No todo van a ser preguntas, ¿verdad?

Lo cierto es que este blog, y el libro que voy a escribir (a partir de la investigación que estoy realizando y gracias a vuestros comentarios) no se me habría ocurrido si no fuera por mi propia experiencia personal.

Porque antes de escribir un manual sobre lo que nossucede a las mujeres como mínimo necesitaba entenderme a mí misma. No soy capaz de hacer como muchos psicólogos y terapeutas que se atreven a analizar y, supuestamente, ayudar a otros cuando ellos mismos están para el manicomio.

Antes de sentir la necesidad de escribir este libro, pasé muchos años más perdida y confundida que una canica en un baile. No tenía ni idea de lo que estaba pasando con mi vida, de por qué era incapaz de mantener una relación mínimamente sana y cuerda. Andaba por ahí dando palos de ciego y más de uno cayó por el camino, aparte de las hostias que me di yo contra muros más altos que el mío (que ya es decir).

Asumir las propias responsabilidades (y taras)

Como no puedo estar eternamente echando balones fuera, autoconvenciéndome de que siempre son los demás los culpables de que las relaciones no funcionen, llegados a cierto punto de frustración tuve que considerar que quizás era yo la que estaba provocando que, durante años, sólo me atrajeran y se sintieran atraídos por mí hombres con un síndrome de Peter Pan únicamente comparable al mío. Tuve que reconocer que era una Campanilla de Manual, y que si seguía así, mis relaciones sentimentales seguirían siendo imposibles más allá de un rollo divertido.

Un rollo (o uno tras otro) divertido está muy bien mientras te hace sentir feliz, pero cuando te empieza a causar vacío y sientes que necesitas dar y recibir más, indudablemente hay que plantearse cambios.

Ahora bien, ¿qué cambios, si no sabes ni qué es lo que estás haciendo mal ni por qué? Pues toca analizar. Auto-psico-analizarme. De los 28 a los 33 me he pasado horas muertas analizándome. Hasta el último resquicio de mi mente y de mi corazón. Hasta el aburrimiento. Hasta la extenuación. Hasta el dolor. Porque reconocer que te has perdido a ti misma duele.

Pero el dolor no dura eternamente.

Cuando te aclaras y entiendes los motivos por los que te comportas de determinada manera en las relaciones, te sientes bastante aliviada y puedes plantearte qué quieres y cómo puedes conseguirlo.

Ahí comienzan los cambios internos. Los que nadie entiende ni tú misma sabes bien cómo llevar a cabo. Desde que cumplí los 34 me he sentido una mujer en prácticas. Sí, como una niña comenzando a andar. No tenía ni la menor orientación de cómo comportarme con los hombres, prefería tenerlos como amigos y aprender de su forma de ser hombres que exponerme a hacer el ridículo más espantoso y meter la gamba.

Con los meses, me he ido resituando y, para no andarme con complicaciones, he acabado volviendo a mi adolescencia. A mi esencia de mujer. A la naturalidad, la espontaneidad, la frescura esa en la que te gustaba alguien, te dejabas llevar y permitías que todo fluyera sin malos rollos ni mataduras de cabeza.

No quiero decir que ésta sea la panacea global, simplemente ha sido mi fórmula personal, como puede haber billones. Pero al menos sí que ha cambiado el tipo de hombres que atraigo y que me atraen, (bueno, de vez en cuando recaigo, jaja), y las relaciones que mantengo con ellos y ellos conmigo. Pero eso os lo contaré otro día.

Y tú, ¿cómo lo llevas? (No puedo evitar preguntar, es deformación profesional).

Bienvenidas todas a vuestro nuevo salón

Si ya has leído Mi teoría sobre el efecto péndulo femenino y esa columnita de la derecha en la que te has sentido identificada y/o curiosa, ahora ya sólo necesito darte la bienvenida a tu propio espacio.

Quiero que este sea como el salón de tu casa cuando te reúnes con tus amigas a conversar, a sincerarte sobre tus preocupaciones y tus deseos.

Ese sofá en el que te sientas a escuchar opiniones y consejos de aquellas que ven tu situación desde fuera,  de las que ya han vivido experiencias parecidas, o de las que siempre hacen el análisis acertado.

Estamos en una etapa de incertidumbre y de transición, y entre que la pasas y no, surgen muchas dudas y muchas angustias, los sentimientos a veces arrasan con todo tu optimismo y buena voluntad, los cambios se hacen duros porque ni siquiera sabes cuáles son necesarios para ser más feliz contigo misma y con los hombres en tus relaciones…

No ves el final del túnel porque vas tropezándote cada dos por tres y necesitas ir pendiente del camino, pero el final está ahí, a la vuelta de la esquina. Sólo necesitas charlar mucho contigo misma, pero sin autoengañarte, e ir analizando todo aquello que no te funciona, que te hace daño.

Esto no es un blog de autoayuda pero nosotras sabemos que dialogando, leyendo y reflexionando sobre nuestros asuntos, aprendemos cómo seguir adelante triunfantes. Ese es el poder de la comunicación femenina, por eso hablamos por los codos, porque así nos conocemos por dentro, y conocemos mejor a la gente con la que nos relacionamos.

Vamos a aprovechar eso para resolver esta crisis que no es económica, sino del modelo que hemos improvisado imitando a otros, y que ya no nos sirve porque nos hace perder o renunciar a toda la femineidad y nos impide disfrutar de la gran maravilla de ser mujer… y de dejar que los hombres actúen como hombres.

A partir de ahora, habrá interesantes tertulias en tu salón tan a menudo como tú quieras, prepárate un vino y déjame que sea tu nueva amiga.