Mujeres que aman a los golfos porque no se aman a sí mismas

Desarrollo este post a petición de Ángel Jorde en el Muro de Manual de la Mujer Actual en Facebook: “Quisiera que en ese manual de la mujer explicase la causa por la que le atraen los hombres “golfos”, de los cuales incluso ellas son conocedoras de que esa relación les dará problemas y sufrirán, y qué las motiva a seguir con la misma”.

Gran tema. En otras palabras, nuestro amigo, Ángel, como muchos otros hombres, se pregunta por qué somos masoquistas y nos metemos en la boca del lobo aún viéndosela abierta de par en par. Mi respuesta es el reto.

Lo fácil yo no lo quiero

A nadie le gusta lo fácil, lo que se nos pone muy a tiro no tiene valor. Puesto que ya lo tenemos, no necesitamos ganárnoslo. Cualquiera con una autoestima alta podría pensar que se lo merece, porque ella lo vale, y por eso le resulta tan sencillo conseguirlo sin esfuerzo.

Pero a las mujeres nos han inculcado que tenemos que ganarnos a pulso el amor y el respeto de los hombres, que no lo merecemos por el mero hecho de ser como somos, sino que debemos demostrar lo buenas, válidas, cariñosas, perfectas, inteligentes, complacientes y geniales madres y esposas que somos para que el hombre nos valore y se digne a correspondernos.

Aunque la mujer no se haya convertido en cazadora oficial con patrones masculinos, y siga conquistando al hombre más indirectamente, el reto siempre será el mismo: Conseguir al más difícil de atar en corto, porque eso le dará más valor, ante ella misma y ante las demás.

Mostrar el trofeo

Si eres tú, entre todas las demás ‘rivales’ potenciales, la que logras ponerte la medallita de ‘reducir’ al más golfo, al eterno solterón de oro, al madurito interesante o al Peter Pan que ya describí en un post anterior, es que eres la mejor.

Claro que sabemos que con ese tipo y en esa relación sufriremos, pero es que “para presumir hay que sufrir”. Nos enseñaron que el amor conlleva sufrimiento, y esa creencia estúpida nos hace justificar cualquier desmán, por mucho que se repita y prolongue en el tiempo, en nombre del santísimo sentimiento eterno.

En una reunión de amigas, riéndose de mis 'argumentos'

En una cena con amigas, riéndose de mis 'argumentos'

Excusas ante ti misma y tus amigas

Para mantenerlo, por supuesto, hacen falta grandes dosis de autoengaño: ‘Él me quiere, aunque no lo reconozca’, ‘Él me quiere, pero él es así, no sabe demostrar su amor’, ‘Él me quiere, pero tiene miedo…’, ‘Él me quiere, pero tuvo una infancia complicada’, ‘Él me quiere, pero necesita tiempo’…

Es graciosísimo porque ellos ni siquiera necesitan excusarse, y de hecho no suelen hacerlo; somos las mujeres las que les justificamos con mil argumentos, normalmente, para convencer a nuestras amigas de que no es tan dañino como lo ven ellas desde fuera, que con el tiempo él se dará cuenta de lo mucho que valemos y el profundo amor que siente por nosotras, y cambiará.

Madres con el instinto maternal mal enfocado

Porque ese es el reto secundario: Hacer cambiar al hombre golfo por uno serio, responsable, comprometido, amante y fiel esposo… Como una madre pretende moldear a su hijo. Las mujeres tenemos alma de redentoras. Y no nos damos cuenta de que nadie cambia si no lo necesita ni lo desea realmente. Y que ese hombre golfo nos gusta precisamente por el subidón que supone para nuestra autoestima, pero el día que se convierta en otro más bonachón, se nos va a acabar el reto.

De lo cual se colige que las mujeres que estén todavía en esta tesitura quizás deberían aplicarse en cambiar ellas para poder cambiar de gustos, y empezar con una relación sana desde el principio, en lugar de torturarse con historias imposibles. Quizás puedan encontrar una buena guía en el libro Mujeres que aman demasiado, de Robin Norwood.

Reconozco que no es fácil, no. Yo me tuve que ir a dar una vuelta al mundo para cambiarme desde dentro hacia afuera… y un amigo que conocí en ese viaje me envía esta canción: El Viajero, de Cesar Sampere.

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Peterpanismo generacional

Últimamente, en mis conversaciones con amigas, me doy cuenta de que sale mucho a colación el término Peter Pan para describir a los hombres que conocemos. ‘Otro Peter Pan’, y con eso ya lo has dicho todo. Ya todas sabemos que se trata de un tipo de treinta/cuarenta cuya mente de eterno adolescente se ha quedado anclada en su juventud, en esa época en la que tocaba enajenarse los fines de semana, liarse con muchas tías, pasárselo bien con los amigotes, huir del compromiso en cualquier aspecto de su vida, incluido el laboral, no reflexionar sobre sus propios actos y defectos, ni hacerse responsable de las consecuencias de los mismos.

Madurito interesante (No te pierdas el link de la canción de la visionaria Martirio).
Obviando el hecho de que nuestros padres en plena veintena ya nos tenían a nosotros y eran capaces de hacerse responsables de toda la familia en plena juventud, no sería tan grave que muchos hombres ya supuestamente hechos y derechos siguieran pasándoselo divinamente si no fuera porque van arrasando a su paso. Quién es capaz de resistirse a esas pintas de eternos adolescentes, esa barbita tan atractiva, las maneras de seductor que ya tienen bien afianzadas, esa forma de contar tan encandiladora sus manías y aficiones, tan curiosas y particulares del perfecto soltero; esas dosis justas de ‘te deseo pero no estoy subyugado ante tu divina presencia’, ese arte para mandar mensajes en los tiempos correctos para conseguir el efecto que le conviene… Es que caes a cuatro patas (nunca mejor dicho).

Pero luego profundizas un poco más y ves que sí, madurito interesante pero: No sabe lo que quiere; si lo sabe, está demasiado ocupado en conseguirlo y no ve nada más; si lo ve, peor, porque huye para que no le estorbes en la consecución de sus objetivos; si no le estorbas, aprovecha para disfrutar contigo pero pone unos muros como el de Berlín para que no te encariñes; y, por último, si te encariñas, se muestra distante y hasta desagradable para que tú misma cojas la puerta y te olvides de él. Si no coges la puerta porque eres masoquista, saldrá corriendo y te dará un portazo en las narices.

Campanillas masoquistas

Campanilla masoquista tomada del blog http://campanillafairy.blogspot.com/

Campanilla masoquista tomada del blog http://campanillafairy.blogspot.com/

Ahora bien, ¿por qué nosotras atraemos, nos sentimos atraídas e inconscientemente nos enganchamos a este tipo de peterpanes? Pues porque somos unas campanillas. Claro que sí, no iba a ser todo culpa de ellos, ¿verdad? Hay millones de hombres en el mundo que a lo mejor sí que querrían adorarte como a una princesa, pero tú no, tú te vas a por el Peter Pan de turno que está en plena crisis de los 40, no sabe qué hacer con su vida, pero lo que sí que sabe es que no lo quiere hacer contigo. Ahí toca reflexionar sobre una misma y reconocer que quizás tú tampoco estás tan preparada para tener una relación adulta y si te lías con este tipo de hombres siempre puedes echar balones fuera y seguir creyéndote perfecta, la novia ideal.

¿Y todo eso por qué?
Pues aquí me gustaría que tanto hombres como mujeres me dieseis ideas, pero yo apunto algunas: Podemos tenerlo todo sin comprometernos a nada, la faceta sexual es muy fácil de satisfacer (solos, con juguetitos o en compañía esporádica) y con los amigos llenamos muchas carencias que nuestros padres sólo cubrían en pareja (erróneamente). Por tanto, estamos muy bien solos sin hacer esfuerzos por comunicarnos y compartir con el otro, así es ‘todo para mí’. Nos ahorramos conflictos, concesiones, negociaciones… Y nos quedamos sólo con lo bueno de relacionarnos de vez en cuando con alguien del otro género. Porque en cuanto algo no va suave y sedoso, pasamos al siguiente, como si todos fuéramos de usar y tirar.

El País de Nunca Jamás
El problema es que de tanto regodearnos en el placer de estar solos, al final nos quedaremos en la más absoluta soledad, la indeseada, ésa que te cae como una losa cuando te apetecería estar con alguien a quien quieras y que te quiera, pero, simplemente, no puedes. Porque quizás te has vuelto tan egoísta que ya es demasiado tarde. Y ahí sí que nos sentiremos Campanilla y Peter Pan en El País de Nunca Jamás (nos encontraremos).