Si te impresionan las mujeres libres,el inseguro eres tú.

A veces os abandono un poco por falta de tiempo y otra porque no se me ocurre nada interesante que contaros, hasta que de repente se me acumulan conversaciones, experiencias, libros leídos o causalidades, y acaba saliéndome a raudales un post de estos que tanto os gustan pero tan poco me lo demostráis.

En las últimas semanas se han juntado varias circunstancias y una conversación tuitera que va camino de convertirse en ensayo epistolar con @ixa_bell, cuyo blog Ixa Y Punto.  os recomiendo muy encarecidamente porque ella lo vale. Y.

Voy al grano. Dice mi amiga Ixa que hay hombres que se sienten eclipsados por las mujeres como nosotras (en el sentido de que temen que les hagamos sombra). A estas alturas de mi vida, he llegado a relacionarme mayoritariamente con el tipo de hombres a los que no les suelo impresionar ni me tienen precisamente miedo. Es más, se parten el pecho con mis boutades, saben que exagero con mi forma vehemente y apasionada de hablar, que mi pose de diva no es más que un personaje prácticamente de ficción que sirve para darle picante a la tierna que llevo dentro. Y probablemente me adoran precisamente por todo lo que llevo dentro, que viene a ser parecido a lo que ellos llevan, por eso les quiero y son mis amigos.

Yo, a esos hombres a los que no les impresiono, los adoro porque son seguros de sí mismos, inteligentes, fuertes de carácter a la par que sensibles, alfabetos emocionales, comunicativos, ingeniosos, respetuosos, tolerantes, cariñosos, atractivos por fuera por cómo son por dentro, generosos, prácticos, sencillos, directos, honestos, leales y NO MANIPULADORES. Esto último es muy importante para mí como valor en cualquier ser humano.

Un tipo así, coincidiréis conmigo, es difícil que se sienta eclipsado. Te ve de igual a igual y ya está. El hecho de que tú seas segura de ti misma, inteligente, fuerte y toda la retahíla de cualidades no le acobarda ni le hace sentir inferior porque no tiene miedo de que le vayas a quitar su poder, ni a subirte a su chepa y hacer de tu capa un sayo con su vida. Entre otras razones porque no te dejaría hacerlo, él es quien dirige su vida y en todo caso, si quiere, voluntariamente la comparte con alguien que dirija la suya asumiendo sus responsabilidades y metiéndose en sus asuntos.

graffiti encontrado en la web http://www.unpaislibre.com

Inseguros no, gracias, hay que dejarlos crecer.

A los que acojonamos las mujeres libres de alma, mente y cuerpo, es a los inseguros, a los que se quedaron anclados en una época en la que la mujer dependía de ellos para sobrevivir y preferirían que hoy en día siguiera siendo así para no correr el riesgo de que se les escape no ya por irse con otro, sino para estar sola. Qué osadía.

Los inseguros son esos que se están todo el rato comparando contigo como en una especie de competición a ver quién es más listo, en una verborrea imparable por demostrar sus conocimientos; a ver quién es más macho, haciéndote todas las posturitas del kamasutra en la cama en una sola noche; a ver quién tiene más dinero, ostentando reloj, coche, etc. aunque luego te invite a su casa y tengas que llevar tú el vino y no te saque ni unas tristes aceitunas. A ver quién detenta más poder, tratando mal hasta a los camareros para demostrar el genio que tiene con los ‘subordinados’ esos. Los inseguros tienden a despreciar a otros hombres para hacerse los superiores, porque saben que por sus propios hechos, no sobresaldrían jamás. Los inseguros son incapaces de reconocer sus miedos y explicártelos para que puedas comprenderlos y relajarlos, así que van con subrepciones para que no te des cuenta de sus debilidades (como tú si fueras idiota).

Uno de sus trucos es cuestionarte a ti continuamente, para minar tu seguridad, para hacerte sentir inferior, como él, para sentirse más fuerte que tú, aún sabiendo que te hace daño. Un ex rollo mío, que llevaba fatal el pobre su complejo de inferioridad, se atrevió a decirme que a ver si dejaba de comer tanto queso porque luego me quejaría de que no podría ponerme el bikini. (Voy a ser muy elegante y omitir cualquier detalle sobre los motivos de su inseguridad). Le dejé. Y.

Demasiada personalidad para tan poco ego

Ahí es dónde a esos machitos inseguros les acongojamos las mujeres como yo y como Ixa y como muchas otras, cada vez más. Cuando ven que NO te van a poder, que tu autoestima, tu dignidad y tu seguridad en ti misma están a prueba de sus ataques porque les ves el plumero y sabes cuáles son sus puntos vulnerables, huyen, no lo soportan, es demasiado para su escuálido ego… Y prefieren buscarse a otra que no le haga sombra y abandoné hasta su carrera por él, de las de la antigua escuela, modosita, sumisita, obediente, conformista, insegura también y… seguramente, MANIPULADORA.

¿Por qué? Pues porque en el fondo todo el mundo sabe lo que quiere, y o bien lo pide directamente o se lo busca por sí mismo, como hacemos los hombres y las mujeres seguros y con autoestima; o bien lo buscará sibilina y subrepticiamente. Hasta que consiga que el otro se lo dé. El amplio espectro de manipulaciones puede ir desde dejar de tomarse la píldora sin avisar al hombre para quedarse embarazada y cazarlo, hasta del típico ‘Cariño, hay que bajar la basura’ (o sea, ‘baja a tirar la puta basura YA’).

Y aquí el mundo vuelve a ser bello porque al final, sus padres los crían y ellos se juntan. Inseguros y manipuladores por un lado; seguros e independientes por el otro. Las causas de que los inseguros por lo general están emparejados y los seguros no, si eso, ya lo analizamos otro día. Porque de la seguridad muchas veces se deriva la autosuficiencia y el más vale solo que mal acompañado… pero no sé si nos estamos pasando un poquillo de rosca con las exigencias, ¿no? (To be continued).

Volvamos a la naturalidad y la espontaneidad de la adolescencia, por favor.

Esta sociedad está mal hecha. Probablemente es por habernos desviado de nuestra naturaleza, que nos ha abocado a elaborar una serie de complicadas estrategias para relacionarnos con los demás, especialmente con el otro género.

En una sociedad sana, es más, tal y como hacíamos en plena adolescencia, chico conoce chica, se gustan, se besan, salen juntos, si se siguen llevando bien, continúan y si no, lo dejan y salen con otros; ya sean amigos del anterior o desconocidos de otros grupos. Putadilla cuando uno está más enamorado que el que le deja, pero aprende que la vida es así y que la química no dura eternamente y a otra cosa, mariposa.

Foto tomada de www.vayatele.com Ahí sí se liaban todos.

 

Foto de Sensación de vivir tomada de http://www.vayatele.com Ahí sí se liaban todos con todas.

Después de esos escarceos empiezan los miedos, las expectativas nuestras y de los demás por las relaciones que establecemos, las inseguridades, los traumas, etc. Y perdemos toda naturalidad y espontaneidad en nuestras interacciones. No vaya a ser que se nos note lo que sentimos, no vaya a ser que nos rechacen o que el otro quiera otro tipo de rollo diferente y nos haga daño, no vaya a ser que piense que yo… No vaya a ser que me arriesgue a sufrir, en definitiva.

Y así llegamos a los 30, con unas ganas de amar y/o de follar locas que no nos atrevemos a colmar. Y cuando la química, la necesidad, las feromonas, las hormonas y todos los astros confluyen por pura casualidad y por fin nos lanzamos… pues la volvemos a cagar con estratagemas: o bien para cazar o bien para huir, o bien para no dar el primer paso o bien para dar el último.

Cada cual en su castillo, parapeteados y solos

Nadie quiere mojarse, nadie quiere quedar como el perdedor o la arrastrada (cámbiese el género en ambos adjetivos), nadie quiere demostrar que sintió más que el otro, o que quería más.

Empiezan así los tira y afloja de ver quién aguanta más sin follar la primera noche y la segunda, como si eso fuera garantía de respeto o de duración. Comienza la lucha por ver quién tarda más en llamar, en dar señales de vida, en ceder en su orgullo.

El cuadro de Mujer Recostada, de la gran Lempicka, que estaría esperando?

 

El cuadro de Mujer Recostada, de la gran Lempicka, ¿qué estaría esperando?

Se miden los días para mandar un mensaje, según el código tácito de lo que significan los tiempos en materia de intenciones y sentimientos: Si tarda una semana, sólo quiere un polvo; si te llama al día siguiente, está super colgado, demasiado fácil; si manda un mensaje mono y a los dos o tres días te llama, vamos por buen camino. Y así de estúpido todo.

Las tías, por supuesto, aunque nos mordamos los dedos de los pies, no debemos llamar, porque sería como extirparles su papel de macho y perderían todo interés, en cuanto que pensarían que estamos desesperadas por atraparlos en nuestras redes.

Yo, personalmente, no estoy nada de acuerdo con estas normas no escritas en materia de seducción. Es más, me la extra sudan. Cuando quiero algo, voy a por ello, hago y digo lo que siento y cuando me da la gana, no espero al mes que viene. Soy así, no es porque esté más o menos colgada de nadie, sino porque soy apasionada y vivo el momento, en cualquier faceta de mi vida; no creo que justamente tenga que ser diferente en la que más pasión requiere. Y si sé lo que quiero, tampoco entiendo por qué dilatarlo si puedo empezar a disfrutar antes. Llamadme bonoba, todo bien.

Yo soy así, y así seguiré

El problema es que vivo en ESTA sociedad donde, todo el mundo, le guste o no, está acostumbrado a regirse según esos patrones generalizados. De modo que si me comporto según me sale del alma, me acabo matando mogollón la cabeza porque el otro me malinterpreta y se agazapa ahí tras sus escudos, como si le fuera a acuchillar en vez de a darle placer.

O sea que, al cabo de los años, he tenido que aprender a replegarme, hacerme la dura y cumplir las normas del juego. No me ha ido mejor por ello, de todos modos, como a la mayoría de la población occidental que juega a estas chorradas. Tendríais que hacéroslo mirar.

Yo, por mi parte, prefiero volver a las andadas y relacionarme a mi manera porque no soy capaz de fingir lo que no soy o siento, ni llegaré a comulgar con esas reglas por mucho que me esfuerce. ¿Y sabéis qué? Tampoco quiero cambiar. Al que no le guste, que no mire, tiene millones de mujeres más para elegir. Que estoy ya muy mayor para gilipolleces.

Ponerle nota a nuestros objetos sexuales, lo último.

Attention, please:

Leo en el diario La Tercera sobre la creación de una red exclusiva para mujeres llamada Luluvise donde estás pueden calificar a todos sus conocidos en Facebook del género masculino, “con una nota de 1 a 5 en 7 diferentes atributos: apariencia, humor, modales, proyección, nivel de compromiso y dos preguntas opcionales: cómo fue su primer beso y cómo es su desempeño sexual”, según el autor del artículo, Axel Christiansen Z.

http://diario.latercera.com/2011/12/15/01/contenido/tendencias/16-94016-9-lanzan-nueva-red-social-para-que-mujeres-califiquen-sus-relaciones-con-hombres.shtml

Si ya habéis leído el reportaje, comprenderéis por qué lo saco a colación en este blog. Estoy asustada. Hasta qué extremo hemos dado el pendulazo las mujeres que ahora nos dedicamos a ponerle nota a los tíos, como si fueran restaurantes u hoteles del TripAdvisor, recomendándolos o disuadiendo a otras mujeres de que se interesen por ellos. Como si a todas nos fueran bien las mismas características, nos encajaran las mismas cualidades y nos disgustaran los mismos defectos. Como si nosotras fuéramos perfectas.

Y voy más allá: como si ciertas mujeres no tuvieran esa tendencia a vengarse de sus ex cuando no les ha ido bien la relación.

Falsas acusaciones contra la ex pareja

Cuántas separadas conocemos que los ponen verdes, les hacen la vida imposible, tratan de sacarles todo el dinero hasta dejarlos durmiendo en un coche, intentan boicotearles cualquier nueva relación e, incluso llegando a palabras mayores, se atreven a acusarles de malos tratos que se acaban demostrando falsos, aprovechándose de la discriminación positiva que da por cierta su versión y asume que el hombre es culpable hasta que no se demuestre lo contrario. Las hay incluso que denuncian abusos sexuales a sus hijos para quitarles la custodia compartida, a sabiendas de que es una calumnia y destrozándole la vida al pequeño, que crea la falsa memoria de haber sido abusado por su padre y podría acusar el trauma en su vida sexual adulta como si lo hubiera vivido de verdad.

No digo que seamos todas de esta calaña, AVISO, digo que son unas cuantas que están perjudicando a las verdaderas víctimas de malos tratos porque la policía, los jueces, los abogados, etc. ya no saben qué creerse y toman más tiempo en adoptar medidas preventivas, quizás porque están ocupados en denuncias falsas.

En cambio, los hombres, cuando acaban una relación, pasan de la tía y, como mucho, como dice Santi Millán en este podcast, dicen que somos todas unas putas y ces’t finite. Que no es bonito que nos tilden de putas, claro que no, pero al menos no se pasan meses poniéndote a caldo ante todo el que conocen ni persiguiéndote para hacerte la vida imposible. A mí al menos jamás me ha pasado, ni tengo amigas que me hayan contado nada semejante, pero si a vosotras sí, agradeceré vuestros testimonios para poder cambiar de visión.

Darle la vuelta a la tortilla

Imaginaos, por un casual, que la noticia hubiera sido al revés: que los hombres tienen su propia red para evaluar a todas sus amigas de Facebook, sobre cómo nos vestimos, si la chupamos y con qué pericia. Habríamos puesto el grito en el cielo, ¿verdad? De hecho, ¿no es por algo parecido por lo que criticamos los concursos de Misses, siempre tan polémicos por las tonterías que les preguntan y contestan las candidatas y por las supuestas relaciones sexuales que mantienen para llegar a ser elegidas?

Dejemos de cosificarnos todos

A mí me hace mucha gracia (por no cabrearme) que siempre estemos culpando al patriarcado, a la educación machista que hemos recibido, etc. de la situación en la que vivimos las mujeres hoy y siempre, pero luego reproducimos esos patrones de la forma más retorcida y exacerbada, colocándolos a ellos en la posición de objetos que a nosotras nunca nos ha gustado tener. Supongo que aquí vale la pena recordar que somos todos personas, como bien apunta Vicente Verdú en su magnífico ensayo Yo y tú, objetos de lujo.

 

Es fácil ligar… si sabes cómo interpretar las señales.

Vuelvo del ‘acueducto’, por fin. Siento haberos abandonado pero estaba muy ocupada por ahí haciendo de mujer. Me he puesto mis galas más ensalzadoras, he lanzado feromonas al aire como fuegos artificiales, he clavado miradas que podrían haber fundido al Hombre de Hierro, he desplegado toda mi simpatía y verborrea exacerbada por el vino, he pestañeado convenientemente con mi mejor carita de Betty Boop, y nada, sin éxito, oyes, ni un abrazo ni medio beso. Por no hablar de una proposición indecente.

Myself, en 2006, por cortesía de la fotógrafa Marta Calvo.

Myself, en 2006, para que veáis que lo de la cara de Betty no es broma.

Betty Boop

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y dices tú: Pues tampoco está tan mal la chavala. No. La verdad es que podría ser bastante peor. Y quizás ligaría más. Pero el problema no es que no ligue, sino con quién. Porque hace dos semanas os hablaba de las mujeres que pretenden que el hombre pague todo por el hecho de serlo, pero para darme en los morros la vida me puso a prueba con un tipo que hace todo lo contrario: Va sin dinero por el mundo. Pero no por ello se queda en casa, no. Sale y pide. Pide vino, pide tabaco, pide que le invites a cenar un día… y para contactar contigo, te manda un sms de Vodafone para que le llames tú porque no tiene saldo. Ya tiene delito.

Y aquí le doy la vuelta al argumento del post anterior. Vale que el hombre no tenga que pagarlo todo, pero de ahí a pretender vivir a mi costa… va un largo trecho. Es una cuestión de dignidad, no de género. Y a mí las personas indignas como que me repelen. No puc.

Y ésa es otra.

Jamás entenderé cómo alguien a quien has rechazado expresamente como objeto de deseo sigue insistiendo y perdiendo los papeles hasta arrastrarse, en lugar de retirarse y dejar que las cosas fluyan por el camino de la amistad (si se da el caso). ¿Es necesario rebajarse tanto cuando te han dejado claro que no vas a conseguir nada? Me refiero tanto a mujeres como a hombres, que no saben dónde está el límite entre apostar por lo que deseas y dar el coñazo.

Es tan fácil como leer las señales.

Fijarte. Escuchar. Mirar. Y no interpretar en función de lo que te gustaría que fuera sino en lo que está pasando realmente. Si te mira, 1 punto. Si se interesa por conocerte, 2 puntos. Si tiene detalles bonitos, 3 puntos. Si pulula alrededor, 4 puntos. Si te busca, 5 puntos. Si quiere verte más, 6 puntos. Si te llama, 7 puntos. Si hace planes contigo, 8 puntos. Si te incluye en sus planes con sus amigos, 9 puntos. Si se te acerca mucho y te roza, y te intenta besar, ya lo tienes.

Si no hace todo lo anterior, es que pasa de tu cara así que… NO TE EMPEÑES!! No hay excusas, no hay motivos, no hay argumentos, no hay nada. Si quiere, lo demostrará y si no lo demuestra, es porque no quiere nada contigo. Simplemente.

Por eso, señoras y señores, yo este puente me he ido solita a dormir todos los días, pero con la frente muy alta porque no he cometido las estupideces que hacía antes de perseguir lo imposible e interpretar lo que me convenía donde no había ni señales de humo. Eso se acabó, como canta mi querida María Jimenez:

Y si todos fuéramos más realistas, nos evitaríamos bastantes situaciones en las que nos sentimos denigrados y ridículos. Porque no es el otro el que nos hace sentir así, somos nosotros los que nos exponemos innecesariamente.

Somos iguales, pero a la cena invitas tú (que para eso eres el hombre).

Buen título,  ¿eh? Pues es una cita parafraseada de una ex amiga que se las daba de super independiente y feminista, se le llenaba la boca de espuma cuando hablaba de los derechos de las mujeres, de la igualdad, de que no necesitamos a los hombres para nada, que nos valemos por nosotras mismas y ya no nos dejamos impresionar por su poder o su nivel adquisitivo, porque podemos conseguir todo lo que deseemos gracias a nuestra valía y nuestro talento, porque ya en el s.XXI a quién se le ocurre pensar que una mujer es fácilmente sobornable por una invitación, y vamos, hombre, qué se han creído, que ya no somos las que éramos.

Después de todo el blablabla al que todas asentíamos con la cabeza, pasábamos a comentar jugadas más concretas con hombres concretos. Y aquí es cuando vino lo bueno: Pues no nos cuenta la tía que ha ido a cenar con uno y ha sido tan desconsiderado que no la ha invitado y le ha propuesto pagar a medias! Cómo osan los hombres, por dios, si quieren algo con nosotras, al menos debería tener el detalle de pagar ellos!

Ahí yo me pierdo

Pero vamos a ver, me planteo yo, si no lo necesitamos, si somos autónomas, si no queremos que consideren que tienen derecho a pernada por el mero hecho de invitarnos, si preferimos pagar nosotras las copas antes de prosticopearnos (dícese del verbo que consiste en buscarse un pardillo que te pague las copas, según una concursante de la Ruleta en A3), si ya no hace falta ni que nos abran la puerta porque nos sentimos ‘ofendidas’, como si no pudiéramos empujarla nosotras…

Si un hombre abre la puerta... del blog Desmotivaciones.es

Imagen del blog Desmotivaciones.es

Si somos iguales, si luchamos contra el patriarcado, ¿no es muy cínico mantener sólo las ventajas de un sistema que es absolutamente retrógrado y machista?

A mí lo que me fastidia es precisamente que un hombre que está en el paro o cobra menos que yo (cuando yo cobraba, jaja), se sienta obligado a pagarme la cena como premisa básica del ritual de seducción del macho latino. Aunque el resto del mes no le llegue para pagar el alquiler, que me ha pasado.

Siempre he propuesto que paguemos los dos, o que cuando uno tiene más pasta, pague, y cuando tenga más el otro, pues invite; que unas veces él tenga el detalle y otras lo tenga ella, que lo importante sea compartir y pasarlo bien juntos, no una prueba para ver si el otro es un tacaño o dejaría de comer por ti.

¿Por qué aplicamos distintos raseros… nosotras también?

No nos podemos plantear así las relaciones, igual que no nos las planteamos así con las amigas. Unas veces invita una, otras otra, otras pagamos a escote… Sin desigualdades ni prebendas. ¿Por qué con ellos tiene que ser diferente? Pues porque en el fondo nosotras somos las primeras que conservamos esas ideas recalcitrantes que fomentan la desigualdad…

Y la confusión, porque sinceramente dudo que los hombres puedan entender que les soltemos el sermón feminista y les exijamos un trato de igual a igual y luego les vengamos con incoherencias de este tipo. Es que no se sostiene por ningún lado.

La edad de oro de la mujer recién liberada

Hace unos post os presenté a la recién nacida mujer cazadora, ¿os acordáis? Pues bien, ahora ya la tenemos en pleno apogeo, está que se sale, radiante, esplendorosa, feliz. No cabe en sí de gozo porque es libre y puede hacer todo lo que le venga en gana sin dar explicaciones a nadie.

No sé si se entiende el alcance de no tener que dar explicaciones a nadie. Eres dueña de ti misma y aunque te dé por hacer puenting, liarte con 200 o hacer un trío la única responsable de todo ello eres tú, y nadie puede impedírtelo ni cuestionártelo ni pedirte cuentas . (Otra cosa es cómo te juzguen por ello, pero normalmente cuando entras en esta etapa, poco te importa).

Busco a Jacks

Ella, en el blog de telecomicdiario.blogspot.com

Ella, según el blog de telecomicdiario.blogspot.com

Así pues, la cazadora sale de casa espectacular y no le cuesta demasiado atraer miradas… ni acercamientos. Sus hormonas se huelen en el aire, sus miradas despejan las pocas dudas que queden, y, cuando lo tiene decidido, recoge el anzuelo y para casa.

Ahí empiezan las noches divertidas, conociendo cantidad de hombres en la verdulería o en la coctelería de moda, con los cuales hay un acuerdo tácito de de sexo sin compromiso (eso cuando no se expresa vehementemente ‘yo no quiero nada serio, que salgo de una relación y necesito mi espacio’).

Noches de posturas imposibles y repasos al kamasutra entero donde hombres y mujeres se esfuerzan por demostrar, su pericia en la cama, es su manera de sentir, y hacer ver, que valen en ese periodo concreto. Después del polvo muchos se levantan de la cama y se van, otros se quedan dormidos hasta la mañana siguiente, alguno te invita a desayunar antes de despedirse, y si te he visto, no me acuerdo (por sendas partes).

Distintos tipos de relaciones… alternativas

Tampoco quiere eso decir que nunca se viva nada más que el polvo por el polvo. Hay personas con las que fluye la química y la conversación lo suficiente como para quedar más veces, durante un mes o dos pero una vez a la semana, para no cogerse demasiado cariño; hasta que uno de los dos (o ambos) empieza a distanciarse porque se le quitan las ganas de profundizar.

Estos rollos a veces se intercalan con otros a la vez, formando la red de amantes que permite estar entretenida (con citas, mensajitos, jugueteos, vaciles, historias que contar a las amigas) y bien satisfecha prácticamente todos los días de la semana, sin tener que exponerse a una primera vez constante con absolutos desconocidos.

El folloamigo que a veces se convierte en pagafantas

A ese fin, también es buen comodín el folloamigo, un buen amigo con el que surge el derecho a roce pero, cuando deja de apetecer el intercambio sexual, se seguirá manteniendo la amistad. A menos que el dejado se pille sin querer y necesite alejarse un tiempo para no convertirse en pagafantas y pañuelo de lágrimas de su ex folloamiga.

Al final, caerá

En efecto, la susodicha cazadora acabará necesitando un paño de lágrimas, puesto que, entre todos los hombres que pueda llegar a conocer, alguno le gustará especialmente, le hará tilín y, por tanto, querrá quedar con él más veces o quedarse a dormir junto a él y hacer algo al día siguiente… Pero quizás no le correspondan. En ese punto flaco, muchas veces, empiezan los problemas, los desencuentros, el desconcierto, el sufrimiento. Pero de eso hablaremos en el siguiente post, que da para mucho.

Mujeres que aman a los golfos porque no se aman a sí mismas

Desarrollo este post a petición de Ángel Jorde en el Muro de Manual de la Mujer Actual en Facebook: “Quisiera que en ese manual de la mujer explicase la causa por la que le atraen los hombres “golfos”, de los cuales incluso ellas son conocedoras de que esa relación les dará problemas y sufrirán, y qué las motiva a seguir con la misma”.

Gran tema. En otras palabras, nuestro amigo, Ángel, como muchos otros hombres, se pregunta por qué somos masoquistas y nos metemos en la boca del lobo aún viéndosela abierta de par en par. Mi respuesta es el reto.

Lo fácil yo no lo quiero

A nadie le gusta lo fácil, lo que se nos pone muy a tiro no tiene valor. Puesto que ya lo tenemos, no necesitamos ganárnoslo. Cualquiera con una autoestima alta podría pensar que se lo merece, porque ella lo vale, y por eso le resulta tan sencillo conseguirlo sin esfuerzo.

Pero a las mujeres nos han inculcado que tenemos que ganarnos a pulso el amor y el respeto de los hombres, que no lo merecemos por el mero hecho de ser como somos, sino que debemos demostrar lo buenas, válidas, cariñosas, perfectas, inteligentes, complacientes y geniales madres y esposas que somos para que el hombre nos valore y se digne a correspondernos.

Aunque la mujer no se haya convertido en cazadora oficial con patrones masculinos, y siga conquistando al hombre más indirectamente, el reto siempre será el mismo: Conseguir al más difícil de atar en corto, porque eso le dará más valor, ante ella misma y ante las demás.

Mostrar el trofeo

Si eres tú, entre todas las demás ‘rivales’ potenciales, la que logras ponerte la medallita de ‘reducir’ al más golfo, al eterno solterón de oro, al madurito interesante o al Peter Pan que ya describí en un post anterior, es que eres la mejor.

Claro que sabemos que con ese tipo y en esa relación sufriremos, pero es que “para presumir hay que sufrir”. Nos enseñaron que el amor conlleva sufrimiento, y esa creencia estúpida nos hace justificar cualquier desmán, por mucho que se repita y prolongue en el tiempo, en nombre del santísimo sentimiento eterno.

En una reunión de amigas, riéndose de mis 'argumentos'

En una cena con amigas, riéndose de mis 'argumentos'

Excusas ante ti misma y tus amigas

Para mantenerlo, por supuesto, hacen falta grandes dosis de autoengaño: ‘Él me quiere, aunque no lo reconozca’, ‘Él me quiere, pero él es así, no sabe demostrar su amor’, ‘Él me quiere, pero tiene miedo…’, ‘Él me quiere, pero tuvo una infancia complicada’, ‘Él me quiere, pero necesita tiempo’…

Es graciosísimo porque ellos ni siquiera necesitan excusarse, y de hecho no suelen hacerlo; somos las mujeres las que les justificamos con mil argumentos, normalmente, para convencer a nuestras amigas de que no es tan dañino como lo ven ellas desde fuera, que con el tiempo él se dará cuenta de lo mucho que valemos y el profundo amor que siente por nosotras, y cambiará.

Madres con el instinto maternal mal enfocado

Porque ese es el reto secundario: Hacer cambiar al hombre golfo por uno serio, responsable, comprometido, amante y fiel esposo… Como una madre pretende moldear a su hijo. Las mujeres tenemos alma de redentoras. Y no nos damos cuenta de que nadie cambia si no lo necesita ni lo desea realmente. Y que ese hombre golfo nos gusta precisamente por el subidón que supone para nuestra autoestima, pero el día que se convierta en otro más bonachón, se nos va a acabar el reto.

De lo cual se colige que las mujeres que estén todavía en esta tesitura quizás deberían aplicarse en cambiar ellas para poder cambiar de gustos, y empezar con una relación sana desde el principio, en lugar de torturarse con historias imposibles. Quizás puedan encontrar una buena guía en el libro Mujeres que aman demasiado, de Robin Norwood.

Reconozco que no es fácil, no. Yo me tuve que ir a dar una vuelta al mundo para cambiarme desde dentro hacia afuera… y un amigo que conocí en ese viaje me envía esta canción: El Viajero, de Cesar Sampere.

La Generación del Imposible, por tu colaboración al Manual

¿Quieres entender qué ocurre con tus relaciones? Pues pregunta y comenta, y llegaremos a más soluciones y conclusiones. Sin ti, la investigación no avanza.

Os propongo algo: A todos los que comentéis algo en el blog del Manual de la Mujer Actual, le den al Me gusta en la página de Facebook y lo recomendéis en Facebook, Twitter, Google +, etc a vuestros amigos para que también colaboren, os regalaré mi libro de La Generación del Imposible, Del por qué entablar y mantener relaciones resulta hoy tan complicado. ¡A TODOS!

Es el primer libro que publiqué, hace ya 6 años, por lo cual es muy difícil encontrarlo en alguna librería, pero os mandaré encantada el PDF, que es una nueva versión mejor maquetada y sigue de perfecta actualidad.

Digamos que el Manual es la segunda parte, la evolución, de La Generación del Imposible, un ensayo donde los jóvenes hablan sobre sus relaciones y los expertos (psicólogos, sexólogos, antropólogos, sociólogos, etc.) analizan por qué nos van como nos van.

El egoísmo, las ventajas de ser solteros y no tener que ceder, el miedo a perder prebendas, la posibilidad de elegir, la liberación sexual y hasta la economía influyen en cómo interactúamos con el otro género. Y muchas veces basta con reconocerlo para poder cambiar algunas cosas e intentar ser más felices.

Para mí, el Manual es la derivación de La Generación porque lo que apuntaban muchas mujeres en aquel ha ido polarizándose hasta el extremo de la masculinización y, por tanto, a la pérdida de papeles, del nuestro y del de los hombres, que están desorientadísimos en cuanto a nosotras y reaccionan encerrándose en sus atalayas, sin atreverse a entrar en las nuestras.

Por eso me parece que lo que hace falta es resituarnos, volver a encontrar nuestro equilibrio, reelaborar nuestros modelos femenino y masculino para adaptarnos a los nuevos tiempos y poder comprendernos y comunicarnos como personas completas, independientemente del género.

Si a ti te interesa lo mismo, ¿participas y animas a tus amigos? Gracias!

Os dejo este vídeo, de una canción que me encanta:

De por qué dormir sola pese a las ganas de dormir acompañada

¿Ya es lunes? Pues sí. Se nos ha pasado el fin de semana volando.

Yo el viernes salí con una amiga y, a pesar de que hormonalmente estaba más que inclinada a intentar procrear, ni siquiera me di cuenta de los hombres que había a nuestro alrededor. Como en una isla. El sábado, en el centro comercial, me llegué a preocupar porque casi todos los hombres, especialmente los que iban con niños, me parecían atractivos por algún motivo, léase las gafas o la barba de 3 días.

Pese a ello y a mis instintos, a las 20,30 me metí en la cama, sustituyendo la salida nocturna por la lectura de Sólo para Gigantes, de Gabi Martínez, y aquí paz, y después gloria. El domingo me fui a ver el atardecer al chiringuito de moda del Palmar vestida de rojo y con ganas de matar, pero después de escuchar esto, de Sehristan, y de conocer al tío más atractivo de la zona, al que ya le tenía echado el ojo, me limité a hablar con otras gentes y marcharme a casa sola.

El Cartero, en El Palmar, Cádiz.

El Cartero, en El Palmar, Cádiz.

Y te preguntarás tú: ¿Por qué, si tenías tantas ganas de pillar? Pues porque una ya no es ‘sólo’ una hormona caminante. No, ahora soy una mujer racional que sabe de los riesgos que me implica ir de femme fatale y buscarme el polvo de manera excesivamente proactiva.

  • Primero: no me apetece tener sólo sexo porque sí, quiero estar segura de que a la mañana siguiente tendré ganas de despertarme al lado de esa persona, y, si es posible, repetir.
  • Segundo: el sexo sin ningún tipo de relación previa que conlleve un mínimo cariño, afecto, respeto o amistad me deja vacía como una lata de cerveza consumida: fría, metálica, sin espuma, con un sabor amargo.
  • Tercero: Si me lío con alguien que me gusta y luego no vuelvo a saber nada de él, no puedo evitar sentir que yo no le he gustado, que no he sido suficiente para él, que no me ha valorado lo suficiente, que no me ha dado una oportunidad, que me ha considerado demasiado fácil…
  • Cuarto: Efectivamente, yo podría ser muy fácil, especialmente en plena ovulación; pero, a estas alturas de mi vida, ya no puedo serlo, porque si yo no valoro al que se me pone fácil, tampoco puedo pretender que me valoren a mí si me pongo a huevo. Y ahora mismo me valoro tanto a mí misma que no puedo ‘regalarme’ a alguien no me valore, como amiga al menos.

Y aquí volvemos al primer punto: Necesito estar segura de que alguien me valora lo suficiente como para querer despertarse conmigo y continuar con una relación agradable, aunque sea de amistad, en adelante. No me refiero a casarnos y tener hijos, sino a que haya buen rollo y nos apetezca volver a vernos como amigos, sin dar nada por sentado, sin recelos ni chorradas infantiles.

Conste que no son míos, sino de una productora porno, jaja.

Conste que no son míos, sino de una productora porno con la que hice un reportaje este mes.

Y si no estoy segura de ello, pues me voy a dormir sola y me quedo tan anchota. Hace mucho que descubrí que para tener un orgasmo no necesito un hombre, para lo que sí que me hace falta es para todos los juegos, besos, caricias, lametones, abrazos, miradas, etc.

Pero si me liara con alguien con quien sólo hubiera atracción sexual ‘animal’ sin ningún tipo de sentimiento (por mínimo que sea) de por medio, ya sé que toda la parte reconfortante del contacto físico no se daría, con lo cual sólo conseguiría el efecto taladradora. Y, honestamente, para eso, me valen mucho mejor mis juguetitos.

 

¿Y tú, qué tal has pasado el fin de semana?

Claves para entenderlo todo este finde y acabar acompañados

Por fin viernes. Hora de salir de fiesta, a olvidarse del trabajo, o del paro, de la soledad y de tó. Hora, para muchos, de intentar ligar, de llevarse algo a la boca… y a la cama. ¿Y por qué no?

No es tan difícil, ¿verdad? Los hombres siempre se quejan de que nosotras lo tenemos más fácil, porque elegimos. Yo siempre les digo que ése es su problema, por no ser más selectivos.

Pero es que creo que últimamente muchas nos hemos dado cuenta de que se han girado las tornas. Ahora nosotras elegimos, sí, tomamos la iniciativa, aunque sea tímidamente a través de algún sms o mail insinuante, esperamos respuesta… y hete aquí que no la obtenemos, por lo menos,  no la que deseábamos.

La noche es gay 

Los tíos, antes tan desesperados, se están atreviendo a pasar de nosotras, a darnos largas, a mantenernos en la reserva por si les falla otra opción, no tienen ganas de quedar ni a tomar un café, ni mucho menos a cenar. Cuántas veces habré pronunciado y oído la gran frase: ‘Los hombres ya no llaman ni para follar!!!!’ Imagínate, ni para follar.

Y ¿por qué antes se habrían desgañitado ante una oportunidad sexual y ahora prefieren irse con sus amigos o quedarse en casa solos? Pues porque pueden. Porque pueden elegir y si la mujer no les convence de todo por algún motivo, no tanto físico como actitudinal, pues la descartan y punto. Ya vendrán otras.

Jode, ¿eh?

A mí sí, a mí me jodía mucho. Del rollo ‘ya no les gusto ni para el sexo’. Pero cuando me lo contaban mis amigos, me parecía realmente estupendo que ellos también tuvieran esa capacidad de decisión sobre sus propios gustos y no fueran un miembro caminante.

Así que tuve que ver dónde estaba el fallo en mí. Y no, no es que hubiera perdido el sexappeal, sino que iba de un palo subidito de tono, de una agresividad a la hora de entrarles, con una actitud de cazadora que a ellos les echaba para atrás. Y ¿por qué? Porque cazador no puede ni quiere ser cazado. Y cuando intuye que lo van a cazar, huye o se escabulle.

Hemos querido adoptar el rol del macho cazador cuando ni biológica ni culturalmente se puede cambiar la tendencia de cada género. Al menos no con demasiado éxito. Al hombre heterosexual no le gustan las cazadoras más que como amigas, porque sería como si le gustaran los hombres, es una relación de macho a macho (y lo afirmo porque lo he experimentado en mis propias carnes).

Las no cazadoras tienen más números 

Yo antes protestaba mucho por que los hombres se enamoran de las mujeres más femeninas, más dulces, las que esperan a que ellos vengan a buscarlas y se las ganen. Pues sí, ahora lo entiendo. Es que ellas no les roban su papel, no les hacen cuestionarse nada, todo sigue según lo aprendido y les resulta más fácil comenzar una relación con ellas.

Lo cual, hoy en día, para los más avanzados, tampoco significa querer una mujer sumisa, dependiente, obediente y encerrada en casa. No. La mayoría quieren mujeres independientes, autónomas, fuertes, inteligentes, con carácter… pero que no les hagan sentir como la parte innecesaria o débil de la relación, sino de igual a igual.

El trasunto es que nosotras nos sentimos empoderadas por los cambios sociales y queremos demostrarles que somos las fuertes, las que llevamos las riendas ahora. Y para sentirnos superiores necesitamos hacerles sentir inferiores, aunque sea inconscientemente. Lo cual viene a ser lo mismo que han hecho los hombres durante 3000 años de patriarcado con las mujeres: minusvalorarlas para mantener el poder y el status quo.

La verdad es que quiero escribir este libro porque me gustaría que las mujeres no estuviéramos ahora otros 3000 infravalorando y menospreciando a los hombres como revancha. Utilicemos nuestra inteligencia emocional, tradicionalmente femenina, para construir relaciones igualitarias… y de tú a tú (no de género a género).

Y hoy… todos al lío!!!