Si prefieres el cibersexo, luego no te quejes de que no tienes sexo, ni de tu soledad.

Estoy revuelta. Estoy triste. Me siento sola. Tranquilos, no me siento sola porque no tenga amigos ni familia que me quieran y me hagan la mejor compañía. Me siento sola porque me falta una figura masculina relevante en mi vida. Vale, tengo un padre fantástico, pero afortunadamente no tengo a mi padre tan idealizado como para que me valga como hombre con todas las implicaciones en mi vida.

Hace tiempo que decidí que no me valían los escarceos sexuales esporádicos. Y seguramente hace el mismo tiempo que me como los mocos sexual y emocionalmente hablando. Es una elección personal que asumo, pero me temo que las consecuencias están yendo demasiado lejos y no sé hasta qué punto tengo la culpa de ello a pesar de todo lo que he aprendido y cambiado hasta ahora.

Quiero decir: Reconozco que no estoy tan disponible sexualmente como pude estarlo en otros momentos más ‘ligeros de cascos’ de mi vida. Pero eso no quiere decir que no sea accesible para conocerme. El problema que observo es que muchos hombres se acercan con interés sexual y cuando ven que no es tan fácil como supuestamente aparento, simplemente ya no intentan ir más allá.

Bien, es un criterio de selección per se, pues ellos mismos se autoeliminan cuando ven que no van a obtener lo que desean. Pero, ¿a dónde están los demás? Entrándome por whatsapp, por twitter, por Facebook, por chat, por mail, por Skype… Síiiii, ¡por las redes sociales! Ahí tenemos a los grandes hombres del siglo XXI dándolo todo, un vacile continuo, venga jueguecitos, venga piropos, venga tonteos, venga pajas virtuales… Pero ahí queda eso. Ninguno pretende ni se molesta en intentar un cara a cara que nos pueda llevar a conocernos, a un principio de amistad y quién sabe si a algo más, a un mínimo contacto físico.

No sé vosotros, pero yo lo necesito. A mí no me basta con la fantasía de que me atraiga alguien, ni con masturbarme con el otro al otro lado del Smartphone o del portátil. A mí lo que me gusta es la realidad, el tú a tú, el saber si la química es verdadera y tangible o producto de la imaginación y de la necesidad de tener una ilusión… y un orgasmo.

Que, si lo piensas, muchas veces lo que hacemos con otros en la cama viene a ser una masturbación individual con un cuerpo ajeno, pero al menos ahí damos cierta oportunidad para el roce y, por tanto, al cariño. Que en el fondo es lo que la mayoría deseamos.

He llegado a un punto en el que lo que busco en un hombre no es el sexo sino todo lo que lo acompaña: los abrazos, los besos, los mimos, las caricias, el sentir que alguien te atrae y que le atraes. El sentir, básicamente. Lo del orgasmo queda en un plano secundario que, además, no me falta conmigo misma. Pero los abrazos no me los puedo dar sola.

Y mientras sigamos aislados, cada cual con nuestro móvil como herramienta sexual, no vamos a salir de nuestro onanismo ni de nuestro micromundo perfecto. Digo perfecto porque nada falla: nadie nos revuelve, nadie nos hace sentir inseguros, ni rechazados, ni cuestionados, ni malos amantes. Nadie nos va a pedir nada porque nadie va a esperar nada de nosotros, ni un mínimo compromiso, ni cierta implicación, ni dar la talla, ni estar al nivel de la conversación o a la altura de las circunstancias cuando sea necesario.

Pero tampoco vamos a obtener nada positivo: Ni amor, ni cariño, ni admiración, ni calor humano, ni apoyo, ni ilusiones con posibilidades de convertirse en realidad, ni ánimos, ni la opción de empezar a jugar y acabar teniendo sexo del bueno, del de verdad, del que se siente, del que te deja con la piel de gallina… preguntándote por qué carajo has estado tanto tiempo sin arriesgarte a intentar tenerlo.

No sé si me pasa a mí sola, que no soy precisamente la mujer más fría, distante y borde del mundo, o nos enfrentamos a un problema social que nos está minando las emociones a muchos. Lo que sí que noto es mucha cobardía, por todas partes, de dar un paso adelante. De ir a por lo que queremos. Como si quisiéramos resguardarnos todos en nuestros pequeños castillos para no salir heridos.

Nadie se lo cree, porque me conocen, pero lo cierto es que hace siglos que ningún hombre me propone quedar, ni una cita para tomar un café o un vino. Y no es ahora por vivir en Conil aislada del mundo, porque desde hace ya tres años, en plena vorágine barcelonesa, comentábamos con mis amigas que los tíos ya no intentaban quedar con nosotras “ni para un polvo”. Como si tuvieran miedo a que por eso les fuéramos a pedir un hijo (que honestamente no es algo que yo tendría de alguien acojonado)  o, quizás, a no dar el nivel que presuponen que exigimos.

En cualquier caso, el miedo es algo que nos paraliza o nos estimula, depende de cómo lo queramos utilizar. Yo también tengo miedo a que pasen de mí, a no gustar, a que me rechacen, a que me hagan daño, etc. Aunque no por eso voy a preferir encerrarme en mí misma y negarme a sentir si hay alguien que merezca el riesgo al otro lado… de la mesa o de la cama. Si se queda cómodamente al otro lado del ordenador ya deduzco que ni merece la pena, ni tampoco es alguien que encaje con mi forma pasional de vivir la vida. Y, oyes, aunque me sienta sola, ellos se lo pierden.

De todos modos, no pienso conformarme con que esto es lo que nos  ha tocado vivir. Quiero sentir, quiero vivir, quiero querer, quiero que me quieran; como todos. Y si tengo que empezar a gritar para que dejéis de alimentar vuestros egos virtuales y os espabiléis para fomentar vuestra autoestima verdadera, pues no me pienso callar. Luego ya hacéis lo que os dé la gana y os haga felices. Que igual lo sois solos, con un simple whatsapp, pero yo, sinceramente, no quiero seguir sintiéndome vacía en la vida real.

Si te aburres, complícate la vida, pero no te quejes

Esta mañana me aburría. Sí, no porque no tenga trabajo, que me sale por las orejas, sino porque no siento nada, ni me pasa nada, ni me llama nadie, ni me hace ilusión ver a nadie, ni conozco a nadie interesante. O sea, que no sé si estoy viva.

No sé durante cuánto tiempo puede aguantar así un ser humano, pero yo resistiría más sin agua o sin comer que sin sentir, sin emoción, sin adrenalina, sin que me dé vuelcos el estómago o, por lo menos, me puedan los nervios de la incertidumbre. Es que me mata la apatía.

Y es entonces cuando mi mente inquieta y adicta a las descargas químicas hormonales a las que le he acostumbrado durante décadas me hace toc toc y empieza a idear maneras de provocar situaciones que a su vez provoquen algún tipo de movimiento en mi vida sentimental y/o sexual al menos, que a su vez provoquen alguna contracción de la sístole, que la tengo oxidada y se me va a atrofiar.

Vosotros diréis: ¿Pero por qué no se apunta a surf, o a cualquier otra actividad que la entretenga? Ya lo he hecho. Pero eso me mueve todos los músculos menos el corazón. Y a nivel cerebral tampoco da lo mismo de sí. Endorfinas y todo eso, sí, pero yo para saciar las exigencias de mis neurotransmisores necesito mucho más que mar y sol.

Yo necesito meterme en líos. Complicarme la existencia. Meterme en berenjenales. Darle caña a la vida y dejarla que ella me la dé a mí. Luego me divertiré, lo disfrutaré, sentiré, sufriré, padeceré la angustia, me arrepentiré, me autoflagelaré… Y todo lo que encarte. Pero no podré quejarme porque me lo habré buscado yo. Porque, como canta Tiza, Soy la Revoltosa:

En la boca del lobo te metes tú

Ahí es adonde quería ir a parar, por supuesto, no voy a escribir esto por gusto, verdad? No. Lo escribo porque yo alucino cuando la gente, sobre todo las mujeres, se quejan de lo que les ha pasado con tal o cual tipo que han atraído a sus vidas, qué fíjate tú lo que me ha hecho, que qué mal lo estoy pasando… ahí vienen los lloros y los lamentos y el echar balones fuera y culpar al otro de todo lo ocurrido.

Pues no siempre, señoritas y señoritos. NO. Muy habitualmente, sabemos perfectamente que ESA no es la persona conveniente, que no vamos a llegar a ningún lado, que incluso nos puede hacer daño por el camino, que pasa de nosotr@s pero aún así nos empeñamos en forzar la relación, del tipo que sea, para conseguir las migajas, como máximo. Sabemos que nos esquiva, que no nos valora, que nos va a utilizar para lo que le interese (puede ser para obtener algún favor, no necesariamente sexual, aprovechándose de la generosidad del que intenta seducir). Y sin embargo, incitamos el encuentro y nos regalamos o rebajamos para tener un ápice de atención, cariño o de alegría para el cuerpo.

Que yo lo entiendo, es imprescindible de vez en cuando; pero entonces lo más inteligente es reconocer que te has metido en la boca del lobo por aburrimiento, porque necesitas entretenerte para tener algo que contar a los amigos y/o para desviar la atención de carencias emocionales y problemas mucho más acuciantes que te preocupan y preferirías no tener que pensar. Ya lo siento.

Volvamos a la naturalidad y la espontaneidad de la adolescencia, por favor.

Esta sociedad está mal hecha. Probablemente es por habernos desviado de nuestra naturaleza, que nos ha abocado a elaborar una serie de complicadas estrategias para relacionarnos con los demás, especialmente con el otro género.

En una sociedad sana, es más, tal y como hacíamos en plena adolescencia, chico conoce chica, se gustan, se besan, salen juntos, si se siguen llevando bien, continúan y si no, lo dejan y salen con otros; ya sean amigos del anterior o desconocidos de otros grupos. Putadilla cuando uno está más enamorado que el que le deja, pero aprende que la vida es así y que la química no dura eternamente y a otra cosa, mariposa.

Foto tomada de www.vayatele.com Ahí sí se liaban todos.

 

Foto de Sensación de vivir tomada de http://www.vayatele.com Ahí sí se liaban todos con todas.

Después de esos escarceos empiezan los miedos, las expectativas nuestras y de los demás por las relaciones que establecemos, las inseguridades, los traumas, etc. Y perdemos toda naturalidad y espontaneidad en nuestras interacciones. No vaya a ser que se nos note lo que sentimos, no vaya a ser que nos rechacen o que el otro quiera otro tipo de rollo diferente y nos haga daño, no vaya a ser que piense que yo… No vaya a ser que me arriesgue a sufrir, en definitiva.

Y así llegamos a los 30, con unas ganas de amar y/o de follar locas que no nos atrevemos a colmar. Y cuando la química, la necesidad, las feromonas, las hormonas y todos los astros confluyen por pura casualidad y por fin nos lanzamos… pues la volvemos a cagar con estratagemas: o bien para cazar o bien para huir, o bien para no dar el primer paso o bien para dar el último.

Cada cual en su castillo, parapeteados y solos

Nadie quiere mojarse, nadie quiere quedar como el perdedor o la arrastrada (cámbiese el género en ambos adjetivos), nadie quiere demostrar que sintió más que el otro, o que quería más.

Empiezan así los tira y afloja de ver quién aguanta más sin follar la primera noche y la segunda, como si eso fuera garantía de respeto o de duración. Comienza la lucha por ver quién tarda más en llamar, en dar señales de vida, en ceder en su orgullo.

El cuadro de Mujer Recostada, de la gran Lempicka, que estaría esperando?

 

El cuadro de Mujer Recostada, de la gran Lempicka, ¿qué estaría esperando?

Se miden los días para mandar un mensaje, según el código tácito de lo que significan los tiempos en materia de intenciones y sentimientos: Si tarda una semana, sólo quiere un polvo; si te llama al día siguiente, está super colgado, demasiado fácil; si manda un mensaje mono y a los dos o tres días te llama, vamos por buen camino. Y así de estúpido todo.

Las tías, por supuesto, aunque nos mordamos los dedos de los pies, no debemos llamar, porque sería como extirparles su papel de macho y perderían todo interés, en cuanto que pensarían que estamos desesperadas por atraparlos en nuestras redes.

Yo, personalmente, no estoy nada de acuerdo con estas normas no escritas en materia de seducción. Es más, me la extra sudan. Cuando quiero algo, voy a por ello, hago y digo lo que siento y cuando me da la gana, no espero al mes que viene. Soy así, no es porque esté más o menos colgada de nadie, sino porque soy apasionada y vivo el momento, en cualquier faceta de mi vida; no creo que justamente tenga que ser diferente en la que más pasión requiere. Y si sé lo que quiero, tampoco entiendo por qué dilatarlo si puedo empezar a disfrutar antes. Llamadme bonoba, todo bien.

Yo soy así, y así seguiré

El problema es que vivo en ESTA sociedad donde, todo el mundo, le guste o no, está acostumbrado a regirse según esos patrones generalizados. De modo que si me comporto según me sale del alma, me acabo matando mogollón la cabeza porque el otro me malinterpreta y se agazapa ahí tras sus escudos, como si le fuera a acuchillar en vez de a darle placer.

O sea que, al cabo de los años, he tenido que aprender a replegarme, hacerme la dura y cumplir las normas del juego. No me ha ido mejor por ello, de todos modos, como a la mayoría de la población occidental que juega a estas chorradas. Tendríais que hacéroslo mirar.

Yo, por mi parte, prefiero volver a las andadas y relacionarme a mi manera porque no soy capaz de fingir lo que no soy o siento, ni llegaré a comulgar con esas reglas por mucho que me esfuerce. ¿Y sabéis qué? Tampoco quiero cambiar. Al que no le guste, que no mire, tiene millones de mujeres más para elegir. Que estoy ya muy mayor para gilipolleces.

Oeee? Me siento sola, sniff. Hablo sola, sniff. Escribo para mi sola, sniff.

La verdad es que estoy cogiendo un complejo de loca que no os lo creéis. ¿Por qué? Pues porque tengo la impresión de que hablo sola… Escribo y escribo posts en el blog… y apenas me hacéis comentarios.

Y no sé si es que no los leéis, no os interesan, no os llegan a conmover o simplemente, os da pereza comentarlos. Igual lo estoy haciendo fatal y os da por saco lo que escribo. Por dios, dad señales. Voy a empezar a debatir conmigo misma para animar un poco el cotarro.

En serio que yo todo esto lo tengo ya aprendido y no necesito escribir sobre ello para aclararme. Lo hago por si os puede aportar algo, por si puedo colaborar a mejorar un poco nuestras relaciones heterosexuales, favorecer el entendimiento mutuo. Escribo para que nos enriquezcamos mutuamente, para que me deis otros puntos de vista, para que me demostréis que estoy equivocada, o que hay otras formas de ser una mujer actual. Porque de la compilación sobre todo lo que me contéis saldrá el Manual de la Mujer Actual.
Después del pendulazo

después del pendulazo

E insisto, sin vuestros testimonios, no voy a escribir un libro que os ayude, sino una autobiografía (con apenas 35 años!!!!). Os juro que mi vida se puede resumir en un capítulo, véase este relato, que os adjunto en pdf debajo de la foto. Así ya lo sabréis todo e igual empieza a interesaros contarme algo de lo que os preocupa, os afecta, os duele, os hace mataros la cabeza, os pesa, o hasta me podríais dar consejos, yo qué sé… pero si me leéis, manifestaros. Por piedad.