Viviendo el sexo liberal en las costas andaluzas en primera persona (visual).

Os dejo mi reportaje de intercambio de parejas publicado en Primera Línea, por si os interesa cómo se vive el sexo liberal en las costas de Andalucía… O al menos cómo me las arreglé yo para relacionarme con toda esa gente que se hartaba de follar. Y hasta aquí puedo leer yo. Tú puedes seguir si quieres. 

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Todos tenemos una ciberhistoria que contar, ¿tú no?

En el último post hablaba de que nos estamos limitando a tener relaciones a través de Internet y de las redes sociales y en este os pido que me escribáis si habéis tenido algún tipo de relación precisamente por esos canales.

Os agradecería mucho que me contaráis si habéis conocido a alguien por match.com, meetic, o esos canales de contacto; o por facebook, twitter, badoo, tuente u otras redes sociales por el estilo; o en chats, foros, canales temáticos o de videojuegos, o por messenger, o por trabajo a distancia…

Luego ya hablaremos de si lo habéis mantenido por mail o por whatsapp, por skype, por chat con webcam o sin ella,    si la cosa se quedó en el ciberespacio o lo trasladasteis a la realidad y cómo fue el asunto.

Estoy segura de que todos tenemos alguna historia vivida entre lo virtual y lo real, porque al final un mundo no está tan separado de otro, y si las usamos bien, las redes sociales nos pueden servir para conocer gente que de otra manera nunca tendríamos ocasión de cruzarnos por la calle. Aunque viva en el portal de enfrente… O a miles de kilómetros de distancia.

Si podéis compartir este post para que le llegue a más internautas, mucho mejor. Vamos a intentar aportar un granito de arena al mundo de las ciber relaciones que traspasan la realidad… o no. Como este tipo de relaciones son muy privadas y puede haber ciberinfidelidades de por medio o secretos que conservar, os propongo escribirme anónimamente a despuesdelpendulazo@gmail.com y yo ya os cuento para qué necesito vuestros testimonios, la cosa tan bonita que haré con ellos… y os mandaré las preguntas que me gustaría que me respondierais, si os animáis a participar.

Os he colgado un vídeo de Standstill porque me enamoré ayer de su música. Disfútadlo.

Si prefieres el cibersexo, luego no te quejes de que no tienes sexo, ni de tu soledad.

Estoy revuelta. Estoy triste. Me siento sola. Tranquilos, no me siento sola porque no tenga amigos ni familia que me quieran y me hagan la mejor compañía. Me siento sola porque me falta una figura masculina relevante en mi vida. Vale, tengo un padre fantástico, pero afortunadamente no tengo a mi padre tan idealizado como para que me valga como hombre con todas las implicaciones en mi vida.

Hace tiempo que decidí que no me valían los escarceos sexuales esporádicos. Y seguramente hace el mismo tiempo que me como los mocos sexual y emocionalmente hablando. Es una elección personal que asumo, pero me temo que las consecuencias están yendo demasiado lejos y no sé hasta qué punto tengo la culpa de ello a pesar de todo lo que he aprendido y cambiado hasta ahora.

Quiero decir: Reconozco que no estoy tan disponible sexualmente como pude estarlo en otros momentos más ‘ligeros de cascos’ de mi vida. Pero eso no quiere decir que no sea accesible para conocerme. El problema que observo es que muchos hombres se acercan con interés sexual y cuando ven que no es tan fácil como supuestamente aparento, simplemente ya no intentan ir más allá.

Bien, es un criterio de selección per se, pues ellos mismos se autoeliminan cuando ven que no van a obtener lo que desean. Pero, ¿a dónde están los demás? Entrándome por whatsapp, por twitter, por Facebook, por chat, por mail, por Skype… Síiiii, ¡por las redes sociales! Ahí tenemos a los grandes hombres del siglo XXI dándolo todo, un vacile continuo, venga jueguecitos, venga piropos, venga tonteos, venga pajas virtuales… Pero ahí queda eso. Ninguno pretende ni se molesta en intentar un cara a cara que nos pueda llevar a conocernos, a un principio de amistad y quién sabe si a algo más, a un mínimo contacto físico.

No sé vosotros, pero yo lo necesito. A mí no me basta con la fantasía de que me atraiga alguien, ni con masturbarme con el otro al otro lado del Smartphone o del portátil. A mí lo que me gusta es la realidad, el tú a tú, el saber si la química es verdadera y tangible o producto de la imaginación y de la necesidad de tener una ilusión… y un orgasmo.

Que, si lo piensas, muchas veces lo que hacemos con otros en la cama viene a ser una masturbación individual con un cuerpo ajeno, pero al menos ahí damos cierta oportunidad para el roce y, por tanto, al cariño. Que en el fondo es lo que la mayoría deseamos.

He llegado a un punto en el que lo que busco en un hombre no es el sexo sino todo lo que lo acompaña: los abrazos, los besos, los mimos, las caricias, el sentir que alguien te atrae y que le atraes. El sentir, básicamente. Lo del orgasmo queda en un plano secundario que, además, no me falta conmigo misma. Pero los abrazos no me los puedo dar sola.

Y mientras sigamos aislados, cada cual con nuestro móvil como herramienta sexual, no vamos a salir de nuestro onanismo ni de nuestro micromundo perfecto. Digo perfecto porque nada falla: nadie nos revuelve, nadie nos hace sentir inseguros, ni rechazados, ni cuestionados, ni malos amantes. Nadie nos va a pedir nada porque nadie va a esperar nada de nosotros, ni un mínimo compromiso, ni cierta implicación, ni dar la talla, ni estar al nivel de la conversación o a la altura de las circunstancias cuando sea necesario.

Pero tampoco vamos a obtener nada positivo: Ni amor, ni cariño, ni admiración, ni calor humano, ni apoyo, ni ilusiones con posibilidades de convertirse en realidad, ni ánimos, ni la opción de empezar a jugar y acabar teniendo sexo del bueno, del de verdad, del que se siente, del que te deja con la piel de gallina… preguntándote por qué carajo has estado tanto tiempo sin arriesgarte a intentar tenerlo.

No sé si me pasa a mí sola, que no soy precisamente la mujer más fría, distante y borde del mundo, o nos enfrentamos a un problema social que nos está minando las emociones a muchos. Lo que sí que noto es mucha cobardía, por todas partes, de dar un paso adelante. De ir a por lo que queremos. Como si quisiéramos resguardarnos todos en nuestros pequeños castillos para no salir heridos.

Nadie se lo cree, porque me conocen, pero lo cierto es que hace siglos que ningún hombre me propone quedar, ni una cita para tomar un café o un vino. Y no es ahora por vivir en Conil aislada del mundo, porque desde hace ya tres años, en plena vorágine barcelonesa, comentábamos con mis amigas que los tíos ya no intentaban quedar con nosotras “ni para un polvo”. Como si tuvieran miedo a que por eso les fuéramos a pedir un hijo (que honestamente no es algo que yo tendría de alguien acojonado)  o, quizás, a no dar el nivel que presuponen que exigimos.

En cualquier caso, el miedo es algo que nos paraliza o nos estimula, depende de cómo lo queramos utilizar. Yo también tengo miedo a que pasen de mí, a no gustar, a que me rechacen, a que me hagan daño, etc. Aunque no por eso voy a preferir encerrarme en mí misma y negarme a sentir si hay alguien que merezca el riesgo al otro lado… de la mesa o de la cama. Si se queda cómodamente al otro lado del ordenador ya deduzco que ni merece la pena, ni tampoco es alguien que encaje con mi forma pasional de vivir la vida. Y, oyes, aunque me sienta sola, ellos se lo pierden.

De todos modos, no pienso conformarme con que esto es lo que nos  ha tocado vivir. Quiero sentir, quiero vivir, quiero querer, quiero que me quieran; como todos. Y si tengo que empezar a gritar para que dejéis de alimentar vuestros egos virtuales y os espabiléis para fomentar vuestra autoestima verdadera, pues no me pienso callar. Luego ya hacéis lo que os dé la gana y os haga felices. Que igual lo sois solos, con un simple whatsapp, pero yo, sinceramente, no quiero seguir sintiéndome vacía en la vida real.

Si quieres entender las relaciones, aporta tu granito de arena y suelta tus traumas ;D

Qué, de Semana Santa, eh? Pues yo no. Así que voy a aprovechar que yo trabajo y vosotros tenéis tiempo libre para pediros que me contestéis a unas preguntitas para poder avanzar un poco con el libro del Manual. Verdad que todos queréis entenderos a vosotros mismos y al otro género? Pues hombre, yo os explico lo que está en mi cabeza y en mi mano pero si no ponéis un poquito de vuestra parte… malamente puedo explicar lo que pensáis los demás.

Así que, uno, os pido por vuestra propia salud mental y emocional, que respondáis a la entrevista que os corresponda, a las preguntas que queráis, tan breve o profusamente como queráis, con más o menos sentido del humor, lo que os salga del alma, pero con sinceridad. Para que pueda sacar conclusiones certeras.

Entrevistas Solteras                                                                                            Entrevistas Casadas                                                                                                    Entrevistas Hombres

Y dos, por favor, hacedlo viral, pasádselo a amigas y amigos, a gente que sepáis que está preocupada por el asunto de las relaciones, que necesita entender, que sufre, o que se divierte a su manera. Si consigo 200 entrevistas gracias a vosotros hago un striptease integral por webcam. Es broma, si queréis verme desnuda, vais bajando todos para Conil, seré probablemente la única en toda la playa. Fuera de bromas, a todos los que me contesten a las entrevistas, les prometo el pdf del Manual de la Mujer Actual gratis cuando se publique, en primicia. Los testimonios serán anónimos si así lo deseáis, simplemente ponerme género, edad y localidad, por orientarme demográficamente, y mándadlo a despuesdelpendulazo@gmail.com.

Y a los que no me contestáis, lo siento pero cuando vengáis quejándoos  de lo típico de que todos los hombres o todas las mujeres son iguales, que si qué cabrones, que si estáis todas locas y blablabla, le daré con el Manual en la cabeza, para que espabile. ;D Qué mirad lo que cuenta Martirio en esta saeta que le pasó por no hacerme caso:

Vaaaaaaaaaa, animaos, si la entrevista es un ejercicio de introspección estupendo para desahogarse y entender también qué hacemos con nuestras relaciones y por qué nos van como nos van. No siempre y todo va a ser culpa de los demás, ¿verdad?

Hala, un beso, sed felices y disfrutad como si no hubiera nada después de estas vacaciones.

El que no quiera sexo que tire la primera piedra

Yo pienso y hablo bastante sobre sexo, lo reconozco, es un tema fundamental en mi vida y recurrente en todas mis manifestaciones privadas y públicas. Escribo artículos para revistas, libros como Sexmentiras, he dado charlas, me han consultado como experta para programas de televisión sobre sexo, tiendo a hablar de sexualidad (que no de lo que hago o dejo de hacer) con mis conocidos y amigos e incluso con mi familia, y, cuando me da la gana, no tengo reparos en afirmar, en voz alta o en este blog o en mis redes sociales que tengo ganas de ligar y de echarme un polvo.

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Todo eso, en general, provoca varias opiniones y reacciones que yo acepto con naturalidad porque asumo que es a lo que me expongo por hacer todo lo anterior, pero quiero aclarar unos cuantos puntos porque me temo que no soy la única a la que le afectan estas cosas ni le juzgan por ser sincera en este tema y no caer en la hipocresía que espera la sociedad de nosotras.

Hay gente, la más superficial, imagino, que se lo toma como que estoy desesperada y necesito follar a cualquier costa. Pues no, la verdad, si estuviera desesperada, seguramente, no bromearía con ello; me iría a un bar, echaría el ojo y la caña, y, a casa, a liquidar mi desesperación en un pim pum.

Otra cosa es que me apetezca el sexo, como a cualquier persona con una sexualidad sana, y, otra cosa diferente y más importante, es que yo manifieste abiertamente ese deseo NATURAL, mientras la mayoría de la población sea más pudorosa y se lo calle. Que no lo veo mal, conste, es simplemente, otra forma de ser.

Hay otras personas que piensan que estoy más salida que el pito de un botijo. En fin. A mí me gusta tener orgasmos más que el vino, y los que me conocéis ya sabéis que eso es mucho. Pero las alucinantes cifras de consumo de sexo y de juguetes eróticos revelan que no vengo a ser yo precisamente la única que piensa en y desea autoregalarse orgasmos

Luego están los tíos que presuponen que porque yo trate sin tapujos de sexo en la tele o en un bar tomando algo ya voy a estar suuuuuper predispuesta a follar con ellos, comoquiera que sean, como si fuera pidiéndoles guerra por el hecho de conversar sobre algo tan innato e instintivo en el ser humano.

Bien, señores, NO. Que tienda a hablar de sexo es por motivos divulgativos porque demasiada gente en este país no sabe ni cómo tratar a la otra persona emocional ni sexualmente, ni en la cama ni después de deshacerla. Una verdadera plaga de analfabetos en ambos terrenos, aunque intelectualmente hayan sido capaces de estudiar dos carreras.

Y que me encante practicarlo (creo recordar) no implica que me liaría con cualquiera, es más, justamente por todo lo anterior soy de un selectivo que da asco, y es por eso por lo que me apetece sexo pero luego rechazo la mayoría de las oportunidades que me surgen.

Lo único que implica que sea sexualmente proactiva es que si alguien me gusta, sé lo que quiero y sé cómo demostrarle que estoy disponible, para él, en exclusiva, durante el tiempo en que nos compense a ambos. No significa, en absoluto, como muchos creen, que por ser abiertas de mente ya estamos abiertas de piernas, ahí, para el que así lo desee.

Finalmente, hay gente que se escandaliza y, por ejemplo, en Twitter, deja de seguirme inmediatamente después de un comentario ‘ligerito’ de los míos. Pues nada, adios, haz así con la manita. Si no soportas nada que haga tambalear un poco tus convicciones, no seré yo quién me esfuerce por aligerarte la vida. Pero a nadie le hace daño desaprender creencias tan anticuadas e inexactacas como esa de que los hombres siempre quieren sexo en tanto que las mujeres somos más reticentes y tendemos a poner excusas. 

“Enredadas”, de Elisabeth G. IborraEso es un mito que, hablando con amigas, con conocidas y leyendo, incluso interactuando en redes sociales como Badoo o en chats, se te cae a los pies, como descubrí escribiendo Enredadas.

. Especialmente en la treintena, las mujeres estamos muy hiperactivas hormonalmente, y tenemos muchas ganas de aprovechar esa super libido con quien lo merezca. Así que, perdónadme que os lo diga, pero lo que estáis haciendo con nosotras es un auténtico desperdicio. 

Si te aburres, complícate la vida, pero no te quejes

Esta mañana me aburría. Sí, no porque no tenga trabajo, que me sale por las orejas, sino porque no siento nada, ni me pasa nada, ni me llama nadie, ni me hace ilusión ver a nadie, ni conozco a nadie interesante. O sea, que no sé si estoy viva.

No sé durante cuánto tiempo puede aguantar así un ser humano, pero yo resistiría más sin agua o sin comer que sin sentir, sin emoción, sin adrenalina, sin que me dé vuelcos el estómago o, por lo menos, me puedan los nervios de la incertidumbre. Es que me mata la apatía.

Y es entonces cuando mi mente inquieta y adicta a las descargas químicas hormonales a las que le he acostumbrado durante décadas me hace toc toc y empieza a idear maneras de provocar situaciones que a su vez provoquen algún tipo de movimiento en mi vida sentimental y/o sexual al menos, que a su vez provoquen alguna contracción de la sístole, que la tengo oxidada y se me va a atrofiar.

Vosotros diréis: ¿Pero por qué no se apunta a surf, o a cualquier otra actividad que la entretenga? Ya lo he hecho. Pero eso me mueve todos los músculos menos el corazón. Y a nivel cerebral tampoco da lo mismo de sí. Endorfinas y todo eso, sí, pero yo para saciar las exigencias de mis neurotransmisores necesito mucho más que mar y sol.

Yo necesito meterme en líos. Complicarme la existencia. Meterme en berenjenales. Darle caña a la vida y dejarla que ella me la dé a mí. Luego me divertiré, lo disfrutaré, sentiré, sufriré, padeceré la angustia, me arrepentiré, me autoflagelaré… Y todo lo que encarte. Pero no podré quejarme porque me lo habré buscado yo. Porque, como canta Tiza, Soy la Revoltosa:

En la boca del lobo te metes tú

Ahí es adonde quería ir a parar, por supuesto, no voy a escribir esto por gusto, verdad? No. Lo escribo porque yo alucino cuando la gente, sobre todo las mujeres, se quejan de lo que les ha pasado con tal o cual tipo que han atraído a sus vidas, qué fíjate tú lo que me ha hecho, que qué mal lo estoy pasando… ahí vienen los lloros y los lamentos y el echar balones fuera y culpar al otro de todo lo ocurrido.

Pues no siempre, señoritas y señoritos. NO. Muy habitualmente, sabemos perfectamente que ESA no es la persona conveniente, que no vamos a llegar a ningún lado, que incluso nos puede hacer daño por el camino, que pasa de nosotr@s pero aún así nos empeñamos en forzar la relación, del tipo que sea, para conseguir las migajas, como máximo. Sabemos que nos esquiva, que no nos valora, que nos va a utilizar para lo que le interese (puede ser para obtener algún favor, no necesariamente sexual, aprovechándose de la generosidad del que intenta seducir). Y sin embargo, incitamos el encuentro y nos regalamos o rebajamos para tener un ápice de atención, cariño o de alegría para el cuerpo.

Que yo lo entiendo, es imprescindible de vez en cuando; pero entonces lo más inteligente es reconocer que te has metido en la boca del lobo por aburrimiento, porque necesitas entretenerte para tener algo que contar a los amigos y/o para desviar la atención de carencias emocionales y problemas mucho más acuciantes que te preocupan y preferirías no tener que pensar. Ya lo siento.

Pasar de estar entre algodones empapados a llevar cómodamente una copa

(Chicos, discúlpadme pero hoy hablamos de nuestras cosas, podéis obviar este post y ver sólo el vídeo de South Park, que seguro que os mola más ;D)

Cada vez que veo esos anuncios de compresas, aunque sea esa nueva Devoraolor, me retrotraigo a mi adolescencia y me hago cruces de que aún muchas mujeres sigan llevando esos pañales entre las piernas en pleno siglo XXI.

Voy a hacer una excepción en honor a un par de amigas que han sido madres y me han aclarado que después de parir vuelves a necesitarlas porque, o bien no puedes meterte nada en la vagina durante la cuarentena, o bien, simplemente, nada es suficiente para absorber el flujo de la regla después de dar a luz por la vía natural. Salvado ese caso, insisto, no puedo entender que una parte muy importante de las mujeres del mundo no haya cambiado ya las compresas, sean absorbentes, con alas o incluso de algodón (vaya martirio a todos los niveles) por tampones o por la dichosa y milagrosa copa menstrual.

Lo de los tampones no tiene excusa. Que les da miedo, que les hace daño, que si se les queda dentro. Pero vamos a ver, ¿son todas vírgenes? Porque señoras, si por ahí cabe un pene, y la inmensa mayoría son más grandes que un tampón super plus o la moon cup de silicona, que se adapta a la medida de la vagina, ¿cómo van a tener problemas por usarlos?

Luang Prabang, en Laos

Luang Prabang, en Laos

La última vez que tuve que usar una compresa de esas fue en Laos. Problemón. No encontraba tampones por ningún lado. Al día siguiente tenía contratada una excursión en kayak en la que inevitablemente me iba a mojar hasta las axilas, y con una compresa aquello se podía hinchar y empapar como un algodón del que usamos para curar. Así que emprendí una búsqueda por todo Luang Prabang hasta que encontré una farmacia, donde la farmacéutica, milagro divino, había estudiado en Europa y había reparado en la necesidad que podíamos tener las turistas de disponer de tampones en tan ‘anticuado’ paraje salvaje. Menos mal, porque ir en elefante y remando por el río Mekong con semejante pañalote era cualquier cosa menos cómodo.

Después de mi viaje me enteré de la existencia de la copa menstrual. A buenas horas, con la cantidad de dinero y de peso que me habría ahorrado, cargada con cajas y cajas de tampones en la mochila de país en país, por si en el siguiente destino no tenían.

Me la compré y fui feliz.

Se acabaron los desbordamientos, las sorpresas de haberme olvidado los tampones en casa (sí, soy de las que me olvido de que soy mujer) y darme cuenta ya en un bar a las tantas de la madrugada, teniendo que pedir prestado a camareras o clientas. Con la copa, vas al baño, te la quitas, la lavas y te la vuelves a insertar tan campante.

Con la copa me puedo olvidar de que formo parte de ese porcentaje de la población que sangra una vez al mes durante 5 días sin morirse, como decían en South Park. Es que duermo del tirón sin que el caudal me supere, evitándome tener que dormir con la fundita del colchón impermeable como los niños. Fina no sé, pero segura y limpia, me siento un montón.

Tanto si has parido, si eres de vagina china, o sea, estrechita, como si lo tuyo es como la Puerta de Alcalá, hay una talla para todos los tamaños, o sea que no tienes argumentos para no probarla. Si no te convence, habrás perdido unos 20 euros, que es mucho menos de lo que te vas a gastar en compresas o tampones a lo largo de tu vida. En cambio si te gusta, que estoy convencida, no volverás a gastarte un euro en algodones nunca más. Porque vaya presupuesto mensual, como se nota que los gobernantes son tíos y no tienen que pagar por ello, si no, ya les habrían quitado el IVA hace siglos.

La Copa Meluna

Para que no os perdáis entre los varios productos que hay en el mercado, os recomiendo la copa Meluna, que tiene el chirimbolo para introducirla y sacarla en versión anillo y es mucho más cómoda de agarrar que el pichorro puntiagudo (que no sé por qué se llama modelo pezón) y no se te clava. Porque oye, ahí adentro, si se te tiene que clavar algo, que sean otros entes más agradables.

Vosotras haced lo que queráis, pero ya tenemos bastante con el síndrome premenstrual y los dolores menstruales como para encima sufrir sudores, olores, incomodidades y manchas varias, no?

Si te impresionan las mujeres libres,el inseguro eres tú.

A veces os abandono un poco por falta de tiempo y otra porque no se me ocurre nada interesante que contaros, hasta que de repente se me acumulan conversaciones, experiencias, libros leídos o causalidades, y acaba saliéndome a raudales un post de estos que tanto os gustan pero tan poco me lo demostráis.

En las últimas semanas se han juntado varias circunstancias y una conversación tuitera que va camino de convertirse en ensayo epistolar con @ixa_bell, cuyo blog Ixa Y Punto.  os recomiendo muy encarecidamente porque ella lo vale. Y.

Voy al grano. Dice mi amiga Ixa que hay hombres que se sienten eclipsados por las mujeres como nosotras (en el sentido de que temen que les hagamos sombra). A estas alturas de mi vida, he llegado a relacionarme mayoritariamente con el tipo de hombres a los que no les suelo impresionar ni me tienen precisamente miedo. Es más, se parten el pecho con mis boutades, saben que exagero con mi forma vehemente y apasionada de hablar, que mi pose de diva no es más que un personaje prácticamente de ficción que sirve para darle picante a la tierna que llevo dentro. Y probablemente me adoran precisamente por todo lo que llevo dentro, que viene a ser parecido a lo que ellos llevan, por eso les quiero y son mis amigos.

Yo, a esos hombres a los que no les impresiono, los adoro porque son seguros de sí mismos, inteligentes, fuertes de carácter a la par que sensibles, alfabetos emocionales, comunicativos, ingeniosos, respetuosos, tolerantes, cariñosos, atractivos por fuera por cómo son por dentro, generosos, prácticos, sencillos, directos, honestos, leales y NO MANIPULADORES. Esto último es muy importante para mí como valor en cualquier ser humano.

Un tipo así, coincidiréis conmigo, es difícil que se sienta eclipsado. Te ve de igual a igual y ya está. El hecho de que tú seas segura de ti misma, inteligente, fuerte y toda la retahíla de cualidades no le acobarda ni le hace sentir inferior porque no tiene miedo de que le vayas a quitar su poder, ni a subirte a su chepa y hacer de tu capa un sayo con su vida. Entre otras razones porque no te dejaría hacerlo, él es quien dirige su vida y en todo caso, si quiere, voluntariamente la comparte con alguien que dirija la suya asumiendo sus responsabilidades y metiéndose en sus asuntos.

graffiti encontrado en la web http://www.unpaislibre.com

Inseguros no, gracias, hay que dejarlos crecer.

A los que acojonamos las mujeres libres de alma, mente y cuerpo, es a los inseguros, a los que se quedaron anclados en una época en la que la mujer dependía de ellos para sobrevivir y preferirían que hoy en día siguiera siendo así para no correr el riesgo de que se les escape no ya por irse con otro, sino para estar sola. Qué osadía.

Los inseguros son esos que se están todo el rato comparando contigo como en una especie de competición a ver quién es más listo, en una verborrea imparable por demostrar sus conocimientos; a ver quién es más macho, haciéndote todas las posturitas del kamasutra en la cama en una sola noche; a ver quién tiene más dinero, ostentando reloj, coche, etc. aunque luego te invite a su casa y tengas que llevar tú el vino y no te saque ni unas tristes aceitunas. A ver quién detenta más poder, tratando mal hasta a los camareros para demostrar el genio que tiene con los ‘subordinados’ esos. Los inseguros tienden a despreciar a otros hombres para hacerse los superiores, porque saben que por sus propios hechos, no sobresaldrían jamás. Los inseguros son incapaces de reconocer sus miedos y explicártelos para que puedas comprenderlos y relajarlos, así que van con subrepciones para que no te des cuenta de sus debilidades (como tú si fueras idiota).

Uno de sus trucos es cuestionarte a ti continuamente, para minar tu seguridad, para hacerte sentir inferior, como él, para sentirse más fuerte que tú, aún sabiendo que te hace daño. Un ex rollo mío, que llevaba fatal el pobre su complejo de inferioridad, se atrevió a decirme que a ver si dejaba de comer tanto queso porque luego me quejaría de que no podría ponerme el bikini. (Voy a ser muy elegante y omitir cualquier detalle sobre los motivos de su inseguridad). Le dejé. Y.

Demasiada personalidad para tan poco ego

Ahí es dónde a esos machitos inseguros les acongojamos las mujeres como yo y como Ixa y como muchas otras, cada vez más. Cuando ven que NO te van a poder, que tu autoestima, tu dignidad y tu seguridad en ti misma están a prueba de sus ataques porque les ves el plumero y sabes cuáles son sus puntos vulnerables, huyen, no lo soportan, es demasiado para su escuálido ego… Y prefieren buscarse a otra que no le haga sombra y abandoné hasta su carrera por él, de las de la antigua escuela, modosita, sumisita, obediente, conformista, insegura también y… seguramente, MANIPULADORA.

¿Por qué? Pues porque en el fondo todo el mundo sabe lo que quiere, y o bien lo pide directamente o se lo busca por sí mismo, como hacemos los hombres y las mujeres seguros y con autoestima; o bien lo buscará sibilina y subrepticiamente. Hasta que consiga que el otro se lo dé. El amplio espectro de manipulaciones puede ir desde dejar de tomarse la píldora sin avisar al hombre para quedarse embarazada y cazarlo, hasta del típico ‘Cariño, hay que bajar la basura’ (o sea, ‘baja a tirar la puta basura YA’).

Y aquí el mundo vuelve a ser bello porque al final, sus padres los crían y ellos se juntan. Inseguros y manipuladores por un lado; seguros e independientes por el otro. Las causas de que los inseguros por lo general están emparejados y los seguros no, si eso, ya lo analizamos otro día. Porque de la seguridad muchas veces se deriva la autosuficiencia y el más vale solo que mal acompañado… pero no sé si nos estamos pasando un poquillo de rosca con las exigencias, ¿no? (To be continued).

De cómo evitar que te hagan la cobra y quedar tan amigos

Este fin de semana he tenido una discusión con dos amigas y me gustaría que me ayudarais a dirimir la polémica porque yo sigo en mis trece y ellas en los suyos. Vamos a ir de lo particular a lo universal, para que sea más fácil comprender mi postura (no voy a defender la suya, obviamente).

Poneros en situación.

Estoy con mi prima en un bar, charlando enfrascadas sin echar el ojo en derredor. De repente, nos asaltan dos tipos, un danés que se pone a contarme todo el dinero que gana en un yate de lujo, su mansión en Mallorca, su tendencia a lamer el culo a los ricos para los que cocina… En fin, un coñazo. Mi prima, en cambio, parece bastante entretenida con el andaluz que, a la de diez minutos, ya la ha invitado a un concierto al día siguiente. Como ella no puede ir, le dice que me lo proponga a mí, y da la casualidad de que es uno de mis grupos favoritos, Fuel Fandango.

Pues bien, el chaval me invita a mí de rebote, hablamos un poco de música, cambiamos teléfonos para quedar para el concierto y le anuncio que me voy con mi prima sola en lugar de irnos con él y su amigo, como esperaban ambos, porque yo salí esa noche a hablar con mi prima, no a ligar. Y porque no quería dar pie a nada más, la verdad.

Ya en el concierto, la cosa se empezó a poner fea porque me iba cogiendo de la cintura, y yo esquivándole; me agarraba de la mano y me la besaba, y yo retirándosela; me intentó besar en el cuello obligándome a hacerle la cobra, que casi me lo disloco… Y finalmente, después de todas esas claras muestras de mi desinterés por liarme con él (que no por ser su amiga), me propuso pasar un fin de semana juntos. Ahí ya me saqué un novio de la manga y, entonces sí, por fin, se dio por vencido.

Y yo me/os pregunto: 

¿Es necesario? ¿De verdad hace falta que lleguemos a ese extremo en el que nos vemos obligadas (u obligados, que también pasa) a rechazar abiertamente a otra persona cuando, queriendo captar el mero lenguaje gestual, ya sería suficiente para evitar entrar a matar y llevarte la corná? Es más, ¿por qué hasta que no dices que hay un oponente no respetan tu negativa? ¿No pueden concebir que prefieras irte a dormir sola que acompañada por alguien que no te atrae?

Que sí, que la esperanza es lo último que se pierde, que tienes todo el derecho a intentar conseguir tu objetivo, que la interpretación es muy libre… Pero igual podríamos poner como límite nuestra propia dignidad para no marcharnos luego a casa con el amargo sabor del ridículo.

Un poquito más de Fuel Fandango para amenizar.

Es que si aprendiéramos a seducir o llevarnos el gato al agua con un poco más de sutileza y observando lo que desea la otra persona, no sólo lo que nos gustaría a nosotros, seguramente lograríamos quedarnos en ese punto justo en el que no es posible tener una relación sentimental pero sí una amistad estupenda.

¿O es que no creemos en la amistad entre hombres y mujeres y cada vez que alguien nos proponga quedar hemos de sospechar que es para follar? A mí me da por pensar que puedo conocer a alguien nuevo con quien llevarme bien y, si surgiera la química mutuamente, pues me lanzaría sin problemas.

Pero, en mi opinión, llámadme ilusa, no podemos ir por la vida con la mentalidad de que todos los demás sólo quieren beneficiársenos, ¿no? No sé, yo no soy tan engreída ni estoy tan salida (aunque lo parezca ;D). Y vosotras/os, ¿qué opináis?

En Sevilla capitaaaaá…

Oju, qué caló, shiquillo.