Es fácil ligar… si sabes cómo interpretar las señales.

Vuelvo del ‘acueducto’, por fin. Siento haberos abandonado pero estaba muy ocupada por ahí haciendo de mujer. Me he puesto mis galas más ensalzadoras, he lanzado feromonas al aire como fuegos artificiales, he clavado miradas que podrían haber fundido al Hombre de Hierro, he desplegado toda mi simpatía y verborrea exacerbada por el vino, he pestañeado convenientemente con mi mejor carita de Betty Boop, y nada, sin éxito, oyes, ni un abrazo ni medio beso. Por no hablar de una proposición indecente.

Myself, en 2006, por cortesía de la fotógrafa Marta Calvo.

Myself, en 2006, para que veáis que lo de la cara de Betty no es broma.

Betty Boop

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y dices tú: Pues tampoco está tan mal la chavala. No. La verdad es que podría ser bastante peor. Y quizás ligaría más. Pero el problema no es que no ligue, sino con quién. Porque hace dos semanas os hablaba de las mujeres que pretenden que el hombre pague todo por el hecho de serlo, pero para darme en los morros la vida me puso a prueba con un tipo que hace todo lo contrario: Va sin dinero por el mundo. Pero no por ello se queda en casa, no. Sale y pide. Pide vino, pide tabaco, pide que le invites a cenar un día… y para contactar contigo, te manda un sms de Vodafone para que le llames tú porque no tiene saldo. Ya tiene delito.

Y aquí le doy la vuelta al argumento del post anterior. Vale que el hombre no tenga que pagarlo todo, pero de ahí a pretender vivir a mi costa… va un largo trecho. Es una cuestión de dignidad, no de género. Y a mí las personas indignas como que me repelen. No puc.

Y ésa es otra.

Jamás entenderé cómo alguien a quien has rechazado expresamente como objeto de deseo sigue insistiendo y perdiendo los papeles hasta arrastrarse, en lugar de retirarse y dejar que las cosas fluyan por el camino de la amistad (si se da el caso). ¿Es necesario rebajarse tanto cuando te han dejado claro que no vas a conseguir nada? Me refiero tanto a mujeres como a hombres, que no saben dónde está el límite entre apostar por lo que deseas y dar el coñazo.

Es tan fácil como leer las señales.

Fijarte. Escuchar. Mirar. Y no interpretar en función de lo que te gustaría que fuera sino en lo que está pasando realmente. Si te mira, 1 punto. Si se interesa por conocerte, 2 puntos. Si tiene detalles bonitos, 3 puntos. Si pulula alrededor, 4 puntos. Si te busca, 5 puntos. Si quiere verte más, 6 puntos. Si te llama, 7 puntos. Si hace planes contigo, 8 puntos. Si te incluye en sus planes con sus amigos, 9 puntos. Si se te acerca mucho y te roza, y te intenta besar, ya lo tienes.

Si no hace todo lo anterior, es que pasa de tu cara así que… NO TE EMPEÑES!! No hay excusas, no hay motivos, no hay argumentos, no hay nada. Si quiere, lo demostrará y si no lo demuestra, es porque no quiere nada contigo. Simplemente.

Por eso, señoras y señores, yo este puente me he ido solita a dormir todos los días, pero con la frente muy alta porque no he cometido las estupideces que hacía antes de perseguir lo imposible e interpretar lo que me convenía donde no había ni señales de humo. Eso se acabó, como canta mi querida María Jimenez:

Y si todos fuéramos más realistas, nos evitaríamos bastantes situaciones en las que nos sentimos denigrados y ridículos. Porque no es el otro el que nos hace sentir así, somos nosotros los que nos exponemos innecesariamente.