste que algunos sois capaces de infravalorarnos incluso aunque estéis enamorados hasta las trancas y queráis algo serio (sí, chicas, algunos aún son capaces de tener una relación y tal, aunque tienden a liarse con las tontas, que son más fáciles).

Situación 1) Es la primigenia. Conoces a alguien en un bar, borrachos, una noche. Os vais juntos a casa del que sea. Echáis un polvo. Bien, aquí van una serie de aclaraciones básicas para el buen desempeño del polvo en sí y la satisfacción mutua.

No nos vamos a enganchar sexualmente por el hecho de que hagáis cosas (como comer el coño, por ejemplo) que supuestamente sólo se hacen con una pareja. No es ni medio normal que por el hecho de que sea un polvo esporádico os lo curréis menos porque, total, no la conozco de nada, ni la quiero ver más; me desahogo yo y la tía que se apañe. A eso se le llama paja con un cuerpo ajeno y nos da verdadero asco y a vosotros os debería dar vergüenza. Sé que os puede dar igual, pero os deja en muy mal lugar. Por cierto, nenas, con estos tíos aún debéis fingir menos que nunca. Que se jodan. Por egoístas.

No nos vamos a creer que queréis matrimonio por el hecho de que nos abracéis o nos beséis después de habérnosla metido hasta la campanilla. Sí, a la lengua también me refiero. El sexo incluye también ciertas dosis de afecto. Todos los seres humanos, incluidos los que tienen rabo, necesitamos cariño e intimidad, aunque sea de vez en cuando y por parte de una desconocida. No lo desaprovechéis, si seguís así, cuando estéis decrépitos y hundidos en vuestra soledad, vais a necesitar como mínimo los recuerdos de esos abrazos y caricias de los que renegáis ahora.

No os vamos a pedir amor eterno por el hecho de que os quedéis a dormir y hagáis un rato la cucharita. Se trata simplemente de compartir una noche, echar otro polvo mañanero y quizás otro a mitad de noche (if possible). Luego os despedís de buen rollo, y no hace falta que finjáis interés ni que prometáis nada. Si os apetece verla otro día, pedidle el móvil pero no le digáis ‘te llamo’ si no la váis a llamar porque será interpretado en vuestra contra. Y si no os apetece, un beso sutil en la boca o en las comisuras para ir evidenciando las distancias, y adiós.

Diario de una volátil, de Agustina Guerrero.

Situación 2) Ya te has liado con ella y te apetece volver a verla, aunque no sepas para qué.

No digáis te quiero a la primera de cambio porque nosotras también huimos cuando os vemos desesperados por cazar, no vais a tener la exclusiva. Y sólo una desesperada aceptará un ‘te quiero’ a la de dos días y se meterá en una relación de donde sólo podrán salir desesperaditos. 

Tampoco hace falta que vayáis con la armadura: Estamos hasta los ovarios de la dichosa declaración de intenciones de ‘Yo no quiero nada con nadie’. Ya. Que sí, que no queréis nada serio, que las relaciones os quitan libertad, que estáis centrados en vosotros mismos o en encontrar trabajo o en jugar al póker buscando dinero rápido. Que ya. Pero si de verdad no queréis nada, no os liéis con nadie, y no liéis a nadie. Y si aún no lo sabéis, porque nunca sabes lo que puede pasar en esta vida, pues callad, disfrutad y ya se verá, no seáis porculeros.

Dejad a la pobre tía en paz hasta que estéis más abiertos de mente y de piernas. Todo lo demás es hacer de perro del hortelano, querer follar pero sin comprometeros ni a ir a cenar para caldear un poco el ambiente de una cita para otra, querer follar pero sin dar explicaciones de cuando entráis o salís de la vida y de la cama de la otra cada vez que os da la gana, querer tener a alguien seguro para follar sin mojaros para nada.

Sed sinceros, coño. No somos gilipollas, reitero. Para nosotras resulta más fácil no implicarnos, ni esperar nada, ni pillarnos, ni cabrearnos, ni montar pollos, ni pasarlo mal, si entendemos lo que os pasa y sabemos que es cierto y no es una puta argucia para follar sin compromiso. Que también podemos ser capaces de follar sin compromiso, si es lo que queremos. Podéis estar dando por saco con mentiras y excusas para quedar bien cuando a lo mejor la tía simplemente quiere divertirse y disfrutar sin llegar a nada más.

Dar coba, pulir coba. Si no queréis nada con una chica en cuestión, no le deis coba. Que luego os quejáis de que ‘vaya pesada’, que no para de dar el coñazo, de llamar y de mandar Whatasapps, de perseguiros por los bares, etc. Si tiene un poco de dignidad, no te insistirá más de una vez, y si no tiene dignidad, seguirá insistiendo hasta que se canse de ver que no le respondes. Nadie insiste eternamente si ve que no va a conseguir nada.

En reserva no, que nos enamoramos. Si le dais largas a una plasta y le hacéis creer que tendrá posibilidades en algún momento, estáis jugando sucio, y mal. A eso en nuestro idioma se le llama mantenernos en reserva, y en el vuestro mantener el banquillo caliente. Y muy imbécil tiene que ser la tía para no darse cuenta. Qué queréis que os diga, no creo que una persona imbécil merezca la pena ni para echarse un polvo, pero dado que, en un calentón vosotros tenéis la ventaja de que podéis tener un orgasmo con cualquiera, por lo menos podríais ser un poco honestos con la chica y no hacerle creer que es vuestra primera opción.

Ahorraros las chapas: Más que nada, si una mujer se piensa que encabeza la lista de prioridades para cuando estéis disponibles, se emocionará y luego os dará la brasa como si tuviera derechos adquiridos. Creo que no hay nada peor que una mujer enamorada esperando lo que considera suyo porque se lo han hecho creer. Luego que si os reprochamos historias y tenéis movidas raras. Si fuerais más claros y no jugarais como si estuvierais jugando solos con una muñeca hinchable, no tendríais que aguantar hormonas ni paranoias ni películas ni follones que a la mayoría no nos mola montar.

Más de Diario de una volátil.

No seríamos tan complicadas si fuerais más honestos. Diario de una volátil.

 

Situación 3) Os rendís a tener pareja pero se os queda cortita la cosa porque vuestro eguito os pide que os reafirmen por ahí que seguís en el mercado.

Si queréis estar con otras, quedaros solos. Sí, es muy fácil. Si os queréis follar a media España, adelante, pero intentad no arrastar a nadie por el camino para tener a alguien seguro que os acaricie el ego con asiduidad. Si seguís en la edad de poneros medallitas para confirmar lo machitos y lo atractivos que estáis todavía, hay muchas mujeres que os podrán demostrar que estáis en el mercado, no hace falta que le pongáis los cuernos justamente a una que os quiere. Tened los cojones de quedaros solos y disfrutar del vacío que deja liarse con un montón sin que ninguna sienta nada por vosotros de verdad ni os aporte nada.

Cuando nos mentís, nos subestimáis. Os pensáis que nos vamos a creer vuestras trolas, que no nos vamos a dar cuenta de lo que ocurre o de lo que sentís o no sentís de verdad. Pensáis de verdad que nos podéis engañar. Pero las mujeres somos las del sexto sentido, la intuición, os lo recuerdo; por mucho que nos queramos autoconvencer de lo que nos gustaría que pasara en nuestro mundo ideal, todas tenemos en algún momento la visión, el destello, el flash en la cabeza, que nos ilumina y nos alerta de que nos estáis tomando el pelo.

Y entonces ya es cuestión de tiempo que os mandemos a tomar por saco. Ahí es cuando perdéis el polvo, la amiga, la amante, la folloamiga, la esposa o la posibilidad de tener una pareja estupenda. Que en algún momento también os apetecerá, no lo descartéis para toda la vida, queridos. La soledad nos aprieta a todos, y más cuando se nos empiezan a caer las carnes y ya lo de follar con una persona cada noche no resulta tan asequible.

Pero bueno, para eso a vosotros aún os queda, que sois todos unos campeones con toda una panda de idiotas supuestamente liberadas sexualmente dispuestas a demostrar que lo son y que no es postureo feminista, ¿verdad?

Querido Gobierno en pleno (lo de querido es un formulismo, vaya por delante):

Es difícil, muy difícil, quizás el mayor reto de mi carrera como periodista, escribir algo que aún no se haya dicho en este país. Pero como, por más que la mayoría no silenciosa de mis conciudadanos se exprese, no sirve para nada, me he propuesto esmerarme a ver si tengo más suerte. Y si no, pues al menos me desahogo, que faltita me hace.

Aquí al otro lado del Congreso, de la Moncloa y de los estupendos pisos que les pagamos con el erario público en Madrid para que ustedes no tengan que desplazarse con toda su familia a vivir en el lugar donde desempeñan sus funciones, (como hacen todos los que han tenido que acogerse a la movilidad laboral); aquí fuera, decía, sobrevivimos millones de seres humanos. Sí, sobrevivimos.  Y sí, somos humanos, fijénse qué casualidad, como ustedes. Bueno, a lo que parece, un poco más humanos nosotros.

Somos humanos con necesidades básicas y no tan básicas (o sea, como las suyas propias, para que no tengan que escarbar mucho en busca de su empatía), que, casualmente, quedaron recogidas en esa Constitución tan intocable para lo que a ustedes les conviene. Nunca se puede tocar para lo que nos conviene a los ciudadanos a los que venía a garantizarnos nuestros derechos y libertades. A estas alturas no sé si le queda alguna página a la Constitución con la que no se hayan limpiado el culo después de defecarle encima. Aquí, desde luego, otra cosa no, pero mierda siempre nos salpica cuando enchufan su ventilador parlamentario.

Cada vez que su partido decide algo, cada vez que vota algo, cada Consejo de Ministros; cada vez que se pronuncian los mercados, Europa, el FMI, la OCDE, la Iglesia, los presidentes de sus Comunidades Autónomas, sus ínclitos voceros, incluidos los directores de medios de desinformación afines a su secta; o cualquiera de sus amiguitos de bancos, multinacionales, asociaciones de jueces, etc. aquí al pie de la calle nos inunda la mierda hasta las orejas. Nos ahogamos en mierda.

En dinero, no, claro. En nuestro dinero se bañan todos los anteriormente mencionados sin necesidad de meterlo en sus jacuzzis o en los de Portugal. Les llueve dinero, como diría Botín. Todo ese que ha desaparecido de los bancos, de las empresas que han despedido a los 6 millones de ex trabajadores que ahora ya apenas cobran ni la ayuda del paro, de las arcas del Estado; ese es el dinerito que les llueve. Y, como después de la tempestad viene la calma, de la misma manera pasan los millones llovidos a los paraísos fiscales donde los guardan a buen recaudo para, cuando esto escampe y lo hayan dejado todo a precio de saldo, volver a especular y a sacar más rentabilidad si cabe al dinero que nos robaron y que encima los asfixiados tenemos que pagar con intereses en concepto de deuda pública.

Fugados

Viñeta de Ferran Martín, siempre tan grande.

Negocio redondo

La verdad, no me quito el sombrero porque es lo único que me calienta los cascos en esta casa en la que no me puedo permitir la calefacción. La luz, ¿saben?, que cuesta más que verla al final de ese túnel. Pero claro, cómo la van a bajar si con lo que pagamos es con lo que después ustedes cobran esos sobresueldos como consejeros en empresas energéticas o de telecomunicaciones en cuanto salen del Gobierno.

Pero eh, cuidado, que yo tengo casa, no tengo derecho a quejarme ni a protestar. No lo tienen siquiera esos pobres desahuciados que se han quedado con toda su familia en la calle, si no se han suicidado antes… Cómo lo voy a tener yo, niña mimada a la que, después de 15 años ejerciendo el periodismo, con casi 37 años, su padre, en paro; su madre, con una pensión de invalidez; y su tía, con otra; tienen que pasarle dinero mensualmente para que pueda comer. Sí, para comer comida no caducada -aunque a veces, bueno, con un poco de curry o de alioli todo entra-. Hasta que no lo cuente.

¿Saben que ya está pasando? ¿Saben que aquí afuera hay millones de familias que no tienen qué llevarse a la boca, miles de niños viviendo por debajo del umbral de la pobreza que van al colegio muertos de hambre? ¿Ustedes saben que hay millones de personas sobreviviendo gracias a la caridad y la solidaridad ciudadana? Claro que lo saben. Ahí está el truco: Mientras demos las gracias por recibir caridad, no reclamaremos nuestras necesidades básicas como derechos fundamentales.

Lo que pasa es que todo tiene un límite, y como sigan facilitando el despido y la esclavitud bajo esos sueldos de 500€, a ver cómo nos vamos a mantener los unos a los otros. Llegará un momento en el que el que cobre 500€ ya no pueda pagar el kilito de arroz en el supermercado para el Banco de Alimentos porque lo necesitará para, por ejemplo, ¿pagar el euro por receta cuando se le ponga el niño malo? Y entonces el bebé del otro que no tiene para comprarle leche se morirá de inanición y fíjense ustedes, de repente, África. De repente España sí será Uganda, parafraseando a Rajoy.

Que todavía no. Todavía la gente no se ha lanzado a la calle a robar, no han aumentado los índices de delincuencia ni de inseguridad ciudadana, aún no nos matamos por las esquinas. No, nosotros no nos matamos por nada ni por nadie… para qué, si ya tenemos a la policía y, en breve, a los guardias jurados para darnos candela. El ejercicio de la violencia se lo reservan ellos en potestad. Nosotros en cambio, aquí, pacíficamente, viendo por la tele como unos pocos defienden los derechos de todos y se llevan las hostias.

Se lo han montado bien ustedes porque, con la inestimable ayuda de los medios de desinformación, encima han conseguido que los propios ciudadanos vapuleados pero conformistas critiquen y menosprecien a los que sí se atreven a pelear por ellos. Repitiendo como loros sus consignas tipo ‘terroristas, filonazis, antisistema, okupas, radicales, violentos, etarras, borrokas…’.

Sí, hasta para muchos de nuestros propios vecinos los defensores de los Derechos Humanos somos ETA. Luego, si algún día podemos volver a repartir los derechos y libertades reconquistados, serán los primeros en ponerse a la cola a reclamarlos; pero, de momento, viendo el Sálvame Deluxe y ‘leyendo’ el libro de Belén Esteban, están bien a salvo de que les calienten a palos y de calentarse mucho los sesos por su ‘panodrama’.

Sobre todo, un consejo para sus señorías: Asegúrense de que toda esa mayoría silenciosa que se cree todavía sus mentiras no tenga que vender la tele, porque entonces estarán perdidos. Ustedes y todos sus amiguitos. Les pueden quitar el trabajo, la comida, la salud psíquica y físiológica, les pueden pisotear la dignidad… pero la pantalla de plasma ni tocarla, que ahí os la lían parda esos cabrones.

Ahí ni ley Mordaza ni sanciones administrativas de cantidades que sólo pueden pagar ustedes. El día que la otrora clase media no pueda pasarse las horas muertas siendo adoctrinada por su propaganda mediática, quizás, de súbito, abra los ojos y decida lanzarse a manifestarse, mentarles a la madre que no les abortó a ustedes y a la de Franco, quemar banderas y demás símbolos patrióticos, y empezar a exigir su aniquilada calidad de vida. Sí, el nivel adquisitivo que el españolito medio se había currado con el sudor de su frente, los ahorros que han volado con las preferentes desde sus cuentas en cajas de ahorros hasta las suyas en bancos de Suiza, sus hogares embargados, la educación de sus hijos y sus nietos, esa antiguamente admirada Sanidad pública universal, y unas pensiones antes garantizadas… Esas cosillas que ustedes juraron que nunca iban a tocar y que han sido lo primero que han volatilizado.

Cuando eso por fin pase, que va a pasar,  ya no seremos una minoría silenciosa. Tampoco seremos todos, porque, sorprendentemente, aún hay cantidad de gente sin comprensión lectora que sigue creyendo que la derecha es mejor gestora y que todo esto es culpa de la herencia de Zapatero, y de personajes anclados en el pasado que votan históricamente a la derecha porque a los suyos los mataron los republicanos.

Con los votantes del PSOE por idénticos motivos ya me meteré otro día. Pero esperamos que los obreros y trabajadores de a pie que se pasaron a votarles desengañados de la izquierda y confiando en que ustedes les darían un empleo bajen a la realidad de una vez al no tener tele para exponerse a Intereconomía, el Canal 13TV y RTVE, y se percaten de todo lo que les han esquilmado desde hace tan solo los dos años más eternos de esta supuesta democracia de chichinabo.

Mientras a los  pobres de comprensión lectora les quede la tele, pueden seguir apretándoles las tuercas llevándolos a la inanición, la explotación laboral y la desesperación o el suicidio. Sobre sus conciencias esas tan católicas pese. Que pese todo lo que nos están haciendo, y les aplaste inmisericordemente. En un justo toma y daca. Y si no, ya les aplastaremos los que sí que sabemos analizar la realidad.

Atte. Elisabeth G. Iborra, periodista y escritora venida a menos, como prácticamente todos los profesionales de mi sector y de todos los demás.

Si no te busca, no le interesas. Punto.

Estoy muy preocupada por mi propio género. Lo veo de cabeza, cuesta abajo y sin frenos. O yo me estoy volviendo conservadora o muchas de mis congéneres están perdiendo progresivamente la dignidad. Conste que yo nunca le hice mucho caso a mi abuela en estos asuntos, conste que yo de santa tengo lo mismo que de políticamente correcta. Conste que yo he follado y sigo follando todo lo que me da la gana. Pero señoras, ¿es necesario ir detrás de los hombres como si estuviéramos desesperadas por pillar, como si no hubiéramos visto un pene en la vida?

No nos vemos desde fuera a nosotras mismas.

Eso es lo que me temo. Pero yo últimamente, desde que me di cuenta de que, cuando un hombre quiere, es capaz de cruzarse la península en bus si hace falta por conocer a una mujer que le interesa, observo mucho a las mujeres de mi alrededor. Y estoy desarrollando un sentimiento que un amigo ha dado en llamar vergüenza ajena de género. Cuando escucho sus argumentos del siglo pasado, cuando empiezan a mandar mensajes, ajenas a las personas que tienen alrededor y mirando como extraviadas el whatsapp, a ver si el susodicho les contesta esa noche; cuando insisten a pesar de que el tío les deja claro por activa y por pasiva que no quiere nada, o esperan con cara de tontas a que el pavo de turno les haga un poco de caso entre todas las demás que tiene en su lista de fans… Cuando las veo luchando por llamar la atención como un pavo real, cuando te percatas de que les da igual uno que otro con tal de que alguno les tenga un poco en consideración porque de eso depende su autoestima… Lo siento, no lo puedo evitar, pero me desespero y me gustaría sentarlas y echarles un sermón para que recobraran un poco su amor propio.

Que mira, no, yo nunca fui de las que no dio un paso, al revés, me he lanzado en plancha hacia todos los tíos con los que he querido algo. Pero porque veía señales, porque veía que el interés era mutuo, porque sabía que no me iba a dar contra las cuerdas del ring hasta quedarme K.O. de un esquinazo. Es decir, si no es claramente recíproco, no te lanzas al cuerpo a cuerpo. Porque si un hombre quiere, va a ser él quien vaya a por ti. Nos hemos olvidado de que los hombres son cazadores, y si no tienen la sensación de que son ellos quienes escogen y tienen el poder de seducción, si sienten que van a por ellos, huyen.

Cazador no puede ser cazado, eso que os quede claro.

A partir de ahí, lindas gatitas, con eso en mente, todo es más fácil. Podéis hacer lo que queráis, pero por mucho que vayáis detrás, no vais a conseguir atraer sino a desesperados que están deseando echarse novia porque tienen miedo a la soledad. Que, oye, es una opción si lo que queréis es una relación de dependencia mutua. Pero si lo que deseáis es una relación de igual a igual, con un hombre independiente y seguro de sí mismo que luego no tenga miedo de perderos en cuanto habléis con un amigo o salgáis con las amigas, un desesperado dependiente no parece el mejor perfil. El independiente suele ser más complicado y, desde luego, no cae ante estrategias de manipulación ni de persecución latosa, porque no le vale cualquiera que se arrastre tras él.

Siento deciros que lo que opinan ellos de las mujeres que les van detrás así es que están locas. O que son unas pesadas. Y yo les entiendo porque no soporto a los tíos que me van detrás como perritos falderos, que pierden hasta su orgullo babeando por un solo gesto, que no entienden un no y te dan la chapa hasta que no tienes más remedio que mandarlos a la mierda. Para llegar a ese extremo te tienen que dar mucho la brasa, pero doy fe de que muchos y muchas son expertos en darla, sin límites.

Que todo es mucho más sencillo. En serio. Te mola alguien. Ves que hay posibilidades. Le dejas ver que él también las podría tener. Y, desde ese momento, le dejas hacer. Que busque lo que quiere. Que lo demuestre. No hace falta usar estratagemas ni hacerse la dura, es cuestión de dejarse llevar. Pero evitando volverte loca a la mínima señal como si fuera la última oportunidad de tu vida o el único candidato a ser el padre de tus hijos, que hay que estar mal para ir buscando eso en tu vida, en vez de alguien que te quiera a ti.

Podríamos ir de modernas y ser nosotras las que tomáramos la iniciativa, pero, siendo realistas, el mundo no ha cambiado tanto desde la prehistoria en ese sentido y girar las tornas sigue sin funcionar. Yo lo siento, seguramente es un precepto machista, y eso no lo queremos, pero no parece que vayamos a eliminar el patriarcado de un whatsappazo. Así que mejor adaptarnos a la realidad y conservar la dignidad por el camino, que, al final, es lo último que se pierde. Porque, cuando se pierde la dignidad, ya no hay esperanza.

Y otra cosita: No hay excusas con las que autoengañarse que valgan. Si no te llama, es que no quiere nada. Si no da señales, es que no quiere nada. Si no te busca, es que no quiere nada. Da igual por los motivos que sea, no intentes justificarlo: Estará mal, la criaturita; estará tocado por su última relación, estará estresado por el curro, estará en un mal momento vital… pero si no te demuestra interés, es que no le interesas. Punto. Así que no te rebajes, no le vas a convencer más por ponerte más a huevo. Podrías ponerte desnuda en la puerta de su casa y solo le darías pena.  ¿Te mereces eso, en serio?

Si quieres entender las relaciones, aporta tu granito de arena y suelta tus traumas ;D

Qué, de Semana Santa, eh? Pues yo no. Así que voy a aprovechar que yo trabajo y vosotros tenéis tiempo libre para pediros que me contestéis a unas preguntitas para poder avanzar un poco con el libro del Manual. Verdad que todos queréis entenderos a vosotros mismos y al otro género? Pues hombre, yo os explico lo que está en mi cabeza y en mi mano pero si no ponéis un poquito de vuestra parte… malamente puedo explicar lo que pensáis los demás.

Así que, uno, os pido por vuestra propia salud mental y emocional, que respondáis a la entrevista que os corresponda, a las preguntas que queráis, tan breve o profusamente como queráis, con más o menos sentido del humor, lo que os salga del alma, pero con sinceridad. Para que pueda sacar conclusiones certeras.

Entrevistas Solteras                                                                                            Entrevistas Casadas                                                                                                    Entrevistas Hombres

Y dos, por favor, hacedlo viral, pasádselo a amigas y amigos, a gente que sepáis que está preocupada por el asunto de las relaciones, que necesita entender, que sufre, o que se divierte a su manera. Si consigo 200 entrevistas gracias a vosotros hago un striptease integral por webcam. Es broma, si queréis verme desnuda, vais bajando todos para Conil, seré probablemente la única en toda la playa. Fuera de bromas, a todos los que me contesten a las entrevistas, les prometo el pdf del Manual de la Mujer Actual gratis cuando se publique, en primicia. Los testimonios serán anónimos si así lo deseáis, simplemente ponerme género, edad y localidad, por orientarme demográficamente, y mándadlo a despuesdelpendulazo@gmail.com.

Y a los que no me contestáis, lo siento pero cuando vengáis quejándoos  de lo típico de que todos los hombres o todas las mujeres son iguales, que si qué cabrones, que si estáis todas locas y blablabla, le daré con el Manual en la cabeza, para que espabile. ;D Qué mirad lo que cuenta Martirio en esta saeta que le pasó por no hacerme caso:

Vaaaaaaaaaa, animaos, si la entrevista es un ejercicio de introspección estupendo para desahogarse y entender también qué hacemos con nuestras relaciones y por qué nos van como nos van. No siempre y todo va a ser culpa de los demás, ¿verdad?

Hala, un beso, sed felices y disfrutad como si no hubiera nada después de estas vacaciones.

Si te aburres, complícate la vida, pero no te quejes

Esta mañana me aburría. Sí, no porque no tenga trabajo, que me sale por las orejas, sino porque no siento nada, ni me pasa nada, ni me llama nadie, ni me hace ilusión ver a nadie, ni conozco a nadie interesante. O sea, que no sé si estoy viva.

No sé durante cuánto tiempo puede aguantar así un ser humano, pero yo resistiría más sin agua o sin comer que sin sentir, sin emoción, sin adrenalina, sin que me dé vuelcos el estómago o, por lo menos, me puedan los nervios de la incertidumbre. Es que me mata la apatía.

Y es entonces cuando mi mente inquieta y adicta a las descargas químicas hormonales a las que le he acostumbrado durante décadas me hace toc toc y empieza a idear maneras de provocar situaciones que a su vez provoquen algún tipo de movimiento en mi vida sentimental y/o sexual al menos, que a su vez provoquen alguna contracción de la sístole, que la tengo oxidada y se me va a atrofiar.

Vosotros diréis: ¿Pero por qué no se apunta a surf, o a cualquier otra actividad que la entretenga? Ya lo he hecho. Pero eso me mueve todos los músculos menos el corazón. Y a nivel cerebral tampoco da lo mismo de sí. Endorfinas y todo eso, sí, pero yo para saciar las exigencias de mis neurotransmisores necesito mucho más que mar y sol.

Yo necesito meterme en líos. Complicarme la existencia. Meterme en berenjenales. Darle caña a la vida y dejarla que ella me la dé a mí. Luego me divertiré, lo disfrutaré, sentiré, sufriré, padeceré la angustia, me arrepentiré, me autoflagelaré… Y todo lo que encarte. Pero no podré quejarme porque me lo habré buscado yo. Porque, como canta Tiza, Soy la Revoltosa:

En la boca del lobo te metes tú

Ahí es adonde quería ir a parar, por supuesto, no voy a escribir esto por gusto, verdad? No. Lo escribo porque yo alucino cuando la gente, sobre todo las mujeres, se quejan de lo que les ha pasado con tal o cual tipo que han atraído a sus vidas, qué fíjate tú lo que me ha hecho, que qué mal lo estoy pasando… ahí vienen los lloros y los lamentos y el echar balones fuera y culpar al otro de todo lo ocurrido.

Pues no siempre, señoritas y señoritos. NO. Muy habitualmente, sabemos perfectamente que ESA no es la persona conveniente, que no vamos a llegar a ningún lado, que incluso nos puede hacer daño por el camino, que pasa de nosotr@s pero aún así nos empeñamos en forzar la relación, del tipo que sea, para conseguir las migajas, como máximo. Sabemos que nos esquiva, que no nos valora, que nos va a utilizar para lo que le interese (puede ser para obtener algún favor, no necesariamente sexual, aprovechándose de la generosidad del que intenta seducir). Y sin embargo, incitamos el encuentro y nos regalamos o rebajamos para tener un ápice de atención, cariño o de alegría para el cuerpo.

Que yo lo entiendo, es imprescindible de vez en cuando; pero entonces lo más inteligente es reconocer que te has metido en la boca del lobo por aburrimiento, porque necesitas entretenerte para tener algo que contar a los amigos y/o para desviar la atención de carencias emocionales y problemas mucho más acuciantes que te preocupan y preferirías no tener que pensar. Ya lo siento.

Pasar de estar entre algodones empapados a llevar cómodamente una copa

(Chicos, discúlpadme pero hoy hablamos de nuestras cosas, podéis obviar este post y ver sólo el vídeo de South Park, que seguro que os mola más ;D)

Cada vez que veo esos anuncios de compresas, aunque sea esa nueva Devoraolor, me retrotraigo a mi adolescencia y me hago cruces de que aún muchas mujeres sigan llevando esos pañales entre las piernas en pleno siglo XXI.

Voy a hacer una excepción en honor a un par de amigas que han sido madres y me han aclarado que después de parir vuelves a necesitarlas porque, o bien no puedes meterte nada en la vagina durante la cuarentena, o bien, simplemente, nada es suficiente para absorber el flujo de la regla después de dar a luz por la vía natural. Salvado ese caso, insisto, no puedo entender que una parte muy importante de las mujeres del mundo no haya cambiado ya las compresas, sean absorbentes, con alas o incluso de algodón (vaya martirio a todos los niveles) por tampones o por la dichosa y milagrosa copa menstrual.

Lo de los tampones no tiene excusa. Que les da miedo, que les hace daño, que si se les queda dentro. Pero vamos a ver, ¿son todas vírgenes? Porque señoras, si por ahí cabe un pene, y la inmensa mayoría son más grandes que un tampón super plus o la moon cup de silicona, que se adapta a la medida de la vagina, ¿cómo van a tener problemas por usarlos?

Luang Prabang, en Laos

Luang Prabang, en Laos

La última vez que tuve que usar una compresa de esas fue en Laos. Problemón. No encontraba tampones por ningún lado. Al día siguiente tenía contratada una excursión en kayak en la que inevitablemente me iba a mojar hasta las axilas, y con una compresa aquello se podía hinchar y empapar como un algodón del que usamos para curar. Así que emprendí una búsqueda por todo Luang Prabang hasta que encontré una farmacia, donde la farmacéutica, milagro divino, había estudiado en Europa y había reparado en la necesidad que podíamos tener las turistas de disponer de tampones en tan ‘anticuado’ paraje salvaje. Menos mal, porque ir en elefante y remando por el río Mekong con semejante pañalote era cualquier cosa menos cómodo.

Después de mi viaje me enteré de la existencia de la copa menstrual. A buenas horas, con la cantidad de dinero y de peso que me habría ahorrado, cargada con cajas y cajas de tampones en la mochila de país en país, por si en el siguiente destino no tenían.

Me la compré y fui feliz.

Se acabaron los desbordamientos, las sorpresas de haberme olvidado los tampones en casa (sí, soy de las que me olvido de que soy mujer) y darme cuenta ya en un bar a las tantas de la madrugada, teniendo que pedir prestado a camareras o clientas. Con la copa, vas al baño, te la quitas, la lavas y te la vuelves a insertar tan campante.

Con la copa me puedo olvidar de que formo parte de ese porcentaje de la población que sangra una vez al mes durante 5 días sin morirse, como decían en South Park. Es que duermo del tirón sin que el caudal me supere, evitándome tener que dormir con la fundita del colchón impermeable como los niños. Fina no sé, pero segura y limpia, me siento un montón.

Tanto si has parido, si eres de vagina china, o sea, estrechita, como si lo tuyo es como la Puerta de Alcalá, hay una talla para todos los tamaños, o sea que no tienes argumentos para no probarla. Si no te convence, habrás perdido unos 20 euros, que es mucho menos de lo que te vas a gastar en compresas o tampones a lo largo de tu vida. En cambio si te gusta, que estoy convencida, no volverás a gastarte un euro en algodones nunca más. Porque vaya presupuesto mensual, como se nota que los gobernantes son tíos y no tienen que pagar por ello, si no, ya les habrían quitado el IVA hace siglos.

La Copa Meluna

Para que no os perdáis entre los varios productos que hay en el mercado, os recomiendo la copa Meluna, que tiene el chirimbolo para introducirla y sacarla en versión anillo y es mucho más cómoda de agarrar que el pichorro puntiagudo (que no sé por qué se llama modelo pezón) y no se te clava. Porque oye, ahí adentro, si se te tiene que clavar algo, que sean otros entes más agradables.

Vosotras haced lo que queráis, pero ya tenemos bastante con el síndrome premenstrual y los dolores menstruales como para encima sufrir sudores, olores, incomodidades y manchas varias, no?

Si te impresionan las mujeres libres,el inseguro eres tú.

A veces os abandono un poco por falta de tiempo y otra porque no se me ocurre nada interesante que contaros, hasta que de repente se me acumulan conversaciones, experiencias, libros leídos o causalidades, y acaba saliéndome a raudales un post de estos que tanto os gustan pero tan poco me lo demostráis.

En las últimas semanas se han juntado varias circunstancias y una conversación tuitera que va camino de convertirse en ensayo epistolar con @ixa_bell, cuyo blog Ixa Y Punto.  os recomiendo muy encarecidamente porque ella lo vale. Y.

Voy al grano. Dice mi amiga Ixa que hay hombres que se sienten eclipsados por las mujeres como nosotras (en el sentido de que temen que les hagamos sombra). A estas alturas de mi vida, he llegado a relacionarme mayoritariamente con el tipo de hombres a los que no les suelo impresionar ni me tienen precisamente miedo. Es más, se parten el pecho con mis boutades, saben que exagero con mi forma vehemente y apasionada de hablar, que mi pose de diva no es más que un personaje prácticamente de ficción que sirve para darle picante a la tierna que llevo dentro. Y probablemente me adoran precisamente por todo lo que llevo dentro, que viene a ser parecido a lo que ellos llevan, por eso les quiero y son mis amigos.

Yo, a esos hombres a los que no les impresiono, los adoro porque son seguros de sí mismos, inteligentes, fuertes de carácter a la par que sensibles, alfabetos emocionales, comunicativos, ingeniosos, respetuosos, tolerantes, cariñosos, atractivos por fuera por cómo son por dentro, generosos, prácticos, sencillos, directos, honestos, leales y NO MANIPULADORES. Esto último es muy importante para mí como valor en cualquier ser humano.

Un tipo así, coincidiréis conmigo, es difícil que se sienta eclipsado. Te ve de igual a igual y ya está. El hecho de que tú seas segura de ti misma, inteligente, fuerte y toda la retahíla de cualidades no le acobarda ni le hace sentir inferior porque no tiene miedo de que le vayas a quitar su poder, ni a subirte a su chepa y hacer de tu capa un sayo con su vida. Entre otras razones porque no te dejaría hacerlo, él es quien dirige su vida y en todo caso, si quiere, voluntariamente la comparte con alguien que dirija la suya asumiendo sus responsabilidades y metiéndose en sus asuntos.

graffiti encontrado en la web http://www.unpaislibre.com

Inseguros no, gracias, hay que dejarlos crecer.

A los que acojonamos las mujeres libres de alma, mente y cuerpo, es a los inseguros, a los que se quedaron anclados en una época en la que la mujer dependía de ellos para sobrevivir y preferirían que hoy en día siguiera siendo así para no correr el riesgo de que se les escape no ya por irse con otro, sino para estar sola. Qué osadía.

Los inseguros son esos que se están todo el rato comparando contigo como en una especie de competición a ver quién es más listo, en una verborrea imparable por demostrar sus conocimientos; a ver quién es más macho, haciéndote todas las posturitas del kamasutra en la cama en una sola noche; a ver quién tiene más dinero, ostentando reloj, coche, etc. aunque luego te invite a su casa y tengas que llevar tú el vino y no te saque ni unas tristes aceitunas. A ver quién detenta más poder, tratando mal hasta a los camareros para demostrar el genio que tiene con los ‘subordinados’ esos. Los inseguros tienden a despreciar a otros hombres para hacerse los superiores, porque saben que por sus propios hechos, no sobresaldrían jamás. Los inseguros son incapaces de reconocer sus miedos y explicártelos para que puedas comprenderlos y relajarlos, así que van con subrepciones para que no te des cuenta de sus debilidades (como tú si fueras idiota).

Uno de sus trucos es cuestionarte a ti continuamente, para minar tu seguridad, para hacerte sentir inferior, como él, para sentirse más fuerte que tú, aún sabiendo que te hace daño. Un ex rollo mío, que llevaba fatal el pobre su complejo de inferioridad, se atrevió a decirme que a ver si dejaba de comer tanto queso porque luego me quejaría de que no podría ponerme el bikini. (Voy a ser muy elegante y omitir cualquier detalle sobre los motivos de su inseguridad). Le dejé. Y.

Demasiada personalidad para tan poco ego

Ahí es dónde a esos machitos inseguros les acongojamos las mujeres como yo y como Ixa y como muchas otras, cada vez más. Cuando ven que NO te van a poder, que tu autoestima, tu dignidad y tu seguridad en ti misma están a prueba de sus ataques porque les ves el plumero y sabes cuáles son sus puntos vulnerables, huyen, no lo soportan, es demasiado para su escuálido ego… Y prefieren buscarse a otra que no le haga sombra y abandoné hasta su carrera por él, de las de la antigua escuela, modosita, sumisita, obediente, conformista, insegura también y… seguramente, MANIPULADORA.

¿Por qué? Pues porque en el fondo todo el mundo sabe lo que quiere, y o bien lo pide directamente o se lo busca por sí mismo, como hacemos los hombres y las mujeres seguros y con autoestima; o bien lo buscará sibilina y subrepticiamente. Hasta que consiga que el otro se lo dé. El amplio espectro de manipulaciones puede ir desde dejar de tomarse la píldora sin avisar al hombre para quedarse embarazada y cazarlo, hasta del típico ‘Cariño, hay que bajar la basura’ (o sea, ‘baja a tirar la puta basura YA’).

Y aquí el mundo vuelve a ser bello porque al final, sus padres los crían y ellos se juntan. Inseguros y manipuladores por un lado; seguros e independientes por el otro. Las causas de que los inseguros por lo general están emparejados y los seguros no, si eso, ya lo analizamos otro día. Porque de la seguridad muchas veces se deriva la autosuficiencia y el más vale solo que mal acompañado… pero no sé si nos estamos pasando un poquillo de rosca con las exigencias, ¿no? (To be continued).