Es posible ser feliz soltera si sabes cómo. Toma pistas.

​Yo nunca he celebrado San Valentín. Así, como declaración de principios. En mi adolescencia imagino que lo hacía por una cuestión de dignidad, porque nadie me regalaba nada y necesitaba autoengañarme creyendo que no es más que un día totalmente consumista en nombre del amor. Por supuesto, luego me junté con un hombre que pasaba de todo tipo de costumbres, convencionalismos y fiestas de guardar y me regalaba lo que le surgía cuando le daba la gana. Éramos tan raros que celebramos el día que cortamos, después de 5 años de novios.

Luego los 200 amores de mi vida tampoco me ayudaron mucho a creer en Cúpido, que se equivocaba más con las flechas que yo de perfil, así que durante 15 años me he dedicado a asistir al show anual como espectadora: Miles de parejas en derredor haciendo como que se aman por un día, cuando en realidad no tienen nada de qué hablar; cantidad de anuncios para darte ideas de qué comprarle a tu pareja, como si no la conocieras lo suficiente para saber lo que quiere; propuestas de cenas con espectáculos romanticoides y/o eróticos como si las parejas no supieran cómo estimular sus relaciones; escaparates con regalos cursis, cuando no horteras, que supuestamente simbolizan “Te quiero” y no “Te odio, jódete”; ofertas de escapadas a lugares teóricamente románticos que pueden convertirse en una pesadilla por el hecho de tener que pasar 72 horas juntos sin despegarse, como ocurre durante las vacaciones de verano, que conllevan un pico de divorcios incomparable con el resto del año…

Igual suena a topicazo, pero yo creo que el amor se demuestra todos los días y se celebra cuando surge, y mejor antes de que se acabe. Porque lo siento, pero se va a acabar. Supongo que todas las personas que estáis aquí, puesto que no veo ningún niño de 7 años, ya habéis pasado por alguna ruptura sentimental. Siento deciros que no va a ser la primera ni la última. Tendréis tantas como relaciones. Tarde o temprano, cortes tú o corte el otro, sea por desidia, por aburrimiento, por la rutina, por divergencia de evoluciones, porque te ha puesto más cachonda otro, porque te has enamorado del vecino o él se ha pillado por una compañera del trabajo en la cena de empresa, lo siento, cariño, pero tu pareja acabará siendo tu ex.

Y no pasa nada, tampoco hay que dramatizar. Lo de morir de amor está pasado de moda. Hoy en día es más fácil morir de asco o de aburrimiento que de amor. Con los avances neurocientíficos ya tenemos claro que el enamoramiento es un proceso químico que se produce en el cerebro, por el cual se liberan una serie de hormonas que te vuelven absolutamente majareta durante una temporada lo suficientemente larga como para que te dejes embaucar, te puedas quedar embarazada, tener al niño, criarlo hasta que logre ser independiente (o depender de las profes de la guardería y el colegio) y, entonces, empieza el bajón hormonal y ya el hombre se puede ir a fecundar a otra y tú a mejorar la especie con otro. Esto es así de simple, señoras y señores. Somos esclavos de la preservación de la especie. Nos han puesto aquí para traer ejemplares mejorados y, para eso, tenemos que variar de parejas, por aquello de las combinaciones genéticas. Al fin y al cabo, somos animales, aunque supuestamente racionales.

Todo lo demás que les han contado es una milonga cultural para hacernos esclavos del sistema patriarcal que, curiosamente, ha sido alimentado por la religión cristiana, que dominan desde el principio de los tiempos los hombres. Todo empezó con la propiedad privada, cuando los padres empezaron a cuestionarse si estaban alimentando a sus hijos o a los del vecino y a quién le quedaba su herencia, y, para controlarlo, los muy listos se inventaron el matrimonio e impusieron la fidelidad como norma moral incluyéndola en los 10 mandamientos. Digo los muy listos porque los grandes popes de la Iglesia justamente son los que no se casan con nadie (salvo con los gobiernos conservadores).

El caso es que el mensaje fue calando hasta los millones de creyentes que aún increíblemente hoy en día tiene el cristianismo y desde entonces el resto de los poderes fácticos ha ido alimentando la falacia de la monogamia con el mito del amor eterno, el de la media naranja, el pecado de la infidelidad y otras mentiras totalmente contranatura que nos cuestan tantísimos disgustos.

Perjuicios de la falacia monógama

Por poner un ejemplo, lo mal que te sientes cuando te atrae alguien que no es tu pareja. Por qué, señores, por qué, si es natural! Si pueden perfectamente atraerte diferentes personas, precisamente por sus diferencias! De verdad alguien se puede creer que es probable que, con los millones de seres que habitamos el planeta, cada uno estemos destinados sólo a uno para toda la vida y encima nos venga a tocar enfrente de casa y no en la otra punta del globo? No, hombre, no. Te pueden atraer muchas personas, no ya sólo a lo largo de tu vida, ¡sino incluso a la vez! Es un lío, vale, necesitas una agenda y llamarles a todos cari, pero puede ocurrir. Yo a eso le llamo la red de amantes. Tienes a varios satélites con los que vas quedando, te lo pasas bien, tienes buen sexo, vas tonteando… hasta que uno de los dos ya no le encuentra gracia al asunto o encuentra a alguien con quien quiere algo más serio, y se acaba la historia. Sin más, sin traumas, total, te quedan otros tres satélites…


El problema es encasillar.

Qué bonita sería la vida si no encasilláramos tanto. Qué manía. Esas declaraciones de principios de “Yo quiero una pareja formal”. Por qué, joder, por qué. Ni que todo el mundo valiera para ser pareja. Y lo que nos perdemos por buscarla desesperadamente y rechazar alternativas. Imagínate que te encuentras con un seductor, alto, guapísimo, maravilloso, inteligente, interesante, divertido… Te vuelve loca pero resulta que no está hecho para el compromiso. Él se perfila mucho más como el amante o el folloamigo perfecto. No dará mal, pero te hará mucho bien. Pero entonces llegas tú intentando meter al cuadradito en el molde del triángulito y nada, que el donjuán no te encaja como pareja formal. Y lo desperdicias. Decides no quedar con él más y seguir buscando al hombre formal y decente que te procure una relación estable. Te acabas de perder no sé cuántos polvos maravillosos porque vas empeñada en tener algo serio. Pues chica, no. Disfruta del galán y mientras vete conociendo a otros. Busca, compara, y si encuentras algo mejor, disfrútalo.


Lo importante es disfrutar y estar bien con uno mismo.

Y eso cómo se consigue? Pues os voy a contar una anécdota. Una muy buena amiga mía me llamó un día llorando, porque le había dejado su mejor amante, que estaba casado. Desconsolada estaba porque no sabía cómo iba a encontrar un sustituto mejor. Le dije que lo que necesitaba realmente era aprender a estar sola, a quererse a sí misma fomentar su autoestima… al día siguiente me llamó entusiasmada agradeciéndome el consejo. Le pregunté: ¿pero qué coño has hecho? ¡Nada, me compré un kit de toys y llevo desde ayer enganchada pasándomelo bomba! Alucinada me dejó. Le dije que no me refería exactamente a eso, pero que si le valía, pues mucho mejor. Unos años más tarde lo dejé yo con mi mejor amante del mundo mundial. Y la llamé en las mismas. Ni corta ni perezosa, me mandó por correo un kit de juguetitos como el suyo.

Y desde entonces, descarté los polvos de una noche, que al día siguiente me hacían sentir totalmente vacía. Diez años más tarde, tuve que tirar a mis amiguitos en la última mudanza, porque se me gastaron de tanto usarlos, uno hasta lo rompí por la mitad.

Después he estado probando con unos cuantos hombres de carne y poco después, hasta que he encontrado al amor de mi vida: Éste. Os lo presento: Se llama Trigger y es la última maravilla de Adrien Lastic. El otro día se lo decía a mi ex: “Ni de broma vuelvo contigo”. “Pues dile que te lleve él a cenar”. No, para cenar ya tengo amigos, pero tú no sabes lo tranquila que voy yo a las citas valorando a cada persona por su personalidad y no por necesidad de meter a nadie en mi cama!

Trigger, el divo de Adrien Lastic, mi mejor amante

Hay que ir satisfechos de casa

Y sí, que todos queremos amar y ser amados, que es muy bonito que te abracen por las mañanas y te mimen, que se preocupen por ti, que también nos encanta darlo todo… Pero es que justamente cuando te relajas y no buscas nada es cuando más posibilidades tienes de encontrarlo por casualidad. La desesperación se huele a distancia, como buenos animales que somos, y si tú vas a la caza del padre ideal, el hombre, que otra cosa no, pero instintivo es por supervivencia, va a salir huyendo y se le va a quedar pequeña la península. A menos que sea otro desesperado y le vaya bien cualquiera. Y tú no quieres estar con alguien cuyo único criterio es que tenga un útero para procrear, verdad? Pues a ellos tampoco les gusta que les vean como sementales.

Lo que quiero que os llevéis claro de esta perorata es que hay que ir relajados, a conocer gente, pasarlo bien, hacer amigos y lo que surja. Sin expectativas, que son la fuente de la frustración. Si la cosa fluye, te dejas llevar y a ver qué te depara el futuro. Déjate los moldes en casa y abre tu mente a todo tipo de personas y experiencias enriquecedoras. Que para eso estamos aquí hoy, para conocernos, mujeres y hombres, charlar, reírnos, compartir experiencias… y si te gusta alguien, pues brindas, le guiñas un ojo, le tocas el hombro o una pierna, le propones quedar otro rato… ¡Y a vivir!

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Es fácil ligar… si sabes cómo interpretar las señales.

Vuelvo del ‘acueducto’, por fin. Siento haberos abandonado pero estaba muy ocupada por ahí haciendo de mujer. Me he puesto mis galas más ensalzadoras, he lanzado feromonas al aire como fuegos artificiales, he clavado miradas que podrían haber fundido al Hombre de Hierro, he desplegado toda mi simpatía y verborrea exacerbada por el vino, he pestañeado convenientemente con mi mejor carita de Betty Boop, y nada, sin éxito, oyes, ni un abrazo ni medio beso. Por no hablar de una proposición indecente.

Myself, en 2006, por cortesía de la fotógrafa Marta Calvo.

Myself, en 2006, para que veáis que lo de la cara de Betty no es broma.

Betty Boop

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y dices tú: Pues tampoco está tan mal la chavala. No. La verdad es que podría ser bastante peor. Y quizás ligaría más. Pero el problema no es que no ligue, sino con quién. Porque hace dos semanas os hablaba de las mujeres que pretenden que el hombre pague todo por el hecho de serlo, pero para darme en los morros la vida me puso a prueba con un tipo que hace todo lo contrario: Va sin dinero por el mundo. Pero no por ello se queda en casa, no. Sale y pide. Pide vino, pide tabaco, pide que le invites a cenar un día… y para contactar contigo, te manda un sms de Vodafone para que le llames tú porque no tiene saldo. Ya tiene delito.

Y aquí le doy la vuelta al argumento del post anterior. Vale que el hombre no tenga que pagarlo todo, pero de ahí a pretender vivir a mi costa… va un largo trecho. Es una cuestión de dignidad, no de género. Y a mí las personas indignas como que me repelen. No puc.

Y ésa es otra.

Jamás entenderé cómo alguien a quien has rechazado expresamente como objeto de deseo sigue insistiendo y perdiendo los papeles hasta arrastrarse, en lugar de retirarse y dejar que las cosas fluyan por el camino de la amistad (si se da el caso). ¿Es necesario rebajarse tanto cuando te han dejado claro que no vas a conseguir nada? Me refiero tanto a mujeres como a hombres, que no saben dónde está el límite entre apostar por lo que deseas y dar el coñazo.

Es tan fácil como leer las señales.

Fijarte. Escuchar. Mirar. Y no interpretar en función de lo que te gustaría que fuera sino en lo que está pasando realmente. Si te mira, 1 punto. Si se interesa por conocerte, 2 puntos. Si tiene detalles bonitos, 3 puntos. Si pulula alrededor, 4 puntos. Si te busca, 5 puntos. Si quiere verte más, 6 puntos. Si te llama, 7 puntos. Si hace planes contigo, 8 puntos. Si te incluye en sus planes con sus amigos, 9 puntos. Si se te acerca mucho y te roza, y te intenta besar, ya lo tienes.

Si no hace todo lo anterior, es que pasa de tu cara así que… NO TE EMPEÑES!! No hay excusas, no hay motivos, no hay argumentos, no hay nada. Si quiere, lo demostrará y si no lo demuestra, es porque no quiere nada contigo. Simplemente.

Por eso, señoras y señores, yo este puente me he ido solita a dormir todos los días, pero con la frente muy alta porque no he cometido las estupideces que hacía antes de perseguir lo imposible e interpretar lo que me convenía donde no había ni señales de humo. Eso se acabó, como canta mi querida María Jimenez:

Y si todos fuéramos más realistas, nos evitaríamos bastantes situaciones en las que nos sentimos denigrados y ridículos. Porque no es el otro el que nos hace sentir así, somos nosotros los que nos exponemos innecesariamente.

La Generación del Imposible, por tu colaboración al Manual

¿Quieres entender qué ocurre con tus relaciones? Pues pregunta y comenta, y llegaremos a más soluciones y conclusiones. Sin ti, la investigación no avanza.

Os propongo algo: A todos los que comentéis algo en el blog del Manual de la Mujer Actual, le den al Me gusta en la página de Facebook y lo recomendéis en Facebook, Twitter, Google +, etc a vuestros amigos para que también colaboren, os regalaré mi libro de La Generación del Imposible, Del por qué entablar y mantener relaciones resulta hoy tan complicado. ¡A TODOS!

Es el primer libro que publiqué, hace ya 6 años, por lo cual es muy difícil encontrarlo en alguna librería, pero os mandaré encantada el PDF, que es una nueva versión mejor maquetada y sigue de perfecta actualidad.

Digamos que el Manual es la segunda parte, la evolución, de La Generación del Imposible, un ensayo donde los jóvenes hablan sobre sus relaciones y los expertos (psicólogos, sexólogos, antropólogos, sociólogos, etc.) analizan por qué nos van como nos van.

El egoísmo, las ventajas de ser solteros y no tener que ceder, el miedo a perder prebendas, la posibilidad de elegir, la liberación sexual y hasta la economía influyen en cómo interactúamos con el otro género. Y muchas veces basta con reconocerlo para poder cambiar algunas cosas e intentar ser más felices.

Para mí, el Manual es la derivación de La Generación porque lo que apuntaban muchas mujeres en aquel ha ido polarizándose hasta el extremo de la masculinización y, por tanto, a la pérdida de papeles, del nuestro y del de los hombres, que están desorientadísimos en cuanto a nosotras y reaccionan encerrándose en sus atalayas, sin atreverse a entrar en las nuestras.

Por eso me parece que lo que hace falta es resituarnos, volver a encontrar nuestro equilibrio, reelaborar nuestros modelos femenino y masculino para adaptarnos a los nuevos tiempos y poder comprendernos y comunicarnos como personas completas, independientemente del género.

Si a ti te interesa lo mismo, ¿participas y animas a tus amigos? Gracias!

Os dejo este vídeo, de una canción que me encanta:

Claves para entenderlo todo este finde y acabar acompañados

Por fin viernes. Hora de salir de fiesta, a olvidarse del trabajo, o del paro, de la soledad y de tó. Hora, para muchos, de intentar ligar, de llevarse algo a la boca… y a la cama. ¿Y por qué no?

No es tan difícil, ¿verdad? Los hombres siempre se quejan de que nosotras lo tenemos más fácil, porque elegimos. Yo siempre les digo que ése es su problema, por no ser más selectivos.

Pero es que creo que últimamente muchas nos hemos dado cuenta de que se han girado las tornas. Ahora nosotras elegimos, sí, tomamos la iniciativa, aunque sea tímidamente a través de algún sms o mail insinuante, esperamos respuesta… y hete aquí que no la obtenemos, por lo menos,  no la que deseábamos.

La noche es gay 

Los tíos, antes tan desesperados, se están atreviendo a pasar de nosotras, a darnos largas, a mantenernos en la reserva por si les falla otra opción, no tienen ganas de quedar ni a tomar un café, ni mucho menos a cenar. Cuántas veces habré pronunciado y oído la gran frase: ‘Los hombres ya no llaman ni para follar!!!!’ Imagínate, ni para follar.

Y ¿por qué antes se habrían desgañitado ante una oportunidad sexual y ahora prefieren irse con sus amigos o quedarse en casa solos? Pues porque pueden. Porque pueden elegir y si la mujer no les convence de todo por algún motivo, no tanto físico como actitudinal, pues la descartan y punto. Ya vendrán otras.

Jode, ¿eh?

A mí sí, a mí me jodía mucho. Del rollo ‘ya no les gusto ni para el sexo’. Pero cuando me lo contaban mis amigos, me parecía realmente estupendo que ellos también tuvieran esa capacidad de decisión sobre sus propios gustos y no fueran un miembro caminante.

Así que tuve que ver dónde estaba el fallo en mí. Y no, no es que hubiera perdido el sexappeal, sino que iba de un palo subidito de tono, de una agresividad a la hora de entrarles, con una actitud de cazadora que a ellos les echaba para atrás. Y ¿por qué? Porque cazador no puede ni quiere ser cazado. Y cuando intuye que lo van a cazar, huye o se escabulle.

Hemos querido adoptar el rol del macho cazador cuando ni biológica ni culturalmente se puede cambiar la tendencia de cada género. Al menos no con demasiado éxito. Al hombre heterosexual no le gustan las cazadoras más que como amigas, porque sería como si le gustaran los hombres, es una relación de macho a macho (y lo afirmo porque lo he experimentado en mis propias carnes).

Las no cazadoras tienen más números 

Yo antes protestaba mucho por que los hombres se enamoran de las mujeres más femeninas, más dulces, las que esperan a que ellos vengan a buscarlas y se las ganen. Pues sí, ahora lo entiendo. Es que ellas no les roban su papel, no les hacen cuestionarse nada, todo sigue según lo aprendido y les resulta más fácil comenzar una relación con ellas.

Lo cual, hoy en día, para los más avanzados, tampoco significa querer una mujer sumisa, dependiente, obediente y encerrada en casa. No. La mayoría quieren mujeres independientes, autónomas, fuertes, inteligentes, con carácter… pero que no les hagan sentir como la parte innecesaria o débil de la relación, sino de igual a igual.

El trasunto es que nosotras nos sentimos empoderadas por los cambios sociales y queremos demostrarles que somos las fuertes, las que llevamos las riendas ahora. Y para sentirnos superiores necesitamos hacerles sentir inferiores, aunque sea inconscientemente. Lo cual viene a ser lo mismo que han hecho los hombres durante 3000 años de patriarcado con las mujeres: minusvalorarlas para mantener el poder y el status quo.

La verdad es que quiero escribir este libro porque me gustaría que las mujeres no estuviéramos ahora otros 3000 infravalorando y menospreciando a los hombres como revancha. Utilicemos nuestra inteligencia emocional, tradicionalmente femenina, para construir relaciones igualitarias… y de tú a tú (no de género a género).

Y hoy… todos al lío!!!

Peterpanismo generacional

Últimamente, en mis conversaciones con amigas, me doy cuenta de que sale mucho a colación el término Peter Pan para describir a los hombres que conocemos. ‘Otro Peter Pan’, y con eso ya lo has dicho todo. Ya todas sabemos que se trata de un tipo de treinta/cuarenta cuya mente de eterno adolescente se ha quedado anclada en su juventud, en esa época en la que tocaba enajenarse los fines de semana, liarse con muchas tías, pasárselo bien con los amigotes, huir del compromiso en cualquier aspecto de su vida, incluido el laboral, no reflexionar sobre sus propios actos y defectos, ni hacerse responsable de las consecuencias de los mismos.

Madurito interesante (No te pierdas el link de la canción de la visionaria Martirio).
Obviando el hecho de que nuestros padres en plena veintena ya nos tenían a nosotros y eran capaces de hacerse responsables de toda la familia en plena juventud, no sería tan grave que muchos hombres ya supuestamente hechos y derechos siguieran pasándoselo divinamente si no fuera porque van arrasando a su paso. Quién es capaz de resistirse a esas pintas de eternos adolescentes, esa barbita tan atractiva, las maneras de seductor que ya tienen bien afianzadas, esa forma de contar tan encandiladora sus manías y aficiones, tan curiosas y particulares del perfecto soltero; esas dosis justas de ‘te deseo pero no estoy subyugado ante tu divina presencia’, ese arte para mandar mensajes en los tiempos correctos para conseguir el efecto que le conviene… Es que caes a cuatro patas (nunca mejor dicho).

Pero luego profundizas un poco más y ves que sí, madurito interesante pero: No sabe lo que quiere; si lo sabe, está demasiado ocupado en conseguirlo y no ve nada más; si lo ve, peor, porque huye para que no le estorbes en la consecución de sus objetivos; si no le estorbas, aprovecha para disfrutar contigo pero pone unos muros como el de Berlín para que no te encariñes; y, por último, si te encariñas, se muestra distante y hasta desagradable para que tú misma cojas la puerta y te olvides de él. Si no coges la puerta porque eres masoquista, saldrá corriendo y te dará un portazo en las narices.

Campanillas masoquistas

Campanilla masoquista tomada del blog http://campanillafairy.blogspot.com/

Campanilla masoquista tomada del blog http://campanillafairy.blogspot.com/

Ahora bien, ¿por qué nosotras atraemos, nos sentimos atraídas e inconscientemente nos enganchamos a este tipo de peterpanes? Pues porque somos unas campanillas. Claro que sí, no iba a ser todo culpa de ellos, ¿verdad? Hay millones de hombres en el mundo que a lo mejor sí que querrían adorarte como a una princesa, pero tú no, tú te vas a por el Peter Pan de turno que está en plena crisis de los 40, no sabe qué hacer con su vida, pero lo que sí que sabe es que no lo quiere hacer contigo. Ahí toca reflexionar sobre una misma y reconocer que quizás tú tampoco estás tan preparada para tener una relación adulta y si te lías con este tipo de hombres siempre puedes echar balones fuera y seguir creyéndote perfecta, la novia ideal.

¿Y todo eso por qué?
Pues aquí me gustaría que tanto hombres como mujeres me dieseis ideas, pero yo apunto algunas: Podemos tenerlo todo sin comprometernos a nada, la faceta sexual es muy fácil de satisfacer (solos, con juguetitos o en compañía esporádica) y con los amigos llenamos muchas carencias que nuestros padres sólo cubrían en pareja (erróneamente). Por tanto, estamos muy bien solos sin hacer esfuerzos por comunicarnos y compartir con el otro, así es ‘todo para mí’. Nos ahorramos conflictos, concesiones, negociaciones… Y nos quedamos sólo con lo bueno de relacionarnos de vez en cuando con alguien del otro género. Porque en cuanto algo no va suave y sedoso, pasamos al siguiente, como si todos fuéramos de usar y tirar.

El País de Nunca Jamás
El problema es que de tanto regodearnos en el placer de estar solos, al final nos quedaremos en la más absoluta soledad, la indeseada, ésa que te cae como una losa cuando te apetecería estar con alguien a quien quieras y que te quiera, pero, simplemente, no puedes. Porque quizás te has vuelto tan egoísta que ya es demasiado tarde. Y ahí sí que nos sentiremos Campanilla y Peter Pan en El País de Nunca Jamás (nos encontraremos).

Contra la manipulación femenina para cazar al padre de sus hijos

A veces parezco un hombre. Pero no lo soy. Soy una mujer harta de las injusticias y las estupideces que comete su propio género. Y no me voy a callar ni a dejar de criticarlas por absurdo corporativismo entre mujeres, porque si queremos una sociedad mejor, o cambiamos todas, o nos joden a todas. No es ninguna novedad lo complicado que resulta enamorarse y, sobre todo, mantener a partir de ahí una relación más o menos duradera y con un cierto nivel de compromiso y un proyecto común. Causas hay infinitas y yo ya he escrito un libro sobre ello, así que hoy me quiero centrar en un aspecto concreto que es causa y efecto. O viceversa.

Como muchas mujeres ven que no hay manera de echarse novio y tienen ganas de ser madres, a partir de la treintena empiezan a buscar, ya no al hombre de su vida, sino al padre de sus hijos desesperadamente; cosa que resulta contraproducente, porque los hombres tampoco son gilipollas y huelen la desesperación a distancia, por lo tanto, huyen despavoridos de ellas.

Yo también lo haría
Imagino que se preguntarán si los van a querer por ser ellos en especial o simplemente por su potencial como semental. Además de que tiene que dar mucho miedo que antes de conocerte a fondo ya te estén encargando el mochuelo. Ante la huida masiva, estas mujeres se desquician todavía más, y entonces recuperan toda la capacidad de manipulación femenina acumulada en el subconsciente colectivo de nuestro género y empiezan a maquinar estrategias para impedir la extinción de la especie.

Estrategias de caza
Lo más común es sacar todas sus armas de mujer, seducir a una víctima fácil y, sin previo aviso ni acuerdo, quedarse embarazadas. Otra variante rastrerísima es la mujer que “justamente” se queda embarazada cuando él plantea la necesidad de una ruptura porque la pareja no va bien. Una casualidad como otra cualquiera. Luego está la ex que logra recuperar a su ex novio y, antes de que se le vuelva a escapar, se lo monta para quedarse preñada.

A quién van a engañar
En todos los casos, las señoritas se lo anuncian a ellos como un accidente, incluso aunque se estén tomando la píldora, que tiene una eficacia del 99%. Las demás mujeres sabemos que más que nada se debe a que han dejado de tomársela adrede. Eso no es ético, para empezar porque han engañado al confiado tío (idiota también por delegar la anticoncepción en ella para evitarse el condón, que le ahorraría esos disgustos y otros como el sida). Y para continuar, porque de alguna manera le están obligando a tener y mantener un hijo que es suyo a pesar de no haber sido consultado sobre su voluntad al respecto.

Muchas argumentarán que ellas no les van pedir que le pasen una pensión al niño, pero resulta que, a lo mejor, el padre forzado no quiere tener hijos no reconocidos con su sangre desperdigados por ahí. Y a lo mejor, la criatura tiene derecho a conocerlo y disfrutarlo. Por su parte, otras muchas habrán conseguido lo que buscaban: agarrar al hombre por donde más le duele, por su descendencia, y retenerlo así a su lado para no estar solas.

Causa-efecto
La consecuencia directa de todo esto son cantidad de parejas infelices que no se quieren y, por tanto, críos que crecen en una familia cuya base es el engaño y el rencor y la desconfianza. Otra consecuencia es la infidelidad: como no se quieren, el amor y el sexo lo buscan fuera del techo que comparten por compartir al crío que los unió.

El efecto colateral es que hay un montón de solteros/as con los que esas personas pegarían mucho más, disfrutarían uniéndose libremente y serían todos bastante más felices. Incluidos los niños, que a ver qué concepto van a tener del amor si lo que aprenden en su casa es una absoluta falta de respeto y de cariño.

Y para culminar, lo que más me fastidia personalmente, es que por culpa de estas mujeres anticuadas que siguen utilizando las artimañas prehistóricas de nuestras antepasadas las trogloditas, pagamos justas por pecadoras. Y los hombres acaban desconfiando y huyendo hasta de las más honestas y de las que ni siquiera prestamos atención al reloj biológico, si es que tal cosa existe.

Sorteo de un libro de Sexmentiras, contra los mitos sexuales

Querid@s mí@s, hoy voy a hacer un concurso:

Si le dais al me gusta en la página de Facebook de Manual de la Mujer Actual y compartís con vuestros amigos este link invitándoles a apuntarse también, sortearé un libro entre todas las incorporaciones.

Se trata de Sexmentiras, el último libro que publiqué con el sexólogo Alfonso Antona en ed. Aguilar, sobre los mitos sexuales que nos impiden disfrutar de nuestra sexualidad libremente.

No tengo más interés que vuestros testimonios, porque sin ellos, va a ser difícil escribir ese Manual de Instrucciones de la mujer que todos los hombres llevan siglos reclamando y las mujeres necesitamos cada vez más para entendernos a nosotras mismas después de tantísimos cambios.

Me gustaría que sintierais este Manual como algo propio que podemos construir entre todos por el bien de la especie y de la comprensión entre géneros.

Apostando por la comprensión entre hombres y mujeres

Hoy estoy muy contenta porque, primero, personalmente he comprobado que todo el proceso de reencontrarme como mujer no ha sido en vano sino que he interiorizado los cambios y soy capaz de ponerlos en práctica antes de caer en las mismas piedras que me hacían darme la hostia en el pasado.

Y, segundo, estoy feliz porque gracias a la entrevista de Espacio en Blanco, he recibido varias opiniones de hombres que me refuerzan en la teoría que estoy exponiendo aquí y y me dan ánimos para seguir investigando a fin de escribir este Manual de la Mujer Actual.

Creo que es necesario que las mujeres sepáis que ellos quieren entendernos. Están deseando comprender nuestros cambios para poder establecer relaciones sanas con nosotras. Estoy convencida de que no hay motivos para que tantos hombres y mujeres nos sintamos solos.

A mí me parece imprescindible ser feliz sola antes de porder ser feliz con alguien, pero una vez has conseguido serlo, cuando ya ambos estamos preparados para compartir con alguien, estaría bien que no fuera taaaan complicado mantener una relación partiendo de una base sana por ambas partes.

Y para hacer más fácil esa comunicación entre géneros os invito a colaborar a todas y todos con este espacio común. Gracias!

No todo van a ser preguntas, ¿verdad?

Lo cierto es que este blog, y el libro que voy a escribir (a partir de la investigación que estoy realizando y gracias a vuestros comentarios) no se me habría ocurrido si no fuera por mi propia experiencia personal.

Porque antes de escribir un manual sobre lo que nossucede a las mujeres como mínimo necesitaba entenderme a mí misma. No soy capaz de hacer como muchos psicólogos y terapeutas que se atreven a analizar y, supuestamente, ayudar a otros cuando ellos mismos están para el manicomio.

Antes de sentir la necesidad de escribir este libro, pasé muchos años más perdida y confundida que una canica en un baile. No tenía ni idea de lo que estaba pasando con mi vida, de por qué era incapaz de mantener una relación mínimamente sana y cuerda. Andaba por ahí dando palos de ciego y más de uno cayó por el camino, aparte de las hostias que me di yo contra muros más altos que el mío (que ya es decir).

Asumir las propias responsabilidades (y taras)

Como no puedo estar eternamente echando balones fuera, autoconvenciéndome de que siempre son los demás los culpables de que las relaciones no funcionen, llegados a cierto punto de frustración tuve que considerar que quizás era yo la que estaba provocando que, durante años, sólo me atrajeran y se sintieran atraídos por mí hombres con un síndrome de Peter Pan únicamente comparable al mío. Tuve que reconocer que era una Campanilla de Manual, y que si seguía así, mis relaciones sentimentales seguirían siendo imposibles más allá de un rollo divertido.

Un rollo (o uno tras otro) divertido está muy bien mientras te hace sentir feliz, pero cuando te empieza a causar vacío y sientes que necesitas dar y recibir más, indudablemente hay que plantearse cambios.

Ahora bien, ¿qué cambios, si no sabes ni qué es lo que estás haciendo mal ni por qué? Pues toca analizar. Auto-psico-analizarme. De los 28 a los 33 me he pasado horas muertas analizándome. Hasta el último resquicio de mi mente y de mi corazón. Hasta el aburrimiento. Hasta la extenuación. Hasta el dolor. Porque reconocer que te has perdido a ti misma duele.

Pero el dolor no dura eternamente.

Cuando te aclaras y entiendes los motivos por los que te comportas de determinada manera en las relaciones, te sientes bastante aliviada y puedes plantearte qué quieres y cómo puedes conseguirlo.

Ahí comienzan los cambios internos. Los que nadie entiende ni tú misma sabes bien cómo llevar a cabo. Desde que cumplí los 34 me he sentido una mujer en prácticas. Sí, como una niña comenzando a andar. No tenía ni la menor orientación de cómo comportarme con los hombres, prefería tenerlos como amigos y aprender de su forma de ser hombres que exponerme a hacer el ridículo más espantoso y meter la gamba.

Con los meses, me he ido resituando y, para no andarme con complicaciones, he acabado volviendo a mi adolescencia. A mi esencia de mujer. A la naturalidad, la espontaneidad, la frescura esa en la que te gustaba alguien, te dejabas llevar y permitías que todo fluyera sin malos rollos ni mataduras de cabeza.

No quiero decir que ésta sea la panacea global, simplemente ha sido mi fórmula personal, como puede haber billones. Pero al menos sí que ha cambiado el tipo de hombres que atraigo y que me atraen, (bueno, de vez en cuando recaigo, jaja), y las relaciones que mantengo con ellos y ellos conmigo. Pero eso os lo contaré otro día.

Y tú, ¿cómo lo llevas? (No puedo evitar preguntar, es deformación profesional).

Bienvenidas todas a vuestro nuevo salón

Si ya has leído Mi teoría sobre el efecto péndulo femenino y esa columnita de la derecha en la que te has sentido identificada y/o curiosa, ahora ya sólo necesito darte la bienvenida a tu propio espacio.

Quiero que este sea como el salón de tu casa cuando te reúnes con tus amigas a conversar, a sincerarte sobre tus preocupaciones y tus deseos.

Ese sofá en el que te sientas a escuchar opiniones y consejos de aquellas que ven tu situación desde fuera,  de las que ya han vivido experiencias parecidas, o de las que siempre hacen el análisis acertado.

Estamos en una etapa de incertidumbre y de transición, y entre que la pasas y no, surgen muchas dudas y muchas angustias, los sentimientos a veces arrasan con todo tu optimismo y buena voluntad, los cambios se hacen duros porque ni siquiera sabes cuáles son necesarios para ser más feliz contigo misma y con los hombres en tus relaciones…

No ves el final del túnel porque vas tropezándote cada dos por tres y necesitas ir pendiente del camino, pero el final está ahí, a la vuelta de la esquina. Sólo necesitas charlar mucho contigo misma, pero sin autoengañarte, e ir analizando todo aquello que no te funciona, que te hace daño.

Esto no es un blog de autoayuda pero nosotras sabemos que dialogando, leyendo y reflexionando sobre nuestros asuntos, aprendemos cómo seguir adelante triunfantes. Ese es el poder de la comunicación femenina, por eso hablamos por los codos, porque así nos conocemos por dentro, y conocemos mejor a la gente con la que nos relacionamos.

Vamos a aprovechar eso para resolver esta crisis que no es económica, sino del modelo que hemos improvisado imitando a otros, y que ya no nos sirve porque nos hace perder o renunciar a toda la femineidad y nos impide disfrutar de la gran maravilla de ser mujer… y de dejar que los hombres actúen como hombres.

A partir de ahora, habrá interesantes tertulias en tu salón tan a menudo como tú quieras, prepárate un vino y déjame que sea tu nueva amiga.